PAZ REAL
Hacer las Paces: la familia como primera institución generadora de capital social. Una aproximación desde el Modelo General de Políticas ADN@+ Roberto F. Salazar-Córdova Economista. Senior Researcher, CSPINC.TECH. CEO, Hexagon Group LATAM–UK–Global. Presidente, Red Santa Cruz (Chile). Resumen La paz suele analizarse como un objetivo político alcanzable mediante acuerdos, instituciones o mecanismos de resolución de conflictos. Sin embargo, la evidencia acumulada por la economía institucional, la teoría del capital social y la economía del desarrollo permite proponer una perspectiva distinta: la paz constituye un activo económico cuya producción comienza mucho antes de la acción del Estado. Su origen se encuentra en la familia, primera institución donde las personas aprenden confianza, cooperación, reciprocidad, respeto y cumplimiento de acuerdos. Estas capacidades conforman el capital social sobre el cual posteriormente se desarrollan el capital humano, la innovación, la productividad y el crecimiento económico. Este artículo revisa la evidencia internacional disponible e interpreta sus resultados desde el Modelo General de Políticas ADN@+, proponiendo que hacer las paces representa el primer proceso económico de toda sociedad y una de las inversiones públicas y privadas con mayor retorno social. Palabras clave: paz, capital social, familia, desarrollo económico, confianza, ADN@+, instituciones. Introducción En prácticamente todas las culturas existe una expresión semejante: "Lo que no viene de la casa difícilmente puede enseñarse después." Durante siglos fue considerada únicamente una observación de sentido común. Hoy, la investigación científica muestra que esa afirmación contiene una intuición consistente con la evidencia empírica. Las personas continúan aprendiendo durante toda su vida, pero la calidad de las primeras relaciones familiares influye de manera decisiva sobre el desarrollo posterior de capacidades como la confianza, la cooperación, la empatía, la autorregulación y la responsabilidad (Heckman, 2006). Desde esta perspectiva, hacer las paces deja de significar únicamente la terminación de un conflicto y pasa a entenderse como el proceso permanente de formación de personas capaces de convivir, cooperar y construir instituciones sostenibles. El Modelo General de Políticas ADN@+ propone comprender el desarrollo como una secuencia acumulativa de instituciones. La familia genera capital social; la educación transforma ese capital en capital humano; las organizaciones convierten ambos activos en innovación y productividad; y el servicio devuelve ese valor a la sociedad en forma de desarrollo sostenible. La paz, por tanto, no aparece al final del proceso. Constituye su punto de partida. La familia como primera institución económica Douglass North (1990) definió las instituciones como las reglas formales e informales que estructuran las interacciones humanas. Mucho antes de ingresar al sistema educativo o al mercado laboral, toda persona ya participa de una institución: la familia. Es allí donde se aprenden las primeras formas de cooperación, cumplimiento de compromisos, resolución de diferencias, solidaridad y confianza. Estos aprendizajes poseen un valor económico porque reducen incertidumbre y disminuyen los costos de coordinación entre individuos. James Coleman (1988) denominó capital social al conjunto de relaciones de confianza que facilitan la acción colectiva. Posteriormente, Robert Putnam (1993; 2000) mostró que las sociedades con mayores niveles de confianza presentan instituciones más eficaces, menor corrupción, mayor participación ciudadana y mejores resultados económicos. Desde esta perspectiva, la familia no constituye únicamente un espacio afectivo; representa la primera organización productora de un activo económico intangible cuya rentabilidad se manifiesta durante todo el ciclo de vida. Evidencia empírica La evidencia internacional respalda esta interpretación. El estudio International Early Learning and Child Well-being Study (IELS) de la OCDE muestra que solamente el 43 % de los niños de cinco años pertenece a hogares con alta participación de sus padres en actividades educativas. Estos niños obtienen diferencias de entre 22 y 52 puntos superiores en indicadores de comportamiento prosocial, confianza interpersonal, autorregulación y aprendizaje temprano respecto de aquellos con menor involucramiento familiar (OECD, 2026). Asimismo, apenas el 54 % de los padres lee regularmente a sus hijos, mientras aproximadamente el 76 % conversa con ellos sobre sus emociones, prácticas que muestran asociaciones estadísticamente significativas con el desarrollo socioemocional y cognitivo. La economía del desarrollo confirma igualmente la importancia de las primeras experiencias familiares. El seguimiento durante más de cinco décadas del Perry Preschool Project encontró que los programas integrales de desarrollo infantil generan una tasa anual de retorno del 13,7 %, explicada por mayores ingresos futuros, mejor salud, menor criminalidad y menor dependencia de programas sociales. En términos agregados, cada dólar invertido produjo aproximadamente 7,3 dólares de beneficios para la sociedad (García, Heckman, Leaf y Prados, 2016). Estos retornos superan ampliamente los obtenidos por numerosas inversiones tradicionales en infraestructura física. El Banco Mundial estima además que alrededor del 43 % de los niños menores de cinco años en países de ingresos bajos y medios se encuentra en riesgo de no desarrollar plenamente su potencial debido a deficiencias en nutrición, estimulación temprana y calidad del entorno familiar (World Bank, 2018). Dichas pérdidas no representan únicamente un problema social; constituyen una disminución del capital humano y del potencial productivo futuro de las economías. Hacer las Paces como política de desarrollo Desde el Modelo General de Políticas ADN@+, estos resultados permiten replantear el concepto de paz. Tradicionalmente, la paz se interpreta como un resultado político alcanzado mediante tratados, sistemas judiciales o mecanismos de resolución de conflictos. Sin desconocer la importancia de estas instituciones, la evidencia sugiere que la paz comienza mucho antes, en la capacidad cotidiana de las personas para cooperar, respetar acuerdos, resolver diferencias y construir confianza. Hacer las paces significa entonces producir capital social. Cada familia que enseña a cumplir la palabra, escuchar, dialogar y respetar al otro está reduciendo futuros costos de transacción, disminuyendo la probabilidad de conflicto y aumentando la productividad de las relaciones económicas. La paz deja de ser únicamente un principio ético para convertirse también en una estrategia de desarrollo. Desde esta perspectiva, la infraestructura más importante de una economía no siempre es visible. Las carreteras conectan territorios; las telecomunicaciones conectan información; pero la confianza conecta personas. Sin esa infraestructura relacional, incluso las mejores inversiones materiales producen rendimientos inferiores debido a mayores costos de supervisión, litigios, burocracia y descoordinación institucional. Discusión La afirmación popular según la cual "lo que no viene de la casa difícilmente puede enseñarse después" no debe interpretarse como un determinismo absoluto. La evidencia científica demuestra que las personas pueden modificar conductas durante toda su vida. Sin embargo, también demuestra que las habilidades socioemocionales desarrolladas durante la infancia incrementan la productividad de las inversiones educativas posteriores, fenómeno conocido como complementariedad dinámica (Cunha y Heckman, 2007). En consecuencia, fortalecer exclusivamente el sistema educativo sin fortalecer simultáneamente a las familias significa intervenir sobre etapas posteriores del proceso de formación del capital humano. El Modelo General de Políticas ADN@+ propone comprender estas instituciones como componentes complementarios de una misma arquitectura del desarrollo. La familia forma personas; la escuela organiza el aprendizaje; la universidad desarrolla competencias; las organizaciones convierten esas competencias en innovación; la economía transforma la innovación en productividad; y el servicio devuelve ese valor a la sociedad. Ninguna institución reemplaza completamente a la anterior; cada una amplifica el potencial generado por las precedentes. Conclusiones La evidencia revisada permite sostener que hacer las paces constituye una política de desarrollo económico. La paz no comienza con la firma de acuerdos políticos ni con la ausencia de violencia. Comienza cuando las primeras relaciones humanas enseñan confianza, cooperación, reciprocidad y responsabilidad. Esas capacidades constituyen el capital social sobre el cual posteriormente se construyen el capital humano, la innovación, la productividad y el crecimiento sostenible. Desde el Modelo General de Políticas ADN@+, fortalecer a las familias no representa únicamente una política social. Constituye una inversión económica de alta rentabilidad. Los estudios longitudinales muestran retornos anuales cercanos al 13,7 % para programas de desarrollo temprano (García et al., 2016), mientras la evidencia internacional confirma que una mayor participación familiar mejora significativamente los indicadores de confianza, autorregulación y aprendizaje (OECD, 2026). En consecuencia, hacer las paces significa invertir deliberadamente en la construcción del capital social desde la primera infancia. Solo sobre esa base es posible formar ciudadanos capaces de innovar, producir, cooperar y servir al bien común. La paz deja así de ser únicamente un ideal moral para convertirse en la infraestructura invisible del desarrollo sostenible. Referencias Becker, G. S. (1964). Human Capital: A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education. University of Chicago Press. Coleman, J. S. (1988). Social capital in the creation of human capital. American Journal of Sociology, 94(Supplement), S95–S120. Conti, G., & Heckman, J. J. 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