
Descanse en Paz... Hagamos las PACES.
- ADN@+

- hace 1 día
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Una madre que esperó hasta el final
La muerte de Rossa Witt García, a los 101 años, cierra una vida extraordinariamente larga, pero también deja una reflexión profundamente humana. Hay dolores que la historia registra en los libros y otros que permanecen silenciosamente en el corazón de las familias. Este último parece haber sido uno de ellos.
Toda madre espera ver regresar a sus hijos. Es una esperanza que no depende de la edad, de la política ni de las circunstancias. A los 101 años, doña Rossa partió sin poder abrazar nuevamente a su hijo en la tierra donde nació y donde ella lo vio crecer.

La historia política del Ecuador ha estado marcada por profundas divisiones. Los gobiernos pasan, las sentencias se discuten, las interpretaciones cambian y las generaciones revisan los hechos desde nuevas perspectivas. Sin embargo, existe una dimensión que trasciende toda confrontación política: la dimensión humana.
Durante más de dos décadas, la distancia geográfica se convirtió también en una distancia familiar. Para cualquier madre, el tiempo adquiere otro significado cuando un hijo vive lejos, especialmente cuando las circunstancias impiden un regreso que ambos habrían deseado.
Más allá de las posiciones que cada ecuatoriano pueda tener sobre el gobierno de Jamil Mahuad, existe un principio que debería unirnos como sociedad: ninguna diferencia política debería borrar la compasión hacia el sufrimiento de una familia.
La muerte de una madre recuerda que todos somos, antes que actores políticos, hijos. Y que detrás de cada personaje público existe una historia familiar hecha de afectos, sacrificios y esperanzas.
Quizá ese sea uno de los mayores desafíos de una democracia madura: aprender a separar el juicio sobre las decisiones públicas del reconocimiento de la dignidad humana de las personas y de sus familias.
Doña Rossa Witt García vivió más de un siglo. Fue testigo de enormes transformaciones del Ecuador y acompañó la formación de quien llegaría a ocupar la más alta magistratura del Estado. Hoy descansa en paz, dejando también una silenciosa invitación a la reconciliación.
Porque ninguna victoria política puede reemplazar el abrazo de una madre. Y ninguna diferencia ideológica debería impedir que un país recuerde que, antes de ser presidentes, opositores o ciudadanos, todos fuimos hijos alguna vez.
Que descanse en paz doña Rossa Witt García. Y que su partida nos recuerde el valor de la misericordia, de la reconciliación y de la humanidad que debe prevalecer incluso en los momentos de mayor división.

El equipo del Diálogo Hexagonal extiende su más sentido pésame a su familia y en especial al ex presidente Jamil Mahuad Witt.




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