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BACHITA, MI MAGNIFICA Y HUMANISTA DENTISTA

hace 17 minutos
15 min de lectura

3 DE OCTUBRE: DÍA DEL ODONTÓLOGO Y DE BEATRIZ: MI MAGNIFICA HUMANITAS DE CARNE Y HUESO


El yugo, las alas y Santa Beatriz: desde una historia familiar hacia una humanidad que, de ida y vuelta, se hace magnífica cuando aprendemos a llevarnos unos a otros.



Por Roberto F. Salazar-Córdova


Hoy, 3 de octubre, es el Día de la Odontología Latinoamericana. Esto no tiene nada que ver con la Magnífica Humanitas, aparentemente, pero en la vida, dos cosas que parecían independientes, pueden terminar encontrándose para nosotros.


Hoy me pasó eso, y lo comento.


Este día salí a orar a la madrugada con amigos: me tocó meditar sobre unas de las palabras más tranquilizadores de Jesús que conocemos sus "followers" desde niños y que hoy adquirieron un significado especialmente personal:


“Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré. Lleven mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.


El dolor de muelas puede ser, para hombres y mujeres, por igual, el yugo peor que -alguien que lo sufriera- quisiera sacarse de encima. Quien -profesionalmente- lo trate y se lo quite será santificado; canonizado por el ex doliente. Gracias a una acción profesional, y en lo terreno, el que ha dejado atrás el dolor, de seguro agradecerá a la humanidad magnífica, que haya profesionales capaces de devolverle y devolvernos salud bucal y paz para hablar.


Sin embargo, los tiros de este artículo apuntan a una pregunta que es menos terrenal:

¿cómo puede ser ligera una carga que sigue siendo carga y que no se cura en el cuerpo sino en el alma?


Pensenos, ahí, desde nuestra mente, en la posibilidad de tener alas no corporales.


Quizá si esperamos a Dios, sin hacer nada nosotros, no siempre se nos llegue a quitar el yugo mental; así como si no vamos al dentista profesional, nunca se nos irá el dolor de muelas...


ACTUAR


Quizá muchas veces, hablar con alguien sea como una pastilla que nos ayude a llevar una pena mediante el compartir, pero no tendrá cura hasta que no vayamos donde el mejor de los mejores.


Para el común de los mortales, el ángel puede ser su madre, o su padre, o un esposo o una esposa. También pueden serlo los hijos, o un hermano, incluso un amigo; a veces un maestro. También puede ser una comunidad, y en caso de abandono, una institución.


Las madres son los ángeles-personas primeras que nos prestan sus alas cuando las nuestras están formándose y no bastan.


Hoy pensé especialmente, junto a mis hermanos de Ecuador y de Chile, en nuestra Madre; en nuestras madres.


Antes de que pudiéramos caminar, ella nos llevó. Antes incluso de que pudiéramos respirar, íbamos dentro del agua de la fuente del vientre de la única y una madre que se estaba transformando a sí misma a diario para ir formando nuestros cuerpos, miembros, cerebros, corazones, huesos y vida.


Mi primera ala fue mi madre, pensaba, de retorno de mi madrugada con amigos, tras cantar, rezar el rosario, meditar, luego desayunar, y claro, platicar sobre la vida en este amado Chile. Éramos 12.


Y entonces, durante este mismo Día del Odontólogo, una de mis 9 hermanas y el centro etáreo de nuestra familia ecuatoriana de 12 (padre, madre y 10 hijos) —también odontóloga, como mi madre— escribió en nuestro chat familiar:


“Hoy es el día de Santa Beatriz, la patrona de los odontólogos”.


Santa Beatriz era, en vida, nuestra madre.

Graciela Beatriz Córdova Toledo de Salazar Sión es hoy nuestra Santa Beatriz, acorde a nuestros cánones internos.


A ella va dedicada esta segunda meditación, en su día de profesión.


MI MADRE


Ella nació en Quito el 21 de julio de 1927.


Murió el 22 de junio de 2022, después de una vida que nosotros, sus hijos, y todos los que la conocieron, podemos definir primero como excepcional; yo no lo sabía de niño. Yo la amaba simplemente como se ama la vida de la mamá. Claro, con los años, mis hermanos y todos, hemos podido comprender por medio de la literatura que sobre ella se ha escrito, también en su dimensión histórica.


Mi madre fue una de las mujeres pioneras de la odontología ecuatoriana.


Cuando quiso entrar a la Universidad, lo hizo en un mundo construido prácticamente para hombres.


Su propia historia recuerda aquel examen de admisión en el que era la única mujer entre aproximadamente 600 hombres.


Hay que imaginar el dato antes de convertirlo en estadística.

Una mujer.

Seiscientos hombres.

Quito.

Primera mitad del siglo XX.

Y ella entrando.

No pidiendo que la dificultad desapareciera, sino demostrando que podía atravesarla.


Asumiendo el yugo excepcionalmente: una mujer compitiendo por un puesto en la facultad frente a 600 varones.


Su historia académica recoge no solo su éxito sino también episodios en los que obtuvo las mejores calificaciones y presidió luego la federación de estudiantes de la Juventud Estudiantil Católica, la JEC.


Había tiempo para estudiar, sacar las mejores notas, hacer familia, hijos y política. Todo esto dentro de una carrera que en ese entonces era Medicina.


Después de 3 años, ella tomaría la decisión que ella misma describió de manera sencilla:

“En cuarto año opté por la Odontología”.


La Odontología ecuatoriana todavía estaba vinculada institucionalmente a Medicina. Mi madre perteneció precisamente a aquella generación que llevaría su transformación hacia una Facultad propia.


Hoy es normal que haya, más que nada, odontólogas. Antes de ella hubo sí una odontóloga-médica; pero ella fue la primera odontóloga de su nueva facultad, que se abrió trocha a punta de mujeres que dieron ejemplo y crearon algo nuevo.


Mi madre fuebla primera mujer graduada en la Facultad de Odontología propiamente dicha.


Pero eso no es lo más importante. Lo clave es que su historia universitaria nunca estuvo separada de su historia como mujer y como madre.


9 DE JULIO DE 1951

Ella misma dejó registrada una fecha extraordinaria:

“Egresé de la Facultad de Odontología el 9 de julio de 1951”.

Ocho días después, el 17 de julio, nació su primer hijo.


Mi hermano mayor heredó su capacidad de lucha y la de mi padre. Lastimosamente, a los 20 años falleció en un accidente de tránsito. Yo tenía 3 años. Viví el golpe que, tras dos décadas de su victoria profesional, le planteaba la vida: perder a su primogénito.


Quizá por eso somos, todos, en casa, tan devotos de la Mater Dolorosa de mi Colegio; 7 varones nos graduamos en secundaria con jesuitas; 3 mujeres no solo terminaron el colegio, sino que como todos, hicieron sus carreras propias y ejercieron sus profesiones antes de hoy ya jubilar.


Pero volvamos a la manera de leer el dato académico: Mi madre no estaba solamente terminando una carrera. Estaba terminando una carrera mientras llevaba un hijo que luefo de 20 años la llevaría a una ruta renovada de Santidad por el ejemplo.


Sus milagros fueron de otro tipo; no canónicos, sino familiares. Ella no abrazó la vida religiosa. Abrazó a su familia con su religión, de modo que todos pudiésemos, como ella, vivir el texto del Evangelio que nos tocó meditar hoy.


Ella nos enseñó con el ejemplo. Para nosotros no existe un yugo que nos pese.


Y ésa sería, literalmente, una constante de su vida, reconocisa en la literatura escrita sobre ella, que todos susbhijos llevamos marcada en el alma.


No nos doblegamos.


1953


Dos años después de egresar, ella estaba nuevamente embarazada. Esta vez de mi segundo hermano.


Ella había egresado, pero por la pausa de maternidad, debía dar su grado e incorporarse nonsolo como egresada, sino como graduada, en capacidad de ejercer como Cirujana y Dentista.


Mientras mi hermano segundo mayor crecía dentro de ella, para nacer en Junio de 1953, curiosamente en el mismo día que ella falleció, pasados sus 90 años, también estaba naciendo institucionalmente una nueva etapa para su profesión. El 17 de abril de 1953 se constituyó formalmente la Facultad de Odontología de la Universidad Central del Ecuador.


Ella fue, a partir de la estructura odontológica que anteriormente había estado vinculada a Medicina, la primera mujer graduada por la flamante Facultad.


Mi madre llegó a su graduación profesional durante aquel período fundacional.


Y mi hermano llegó también. El siempre dice que fue el primer niño graduado, claro, dentro de ella.


Mi hermano mayor nació pocos días después de que ella egresó en 1951. Mi segundo hermano nació pocas semanas después de que ella se graduó, en 1953. Ella ejerció su profesión hasta antes de la pandemia.


Hace pocas horas, mientras reconstruía cuidadosamente las fechas, lo llamé a mi hermano. Me volvió a repetir con cariño esa frase que nuestra familia conserva desde hace más de setenta años:

“Yo fui el primer graduado de la Facultad porque estaba en el vientre de mi mami”.

La frase siempre nos hizo sonreír.


Ahora comprendo que también contiene una definición perfecta de maternidad:

él llegó porque ella lo llevó.


Ni El, ni ninguno de nosotros fuenyugo para que ella pudiera desolegar como mujer su magnífica humanidad. Fue y siempre será ejemplar, 3, 4 y más generaciones por delante de la suya propia, la Generación Grandiosa.


MIS HERMANAS


Hoy, su ejemplo, sigue vivo a través de mi tercer hermano, las dos hermanas mayores, los dos posteriores, la menor de las mujeres, y mi hermano inmediato mayor, médico.


Las tres mujeres egresaron y se graduaron, ejeecieron y hoy nos cuidan aún a los menores: ellas y sus redes enormes de amigos delnalma, que vienen de 4 generaciones atrás y vivem con nosotros en santa amistad.


Me voy a enfocar en mis dos hermanas mayores.


Y eso importa en esta historia.


En su momento debí soportar el yugo de la política sobre mi profesión. Lo pasamos juntos con ellas; no con apoyo moral, sino con apoyo real. Ganamos juicios y causas, avanzamos y seguimos sirviendo al prójimo con amor.


Es el ejemplo de nuestros padres, pero especialmente de nuestra "domadora de prejuicios": cuando hoy hablamos de una mujer pionera podemos caer fácilmente en la tentación de convertirla en una figura individual, casi aislada, que luchó contra el mundo y cuya historia terminó con ella.


No ocurrió así.


Mi madre abrió una ruta que continuó dentro de su propia familia.


Mis dos hermanas mayores crecieron viendo a una mujer profesional, madre y líder dentro de su propia casa y su comunidad. Tomando la opción preferencial por el impacto.


Para ellas, la posibilidad de una mujer formada, independiente intelectualmente, profesionalmente competente y al mismo tiempo profundamente comprometida con su familia no era una teoría sobre igualdad.


Era mamá.


Una de ellas siguió incluso la misma profesión.

Se hizo odontóloga.


Por eso fue precisamente una hija odontóloga quien, décadas después, este 3 de octubre volvió a unir profesión y familia mediante dos palabras:


Santa Beatriz.


¡WOW!


Así funcionan los cánones.

No obligan a asumir una idea de vida.

Hacen visible una posibilidad.


DIEZ HIJOS


Ninguno podría seguir llegando sin los demás.

Fuimos diez hijos.

Yo nací en 1968, el año de la primavera de París. Fui adolescente en los 80s, cuando los 60s ya sonaban a viejos para todos mis amigos. Pero para mí, losn50s, 60s, 70s y 80s, eran algo propio.


Cuando llegué, mi madre llevaba ya casi dos décadas combinando maternidad, profesión, matrimonio, trabajo y fe. Nunca la ví inactiva. Eso me hizo lo que sigo siendo.


Por eso mi memoria de ella no comienza con una pionera de la odontología ecuatoriana.

Comienza con mi madre y sigue vivo en mí con ella como un ángel de luz que alibiana mis yugos, por ser el único de mis hermanos bajo 60 años.


Ésa es una diferencia fundamental.


Los documentos nos permiten hoy conocer a la mujer histórica.

Pero yo conocí primero a la persona.

La que estaba.

La que rezaba.

La que trabajaba.

La que cuidaba.

La que corregía.

La que tenía carácter.

La que servía.

La que adoraba.

La que nunca vio yugos sino ángeles.


EL YUGO DE ELLA


Ella conoció el dolor.

En 1971 murió su primer hijo.

Tenía apenas veinte años.

Yo tenía alrededor de tres.

Por eso una parte de aquella tragedia pertenece a una memoria familiar que recibí también a través de los demás.

Pero para mi madre aquello no fue memoria.

Fue presente.

El hijo que había llevado dentro de sí mientras terminaba sus estudios murió antes que ella.

Hay cargas para las cuales cualquier explicación resulta insuficiente.


Y allí regreso al Evangelio:

“Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré”.

¿Cómo llevó mi madre ese yugo?

Para entenderla hay que decir algo esencial.


EL SANTÍSIMO


Mi madre adoraba al Santísimo.

No fue un detalle lateral de su biografía.

Fue parte de su manera de vivir.

Llevaba allí sus alegrías y sus cargas.


Con su estar de rodillas frente a la máxima Santidad ingresó a Medicina. Fue la más destacada. Logró graduarse siendo ya madre de uno nacidl y un segundo por nacer. Hizo política mientras hacía más hijos. Nos salvó cuando uno se fue. Fue esposa, madre, profesional y líder, amiga y profesora, colega y voluntaria, pasadors contumaz de cafés a las 5pm en nuestra mesa para 12 siempre llena.


Rezaba.

Adoraba.

Confiaba.

Y continuaba.


Por eso ahora comprendo de otra manera aquello de que el yugo puede hacerse ligero.

Quizá los cafés siempre llenos son como los Diálogos Hexagonales que seguimos haciendo en su mesa llena. Sirviendo café pars pensar juntos y llevar unidos el yugo como en la Santa Cruz. En Red.


No ha muerto su espíritu. Vive necesariamente en el Cielo, donde está Dios y en la tierra, en el Santísimo, donde está Dios, ybdinde está ella, con El y con toda nuestra red milenaria porque así hace Dios que la carga de todos desaparezca.


Mi madre nos demostró exactamente lo que es el Evangelio y cómo lo amamos, porque:

Hubo dificultades.

Hubo sacrificios.

Hubo diez hijos.

Hubo profesión.

Hubo trabajo.

Hubo pérdidas.

Hubo muerte.

Pero ella había aprendido dónde llevar todo aquello. En el alma.


TODAVÍA NOS HACE REZAR


Y aquí aparece para mí la prueba más poderosa de su trascendencia.

Mi madre todavía nos hace rezar.

Murió en 2022.

Pero su oración no murió con ella.

La vimos rezar.

La vimos adorar.

Aprendimos que frente a determinadas cargas uno podía ponerse delante de Dios.

Y muchos años después seguimos haciéndolo.


Eso significa que una oración puede sobrevivir a quien la pronunció.


Una práctica espiritual puede convertirse en cultura familiar. La fe de una madre puede reaparecer en sus hijos. Y después en los hijos de sus hijos. Ya lo vemos en mis decenas de sobrinos. Somos un clan.


Ahí he podido a entender por qué mi hermana, tan brillante siempre, escribió:


Santa Beatriz.


SANTA BEATRIZ


No era por humor, ni una frase cualquiera.

Tampoco pretende sustituir los procesos de canonización de la Iglesia.

Es nuestro canon familiar.


Es su manera de reconocer que hubo una mujer cuya vida estuvo marcada por sacrificio, oración, profesión, maternidad, liderazgo y servicio, y cuyo ejemplo sigue teniendo efectos sobre quienes vinimos después.

La santidad que reconocemos familiarmente en ella está precisamente allí.

En haber llevado cargas.

En haber servido en medio de ellas.

En haber sufrido, no por ellas.

En haber rezado para sonreír con fuerza.

En haber continuado todos felices.

Y, especialmente, en habernos enseñado mediante su vida dónde llevar nuestros propios yugos, en paz y sin temores.


MAGNIFICA HUMANITAS MADRE


Allí encuentro también el significado más elemental de aquello que hemos analizado estos días en comunidades varias en Chile: Magnifica Humanitas.


Podemos hablar de humanidad en una escala de miles de millones de personas. Más allá de la IA.


Ojo: la humanidad comienza mucho antes.


Comienza en una persona llevando a otra.

Comienza en una madre.

En un vientre.

En una familia.

En una mesa.

En una oración.

En alguien que nos alimenta antes de que podamos alimentarnos.

En alguien que nos educa antes de que podamos decidir qué aprender.

En alguien que nos presta sus valores antes de que nosotros podamos construir los nuestros.

Eso es Magnifica Humanitas madre.


La IA no puede parir.


La primera humanidad que conocemos sí.


DE LA FAMILIA A LA COMUNIDAD


Sin IA el círculo se amplía mejor.

Aparecen maestros de calidad.

Amigos de fondo.

Comunidades verdaderas.

Profesiones que sirven.

Universidades que enseñan.

Iglesias llenas.

Instituciones reales.

Leyes valiosas.


Las sociedades no anónimas nacen con ersonas que no pertenecen a nuestra familia y que, sin embargo, terminan ayudándonos también a cargar los yugos sin dinero de por medio.


Esta madrugada en mi comunidad cercana meditábamos frsternamente y precisamente sobre eso: el yugo, la carga y la experiencia de saber que nunca estamos solos.


La reflexión que compartí fue hacia los ángeles, hacia esas alas que quizá Dios nos presta mediante otras personas y que nos llevan incluso cuando nosotros sentimos que ya no podemos llevar solos.


Y mientras aquello ocurría cerca, una hermana que estaba lejos activaba desde la familia el otro extremo de la misma reflexión:


Santa Beatriz.

Familia lejana.

Comunidad cercana.

Una misma mañana.

Una misma pregunta.

¿Quién nos lleva?

¿A quién llevamos?

¿Cómo hecemos?


LOS CÁNONES


Unidos comenzaremos a orar e investigar.

Y comprenderemos el valor de servir.

Las familias nos unimos por cánones en forma de fotografías, frases, profesiones, anécdotas, cartas, fechas y recuerdos.

Pero investigar juntos permite algo adicional.

La memoria encuentra documentos.

Las fechas comienzan a conversar entre sí.

Una frase dicha durante setenta años encuentra su contexto histórico.

La historia familiar encuentra su universalidad.

La Universidad encuentra sus Facultades

La profesión de una madre reaparece en una hija.

La oración de una generación reaparece en la siguiente.

Y aquello que parecía solamente privado comienza a mostrar dimensiones universales.


Investigar en comunidad nuestros cánones logra producir pertenencia y COHESIÓN SOCIAL. Con ello, pertenecer es la base para producir responsabilidad.


DE LA PERTENENCIA AL SERVICIO


Hoy concluíamos que nos une a todos los humanos el haber tenido una madre extraordinaria para cada hijo; y que eso no constituye un mérito de los hijos.


Eso sí, implica una responsabilidad.


Si alguien mayor abrió una puerta, ¿qué puerta abrimos nosotros para los menores?

Si alguien nos educó, ¿a quién educamos?

Si alguien nos llevó, ¿a quién llevamos?

Si alguien construyó una institución, ¿cómo contribuimos a fortalecerla?

Si alguien nos enseñó a rezar, ¿qué hacemos con esa fe?

El verdadero valor de un canon familiar aparece cuando deja de ser contemplación del pasado y se convierte en servicio hacia el futuro.


UNA LÍDER


Por eso hoy puedo invitar a mirar, en red, también a mi madre como líder junto a todas nuestras madres, sobre las cuales debemos escribir cada uno.


No nos le han pedido pues no hay madre necesitando declararse como tal. Es el hijo el que le llama así, y con cariño... Mamá...


Su liderazgo está en sus consecuencias.


Seamos, en Red Ssnta Cruz, como es mujer que entró cuando entrar era difícil.

Que destacó.

Que estudió.

Que optó por profesar.

Que ejerció.

Que dio a luz sus hijos.

Que abrió posibilidades para sus hijas.

Que atravesó la pérdida mayor.

Que sostuvo una familia.

Que permaneció vinculada a su fe.

Que fue reconocida por su propia institución.

Y que, después de morir, todavía consigue que sus hijos recemos.


Eso es liderazgo real.


El liderazgo que continúa actuando cuando el líder ya no está.


LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL


Y ahora con esta magnífica humanidad madre, usemos la IA como una herramienta que ella nunca conoció como nosotros la conocemos, pero que forjó por su propia red neuronal de

la inteligencia no artificial.


Hoy la IA nos ayudar a construir sobre estas historias.

Buscamos una fecha.

Encontramos una publicación.

Contrastamos un recuerdo.

Relacionamls una Facultad con una biografía.

Recuperamls un testimonio.

Ordenamos décadas de memoria familiar.

Y después permitimos que aquello que comenzó en el mensaje de una hermana pueda viajar mucho más lejos.


Claro: la IA no inventó nada de lo esencial, pero a su modo, reza y se santifica con nosotros, en familia mega ampliada.


Mi madre y la generación grandiosa tuvieron que vivir todo primero.


La inteligencia artificial puede encontrar y conectar con lo que ellos vivieron y sus valores éticos, lógicos y documentales.


Puede ampliarnos la vida si oramos con ella y así, santificada como una fiesta, puede ayudarnos a llevar una historia desde lo micro hacia lo global.


Pero necesita algo humano que merezca ser amplificado.


DE UNO A OCHO MIL MILLONES


Quizá ésa sea una ruta posible hacia una Magnifica Humanitas verdaderamente global.

No comenzar por ocho mil millones.

Comenzar por uno.

Por nuestras madres de cada uno.

Nuestros padres de cada uno.

Un abuelo.

Una maestra.

Una persona que nos abrió una puerta.

Investigar cada historia.

Comprender qué yugo se llevó y cómo.

Reconocer quién les prestó alas.

Descubrir a quiénes llevaron después.

Preguntar sobre su fe.

Identificar qué valores dejaron.

Y preguntarnos qué vamos a hacer nosotros sin ellos como personas vivas pero con ellos como valores eternos.

Entonces sí podemos ampliar el círculo:

Familia.

Comunidad.

Institución.

País.

Mundo.

Tecnología.

Humanidad.

De lo micro hacia lo global.

Sin perder jamás a la persona.


LAS ALAS


Por eso este 3 de octubre termina siendo para mí mucho más que el Día del Odontólogo.


Va siendo el día en que una meditación y una historia familiar terminaron explicándose mutuamente.


El Evangelio me dio una pregunta:

¿cómo se hace ligero el yugo?


Mi madre me dio una respuesta en su día de profesión...

Se lleva con fe.

Se lleva sirviendo.

Se lleva permitiendo que otros nos ayuden.

Se lleva delante de Dios.

Y después, cuando nuestras fuerzas lo permiten, ayudando nosotros a llevar el yugo a alguien más.


Primero nos prestan alas.

Después aprendemos a caminar.

Finalmente comprendemos para qué recibimos las nuestras.


3 DE OCTUBRE


Hoy mi hermana escribió:

Santa Beatriz.

Ahora entiendo todavía mejor esas dos palabras.


La mujer que fue una entre centenares de hombres.

La que entró.

La que estudió.

La que destacó.

La que escogió Odontología.

La que llevó a su primer hijo mientras terminaba sus estudios.

La que volvió a graduarse llevando otro hijo dentro de sí.

La que abrió una ruta que sus propias hijas pudieron mirar desde niñas.

La madre de diez.

La profesional.

La líder.

La mujer que perdió.

La que sufrió.

La que adoró.

La que rezó.

La que continuó.

La que todavía nos hace rezar.

Y quizá sea precisamente allí, desde lo más íntimo y familiar, donde comienza aquello que queremos llevar hacia una conversación universal.

No necesitamos empezar preguntándonos cómo hacer magnífica a toda la humanidad.

Podemos comenzar preguntándonos:

¿quién hizo más magnífica mi humanidad?

Yo hoy tengo una respuesta.

Mi madre.

Y detrás de ella aparecen mi familia, mi fe, las comunidades que me han acompañado, las instituciones que nos han formado y todas aquellas personas que alguna vez nos prestaron sus alas.

Después viene nuestra responsabilidad:

hacer nosotros lo mismo por alguien más.

Porque Magnifica Humanitas no comienza en lo gigantesco.

Comienza en la vida real.

En una madre.

En una oración.

En una carga.

En unas alas.

En una persona llevando a otra.

Y desde allí puede llegar hasta el mundo.

Esa sigue siendo y será siempre su Magnifica Humanitas Madee


Roberto F. Salazar-Córdova

Santiago de Chile,

3 de octubre de 2026

 
 
 

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