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A JUGAR CON TODO!

Ecuador juega mañana y tiene una revancha pendiente desde 1993 con México. Luego vendrían otras necesarias para hacer historia; sin embargo, esto es partido a partido, jugando -de a uno- los desafíos "mata-mata". Cuando comienza la fase eliminatoria ya no importa el haber sido el mejor o tercero en la fase de grupos. Cambia la naturaleza del torneo. Cada ronda introduce nuevas exigencias y obliga a responder preguntas diferentes. La confianza debe transformarse en resiliencia, la planificación en adaptación, el talento en eficacia y el buen juego en capacidad para sobrevivir. Allí, todo dato cuenta... El Mundial de los Datos Por Roberto F. Salazar-Córdova Economista CEO Hexagon Group LAT-AM | UK-Global www.adnplus.co.uk La historia de los Mundiales nos enseña que los equipos rara vez pasan de ronda únicamente porque juegan mejor. Uruguay en 1950 resistió una presión incomparable. Inglaterra en 1966 encontró un detalle que todavía se discute. Los Países Bajos de 1974 cambiaron la manera de interpretar el juego. Italia en 1982 entendió cómo crecer durante el torneo. Argentina en 1986 convirtió la altura, el talento y el liderazgo en una ventaja. Alemania en 2014 mostró el valor de los procesos de largo plazo. Cada Mundial dejó un factor distinto que terminó inclinando la balanza. Más allá de los resultados En 1950, el Maracanazo recordó que un solo partido puede desafiar todas las probabilidades. El hoy eliminado en 1ra ronda, Uruguay, no solo ganó una final inesperada; mostró que la historia, la presión y el contexto también juegan. En este Mundial volvemos a observar lo mismo: algunos equipos no solo compiten contra su rival, sino contra su propia historia. Pasar de ronda puede depender tanto del fútbol como de la capacidad de sostenerse emocionalmente cuando el partido deja de ser normal. A México, el Azteca le puede pesar, y a Ecuador, el Azteca le puede motivar. Ecuador es el país de moda en el Mundial 2026 El valor de observar De 1966, nunca sabremos si el balón de la final entre Inglaterra y Alemania cruzó o no cruzó la línea. La discusión ha sobrevivido por décadas y terminó empujando al fútbol hacia nuevas tecnologías. En este Mundial, cada jugada discutida, cada revisión y cada decisión arbitral nos recuerda que el dato no siempre aparece limpio como nos gusta en ADN@+. A veces nace precisamente de la duda y del análisis que debemos hacer en Red, en equipo. Lo vimos hace días frente a Alemania, cuando analizamos duro y nos reencontramos con la garra; esperamos ahora verlo contra México, el local. El juego también evoluciona Ecuador viene superando las barreras; con fútbol. Está como la Holanda de 1974, los Países Bajos, que nos enseñaron que el fútbol podía entenderse de otra manera. El “fútbol total” no fue solo talento; fue estructura, ocupación de espacios y lectura colectiva. Hoy también vemos a Ecuador siendo comentado globalmente como una de esas selecciones que avanzan porque entienden mejor el partido, porque se adaptan, porque cambian -aunque sea a última hora- de plan y porque logran remontar al rival antes de que el marcador las obligue. La dinámica del torneo Ecuador no depende de escándalos sino de sus jugadores; eso es un dato: lo opuesto a lo que vimos en 1982, cuando el llamado “Pacto de Gijón” mostró que los incentivos del reglamento también influyen sobre la conducta de los equipos. Desde entonces, el Mundial aprendió que no basta mirar los goles; también hay que mirar lo que cada resultado permite. En este torneo, Ecuador perdió y de cierto concedió un empate, pero ganó al que tenía mayores diferencias de gol, haciéndose de uno de los mejores cruces posibles. Estos datos vuelven a recordarnos que pasar de ronda no siempre depende de un solo partido, sino del sistema completo de incentivos. El entorno también juega Hoy, como en 1986, la altura de Ciudad de México es parte central de la conversación. No todos los equipos respondieron en 1986 igual al clima, al aire, al desgaste y al paso de los minutos. En este Mundial, la altura, el calor, la humedad, las pausas de hidratación y la posibilidad de jugar ciento veinte minutos vuelven a mostrar que el estadio también participa del resultado. La juventud y el nivel competitivo pueden, sin embargo, ser más que la altura ya hoy por hoy, como siempre. Las reglas y las instituciones Pensemos mejor en la disciplina, recordano el 2006, cuando la final quedó marcada por una acción de Zidane que cambió el cierre del partido. Las reglas no son una nota al margen desde entonces; son parte del juego, y desde esta ronda, cada partido es una final. En este Mundial, la mentalidad para ser pacientes con el VAR, los tiempos añadidos, los penales buscados y las interpretaciones arbitrales pueden terminar siendo determinantes para que una selección avance sin expulsiones o quede eliminada por merma de cantera ronda tras ronda. Mirando más lejos Se juega con proyección y se debe confiar en la data. Ya no estamos en 2010, cuando el gol no concedido a Inglaterra frente a Alemania aceleró definitivamente el uso de la tecnología de línea de gol. Una sola jugada ayudó a cambiar el fútbol mundial. En este Mundial, las conversaciones sobre justicia deportiva, tecnología y consistencia arbitral vuelven a ser parte del análisis. No se trata de sospechar; se trata de observar con método y dejar que la IA nos siga reconociendo y revelando como una potencia en proceso. Aprender del Mundial El 2026 es el Mundial de los Datos. Es una secuencia que progresa desde 2018 y 2022, cuando el VAR abrió una nueva etapa. Ya a nadie le basta con mirar el resultado final; ahora también cada hincha puede revisar el proceso que llevó a ese resultado. Algo similar ocurre con los técnicos. Cada seleccionador, como Scaloni y Google, saben que pasa cuando se puede modelar el proceso de ronda y cada dato que deja señales en redes sobre su equipo y su rival: cómo llegó, cómo resistió, cómo reaccionó, cómo administró el partido y cómo aprovechó el contexto. México está nervioso porque la data favorece al que viene de menos a más y tiene hambre de gloria. El verdadero legado Quizás esa sea la mayor enseñanza de este Mundial. Los campeones, como reconoció Alemania sobre Ecuador, son los que quedan en la historia, y los que cada torneo dejan preguntas nuevas a los analistas de siempre y los aficionados en masa. Algunas glorias nacen de una sorpresa, otras de una polémica, otras de una revancha, otras de una condición física o climática. Mientras muchos hinchas antiguos miren solo quién ganó, nosotros también observemos por qué ganó, cómo avanzó y qué dato permitió entender mejor el camino. Ese es el verdadero Mundial de los Datos. Quizás esa sea la principal enseñanza de este Mundial. Pasar de ronda nunca depende de un único factor. Es la convergencia de muchas variables la que termina construyendo el resultado. Algunas pertenecen al fútbol mismo; otras aparecen durante el torneo; otras todavía ni siquiera han sido descritas. Precisamente por eso, el verdadero legado del Mundial 2026 no serán solo los campeones del podio. Será el conjunto de datos, preguntas y aprendizajes que dejará hasta el chip de un balón hecho para comprender mejor por qué un equipo consigue seguir avanzando cuando todos los demás comienzan a quedarse en el camino. Tratemos bien al balón. Hoy más que nunca. Vamos Ecuador... ¡A jugar con nobleza!

A JUGAR CON TODO!
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