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Adiós 2020

Este año llevó a casi 9 decenas de millones de personas más a la pobreza en el mundo.



Según el Banco Mundial, Asia Meridional y Africa Sub-Sahariana son las zonas más afectadas; personas informales, trabajadores de la construcción, y de la manufactura, todas detenidas por un deterioro acelerado de la economía, en la segunda peor depresión desde la Segunda Guerra Mundial.

Ni la crisis de 1991, ni la de 2009, con sus caídas del crecimiento a solo 2% global, o -2% respectivamente, se comparan con el -4% esperado para fines de este mes en el mundo.

Los países y sus ciudadanos, ya antes del COVI19 estaban sobre-endeudados, con lo cual se suman tres problemas que afectan el panorama 2021: pobreza, lentitud y desfinanciamiento.

La deuda de los países más pobres hacia China es notoria: Pakistán, Angola, Kenia, Ethiopía, Myanmar, Lagos, o Zambia, son los nombres de los países más pobres que más deben al mayor acreedor: China.

Las suspensiones de deuda han venido más bien del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, pero la deuda bilateral entre países es un tema que se está abordando, mientras los países preparan y ejecutan programas de alivio a la pobreza, a la vez que los hogares se ven impedidos de solventar sus problemas nacionales con migración hacia zonas ricas.

Las remesas no han podido jugar un rol clave en el financiamiento de las economías de los países menos desarrollados, al caer durante este año a nivel mundial la cantidad de migrantes por primera vez en las estadísticas año por año, esperándose un nivel de caída de 14% para fines del año. En América Latina, se espera que las remesas se mantengan en el orden de los 80 mil millones de dólares anuales, medidas en Diciembre de 2020 y esperadas para Diciembre de 2021, el nivel en el que estuvieron en 2017.

Esto es particularmente grave en un escenario en el que se espera que los niveles de pobreza hayan retrocedido a los que el mundo tenía en 2016, perdiéndose un lustro de avances en cosa de un año.

En lo empresarial, a nivel global, se observa que en encuestas de pulso empresarial mundiales, las grandes empresas transnacionales han tratado de mantener el personal para retenerlo hasta que pase la pandemia, aumentando el uso de tecnología para ganar productividad, y ajustando a la baja los salarios, conforme se reducían también las ventas a la mitad de un año para el otro. La flexibilidad laboral no ha pasado por despidos, sino por ajustes salariales y reducción del número de horas solicitadas por día en el mundo.

En el caso de las micro-empresas, las encuestas de pulso muestran que se busca acceder a apoyos productivos del estado, con lo cual la carga fiscal aumenta, al no solo tener que llevar una agenda social, sino económica, desde lo político.

Desde las familias, el ajuste natural tras la pérdida de ingresos ha sido el del capital humano, sufriendo pérdidas de días de educación y poniendo en riesgo la salud, al caer las medidas preventivas y aumentar los riesgos asumidos.

900 millones de personas en el mundo reportan dificultades financieras debido a gastos de salud incrementados hasta medio billón de dólares globales. 1 de cada 10 personas que se complica en su capital humano en salud cae en pobreza extrema principalmente en Asia, África y América Latina.

En la educación, antes de la pandemia, 53% de los niños de países bajos y medianos no podían leer un texto básico al finalizar la escuela primaria, lo que se suma al dato de que 1500 millones de estudiantes no fueron a clases durante el máximo rigor de la pandemia y su primera ola, a mediados de este 2020.

Los efectos de pérdida de capital humano en educación por el COVID19 podrían durar décadas. Se estima que se podrían perder 10 billones como costo hundido por la crisis, lo cual representa, en valor presente, 10% del PIB de este 2020.

El Internet no ha sido una solución para los más pobres en lo educativo: los países clientes de ayuda financiera internacional tienen 20,4% de penetración de Internet, mientras otros países tienen 62,5%.

Se esperaría que se abran oportunidades para proyectos privados en cobertura digital, educación, salud, y otras formas de inversión que cubran las espaldas de la sociedad, el estado y las familias, desde las empresas privadas, mientras ellas luchan, en este 2021, por cubrir los gastos de alimentación, de salud misma, de educación en la medida de lo posible, y de logística para generar mayor celeridad en los negocios y el comercio local, nacioanl, regional y global.

Sin abrir puertas a la inversión privada global en los países, es posible que se acentúen los episodios de violencia y fragilidad en la seguridad ciudadana. 1 de cada 5 personas extremadamente pobres del mundo viven este 2020 en zonas que atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad, fragilidad y conflicto.

Hoy en día, la mitad de los pobres del mundo atraviesan alguna forma de vulnerabilidad, fragilidad y conflicto. La inseguridad alimentaria es el mayor motor de esta situación, pero se le suman las vulnerabilidades causadas por la crisis climática, y en particular la desertificación y los conflictos por el agua y el acceso a recursos naturales cada vez más escasos, incluyendo la energía, la calidad del aire y el acceso a playas, bosques, parques y zonas útiles para fines de manejo del stress, en comparación de zonas tomadas por carteles de distribución de narcóticos, y otras formas de abuso de la voluntad libre de las personas: prostitución, trata de personas, crimen organizado, delincuencia y grupos ajenos a la ley y el orden.

El verdadero impacto de este 2020 solo se conocerá hasta el 2025, cuando se haya podido evaluar técnicamente los diferentes aspectos no solo económicos, ambientales, sociales e incluso culturales y políticos que el año deja como herencia junto a la pandemia.


 

Para mayor referencia sobre este resumen, mirar el artículo de base: Banco Mundial (2020): https://blogs.worldbank.org/es/voices/resumen-anual-2020-el-impacto-de-la-covid-19-coronavirus-en-12-graficos

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