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CRECIMIENTO POST COVID

La pandemia generará un quiebre estructural. Por ahora, la mortalidad no es una variable que explique el debilitamiento del crecimiento, debido a las medidas preventivas tomadas por los hogares, las empresas y los gobiernos de los países.


PIB CHILE 2010-2020 Y PROYECCION 2021-2023


El efecto de la pandemia será temporal en tendencia, aunque el año perdido pesará durante los próximos años, a no ser que se acelere con medidas tecnológicas el progreso de los países.


Las crisis, desde los años 70 del siglo pasado, y el fin de la era dorada del sistema económico dominante, usualmente se resuelven con procesos temporales de desempleo, según lo muestra la evidencia de los páises más desarrollados durante las últimas crisis de los 70s, 80s y de inicios del siglo 21:



Los países más desarrollados cuyas economías ya han convergido a niveles de ingreso alto, generalmente mantienen menor variabilidad en el desempleo durante los procesos de crisis, mientras los países en proceso de convergencia tienen, como el caso de España, variaciones en las cuales su apertura y vulnerabilidad les lleva a sentir con más fuerza el efecto antedicho.



Por lo anotado, no es extraño pensar que en América Latina, los países con mayor progreso en lo tecnológico, con mejores instituciones, y con políticas más estables, puedan resistir la crisis económica, social y política que hoy por hoy afecta sus ejes financieros, productivos, públicos y gubernamentales.


Una mirada de largo plazo y transversal en lo global y regional nos permite pensar que la racionalidad basada en intereses sólidos de mercado, estado y sociedad civil prevalecerá sobre intereses de grupos irregulares, conspirativos y avances anti-sistema.

Veamos la evidencia de cómo se habrá recuperado el crecimiento en la región analizando lo observado en 2019 y 2020, y la expectativa 2021 y 2022:


COVID Y CRECIMIENTO EN AMERICA LATINA

Elaboración: Roberto Salazar, Hexagon Group. Fuentes Varias


En la entrega del día de ayer, el documento respectivo analizó la gravedad de la situación de la pandemia en función de un ranking de mortalidad, y situó el costo social de las pérdidas de vidas y capital humano en la región.


El cuadro superior muetra tres tasas de crecimiento relevantes: la de la columna H, con el crecimiento del PIB en el 2020 (año medido de crisis por pandemia), la de la columna G con la tasa de crecimiento promedio anual de los 4 años medidos (2019, 2020, 2021, y 2022, observados a la derecha en la tabla: TCA), y la de la columna I, con la tasa de crecimiento agregada para los cuatro años. Esta última es solo un ejercicio no relevante, al no ser dable el sumar técnicamente las tasas de crecimiento entre años, pero reportada para generar una idea de fortaleza en la recuperación, en función de lo dicho anteriormente: los países con menor nivel de desarrollo usualmente tienen altibajos mayores en función de la presencia de instituciones menos fuertes, tecnología menos desarrollada, y políticas más variables.


Lo observado en la columna I es un buen antecedente para comprender lo que correctamente se ha calculado en la columna G, que muestra que los diversos países estarán recuperados para fines del próximo año del "shock" transitorio, una vez que terminen sus procesos de vacunación, y se recuperen como ya se han recuperado algunos países en otros continentes: China, Israel, y otros con avances tecnológicos mayores, instituciones fuertes y políticas establecidas para el largo plazo en función de acuerdos país estables.

Como se observa en la tabla, países con mayor desarrollo tecnológico, institucional y político, como Chile, México, o Uruguay e incluso la misma Argentina, tendrán una tasa promedio de crecimiento de 1% anual en estos años (entre altas y bajas). A ellos, en el reporte se sumarán países analizados ayer en sus niveles de gravedad o no por la pandemia, como Perú y Paraguay. El resto de países en el cuadro habrán tenido cuatro años sin crecimiento en promedio.


Dados los grados de libertad existentes en la muestra de países, se realiza solo una regresión vibariada para probar la hipótesis con la que inicia este artículo: la mortalidad observada hasta la fecha (en un año) solo tiene correlación con el estancamiento, pero no explica el decrecimiento en sí misma, sino que lo hace a través del estancamiento preventivo de la economía para evitar la muerte:


A la fecha, la mortalidad por COVID19 tiene un coeficiente aparentemente negativo, de -2,8 puntos de (de)crecimiento en el PIB de un país por cada 100 mil personas fallecidas. Esto se puede afirmar sabiendo que se yerra en 1.1 de cada 10 países, lo cual supera el límite de tolerancia para una prueba normal de error (supera en un 10% el umbral máximo de 10% de error). Del mismo modo, un modelo bivariado como el planteado, de crecimiento vs mortalidad tiene un error similar, de 11%, como un todo (medido por el coeficiente F). La debilidad de la determinación finalmente se observa en que solo se acertaría en 9% de los países, es decir, en 1 de cada 10 países. Esto hace concluir que no se puede rechazar la hipótesis de que el efecto de la mortalidad es nula (sobre el decrecimiento). Dado que existe, de todas maneras, una correlación múltiple de 40%, aquello nos permitiría decir que se debe explorar la relación, no tanto en el crecimiento de un año, sino en un periodo más largo.


Si bien la mortalidad no es determinante para el decrecimiento del año actual, puede ser determinante para mostrar cómo debilitará, como variable proxy, por gravedad, el crecimiento esperado de los países, claro, controlando por las condiciones estructurales de los países, usando como proxy el ingreso observado durante la crisis (no el crecimiento, sino el nivel de ingresos).

La efectividad para evitar el impacto del COVID19 sobre la variable final de mortalidad podría indicar que la lucha contra la mortalidad tiene no solo un sentido moral lógico, sino uno económico (más trivial frente a la muerte pero igual importante en términos de mantener la calidad de vida).


Para cerrar este documento, se muestra, entonces, un segundo modelo, que entrega resultados determinantes iniciales: si bien en algunos países no se ha podido controlar en la forma deseable la variable prioritaria de cuidado de la vida que se pierde, al menos, en la región no se estaría afectando temporalmente el crecimiento; por ello, la segunda hipótesis que se analizará a continuación, adicionando una variable independiente y cambiando la variable dependiente, es que el crecimiento de los cuatro años estudiados (2019, 2020, 2021 y 2022) se ve afectado no solo por la estructura previa a la crisis (2019), sino también por la mortalidad producida, ya como variable secundaria e independiente:


Aquí algunos puntos analíticos:

  1. Lo primero que se observa, al estudiar el efecto de la mortalidad y del PIB previo sobre el crecimiento tetra-anual, es que la correlación múltiple se incrementa, frente al anterior modelo, de 40% a 61%, superando el umbral de 50%.

  2. Del mismo modo, el coeficiente de determinación se incrementa, de 1/5 (16%) a 2/5 (37%).

  3. El coeficiente de regresión ajustado para poder realizar comparaciones entre las dos regresiones muestra que la calidad de la regresión bivariada de mortalidad vs crecimiento anual era de 9% (muy bajo poder explicativo, aún siendo una regresión de corte transversal), mientras que en la regresión multivariada, sube ya sobre el nivel paretiano atinente a dicho tipo de regresiones, superando el 20% (26% de hecho), con lo cual ya se posee un poder explicativo muy aceptable para una muestra aleatoria como la provista por las fuentes de información consultadas.

  4. Esto lleva a que el error típico de regresión se reduzca de 7.73 puntos porcentuales de crecimiento errados (demasiado alto en la primera regresión) a 0.48 puntos (medio punto porcentual) que es ya un estandar aceptable en términos macro en la región.

  5. En este modelo, la variable de mortalidad sigue, estadísticamente siendo nula en su efecto sobre el crecimiento: antes sobre el (de)crecimiento 2020 y ahora sobre el (en general nulo) crecimiento 2019-2022.

  6. Se tendría un error de 14% (acorde al coeficiente "t" observado) si se le atribuye a la mortalidad un efecto de caída de -0,8 puntos porcentuales por cada 100.000 habitantes muertos por COVID19 en cada uno de los 16 diferentes países de la muestra. Ese nivel de error tampoco (aún menos) es aceptable, por lo que se puede rechazar con confianza estadística la hipótesis de que no hay efecto "permanente" de la mortalidad en el crecimiento económico previsible antes de la crisis (no hay conspiraciones criminales en el 2019), durante la crisis (2020-2021), y luego (ojalá) de ella (ojalá en el 2022).

  7. Al estar el PIB medido en millardos de dólares (mil millones de dólares), cada mil millones de PIB que se pueda recuperar (por ejemplo, con un portafolio de inversión que retorne en ingresos netos dicho valor con respecto al año base) implicará un crecimiento de 0,25%, es decir, un cuarto de punto de crecimiento promedio en un año, o lo que es lo mismo, 1 punto porcentual adicional de crecimiento en el período. De dicha forma, si se consigue llevar un portafolio de inversiones por 10 mil millones de dólares, se tendría la expectativa de crecimiento por país, de 2.5% anual por recuperación, basada en inversión, esto último, con un 6% de error, lo cual es estadísticamente aceptable.

  8. Como se puede observar, el modelo tiene un 4% de error de conjunto, lo cual es totalmente aceptable.

Veamos la proyección esperada para portafolios de 1000 millones de dólares con retorno de elasticidad unitaria al ingreso por cada país:


Si nos guiamos por los pronósticos, los países donde retornaría de mejor manera un portafolio de 1000 millones serían los países más grandes y expuestos a la tecnología: Mexico, Brasil y Argentina.

Si nos guiamos también por los residuos, se podría abrir espacio para Perú y Uruguay, dadas sus instituciones, así como Paraguay, dependiendo de las políticas que allí se adopten.


Si nos guiamos por los residuos estandarizados, se incorporan Panamá, Chile, se fortalece Perú, se debilita el caso Mexicano y Brasileño, se mantiene el caso de Argentina, se estabiliza el caso de Uruguay; mientras tanto, Colombia, Costa Rica y Ecuador siguen sin efectos, a la vez que se fortalece el caso de Paraguay, aparecen opciones en Bolivia, y finalmente se mantienen también en nulo República Dominicana, Guatemala, Honduras y El Salvador.

TRES CONCLUSIONES


  1. El crecimiento económico cuatri-anual puede tender a cero y el PIB recuperarse entonces, en función de la memoria económica representada por la estructura de fortaleza de la producción en la región, y podremos confiar más en la fuerza de una economía liberada que en la de las políticas de ayuda estructural o cambios estructurales propuestos desde el estado, abriéndose las puertas a las ayudas temporales, que de seguro acelerarán el proceso de recuperación y posiblemente generarán cambios mejores a los previstos aquí.

  2. Mostramos, con datos ya, que el encierro está previniendo la muerte, y que esta no está afectando la salud de la economía, sino solo representando costos que se pueden pagar a la larga y en el conjunto, tras la cuarentena, apelando a efectos distributivos transitorios que pueden ser parte de acuerdos bajo políticas de encuentro entre políticos de diversas tendencias y ciudadanía.

  3. La crisis y la recesión que soportamos para salvar la vida en los 16 países estudiados, es necesaria pero no suficiente, todo esto, en términos de crecimiento y tendencia. Se requiere, como se mostraba en el documento del día de ayer, que los gobiernos dialoguen con fuerza entre políticos y ciudadanía, entre sectores e intereses, y no se encierren en las estructuras existentes, sino que adopten mejoras tecnológicas, no solo en lo micro y productivo, sino en lo macro económico, social, y por supuesto en lo cultural y lo político (liderazgo conservador socialmente válido pero tradicionalmente establecido).


La lección de las últimas horas, ocurrida en España y Madrid, donde se ha generado un giro hacia la dirección establecida en las conclusiones, al igual que la que se ha producido en el mes pasaado en Ecuador son indicativas de que las estructuras requieren menos ruido y más solidez.


A la luz de los estallidos y revoluciones que se viven y tienen todavía ecos en la región, será importante para países como Ecuador, Perú, Chile y Colombia, así como para Paraguay y Bolivia, pero también Nicaragua, la misma Venezuela, Argentina sin duda, y otros países queridos de la región, opten por la vida, estructuren sus economías, y adopten políticas capaces de enrumbar hacia la ruta de crecimiento.


La data muestra que la mejor manera de hacelo es agrandar el tamaño, crecer, fortalecerse y poder recuperar el tiempo perdido tras los experimentos que, como en España, terminan en la renuncia de líderes hoy democráticamente perdedores (*).



 

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