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EN PAZ DESCANSE SRA. LUCIA

Recuerdo su Presidencia de las Damas de Amarillo, ese voluntariado nacional de Chile, fundado en 1953.



Recuerdo las "once" que la Sra. Lucy, gracias al trabajo de la querida Nana, Mariana, ofrecía a sus queridas amigas voluntarias.


Recuerdo su busto del admirado Presidente en su clásica y bella sala: el busto del Presidente Jorge Alessandri, el hijo segundo del "León de Tarapacá", Arturo Alessandri Palma.


Recuerdo hablar con mi querida Sra. Lucía sobre política y la derecha de Jorge Alessandri (Santiago, 19 de mayo de 1896 – Santiago, 31 de agosto de 1986), y la relación de su fallecido esposo, de apellido Carrasco, con dicho ex presidente e Ingeniero civil y político independiente.


Recuerdo tener la motivación para tratar de comprender, gracias a ella, la obra del Presidente de la República que gobernó Chile entre el 3 de noviembre de 1958 y el 3 de noviembre de 1964, habiendo antes ejercido, en Democracia, y en carrera de honor, como Senador (entre 1957 y 1958) gracias a su trabajo real con la Cuarta Agrupación Provincial "Santiago", y gracias a su gestión democrática y productiva como diputado entre 1926 y 1927 por la Séptima Circunscripción Departamental "Santiago".


Yo era en ese entonces, 1994, un estudiante de postgrado en economía que circulaba entre Escuela Militar y Los Héroes y leía en el Metro gracias a mis ojos jóvenes y sus entonces 25 años.


Era fascinante para mí, recuerdo ahora que me doblo en experiencia y camino hacia otras fases de vida -todavía no cercanas a las de la en ese entonces ya postrada Sra. Lucy-, pensar junto a ella en mi realidad de entonces y en mis recuerdos de ahora, y aprender escuchándola, y seguir aprendiendo recordando su cariñoso y condescendiente "mira muchacho", con respecto a los hechos de la derecha previa a 1973.


Me interesaba muchísimo escucharle a mi Sra. Lucy: silenciosa y respetuosamente, sobre lo ocurrido en la economía del país entre el 2 de agosto de 1947 y el 7 de febrero de 1950.


Me gustaba mucho escucharle también a nuestra Nana Mariana, la persona más querida, sobre el Sur, sus prácticas de honor, su gusto y cariño por Carabineros, y la devoción con la cual ella, amorosa siempre, limpiaba del polvo y paja de este casi desértico Santiago, a Chile mismo, en el busto de Alessandri.


Alessandri brillaba desde el claroscuro del recibidor.


A veces me sorprendía a mí mismo, despidiéndome de "Alessandri" para ir a clases, pues aprendí de ellas, Mariana y Lucía, que el hombre fue ministro de Hacienda (durante la presidencia de Gabriel González Videla).


No era para menos: Jorge Alessandri Rodríguez, supe, había sido, como estudiante de ingeniería de la Universidad de Chile, receptor del premio Eliodoro Gormaz, por haber tenido las más altas calificaciones durante toda la carrera, lo que le valió ser Miembro Académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.


Alessandri era un buen "role model": Me comentaban que fue condecorado por la Legión de Honor, conferida por Charles de Gaulle, presidente de Francia, y también, que recibió el Collar de Isabel La Católica de España, la Orden de Manuel Amador Guerrero de Panamá, y La Gran Cruz de Carlos III de España.


Sentía yo, en mi pequeñez, allí -frente a Alessandri- en la casa de mi Señora Lucy, el germen de lo que hoy identifico como la raíz de mi ADN@+ en Chile.


Recuerdo conversar con ella, Lucía, en nuestra primera entrevista en el Invierno de 1994, sobre lo que había ocurrido en Chile en los tiempos previos "inmediatos": no solo los de fines de los 80s, cuando ya había caído el muro de Berlín, sino los "inmediatos-inmediatos", de 5 años antes nada más, cuando volvió a tenerse democracia en Chile.


Eso me dio pávulo a conversar con mi Sra. Lucy, sobre lo que ella había visto pasar entre 1970 y 1973, 20 años antes.


Ella vivía en Las Condes, y ahí tenía su linda pensión, como viuda, junto a su Nana, para acoger a estudiantes. Nos cuidaba, nos daba alimento y vivienda: pan y techo, mientras nosotros nos empleábamos a tiempo completo en estudiar 18 a 20 horas al día, quemándonos las pestañas para poder salir de la C y llegar a una A en los estudios avanzados de postgrado que nos ocupaban.


Recuerdo haberle preguntado, algún Domingo, ya en verano, en Diciembre, en tiempos de elecciones, por si conoció a su tocaya, hoy fallecida, Doña Lucía Hiriart de Pinochet.


Ella tenía un grato recuerdo de su tocaya.


Estaba consciente de lo difícil que fue lo que se había vivido en Chile. Pero ella se quedaba con lo bueno, no solo en dicho caso, sino en todos los casos.


Cómo se extraña a la gente grande de Chile, como la Señora Lucy.


Lucía: quien aprendió a vivir desde los tiempos de la derecha y de la izquierda, sin confundirse, pero haciendo todo en paz, con amor y con buena acogida a tantos estudiantes extranjeros que pasamos por su casa y la vimos cuidarnos junto a nuestra Nana.


Lucía: la magia que hizo Dios para enamorarnos de Chile, su hospitalidad tradicional, su respeto, su buen trato, nada roto, todo entero, su comida, sus empanadas de los Domingos, sus costumbres, su historia, y el respeto por los valores.


Todo verdadero; cero mentiras. Otros tiempos, de honor, de nuestro Chile bello. Aquello que es su buen ADN@+ a cuidar y conservar.


Por ella, y por ese recuerdo, hoy que ha fallecido también su tocaya, quisiera hacer un minuto de silencio por todas las personas del pasado que ya partieron, sean de derecha o de izquierda. Es lo que aprendimos a hacer en mi casa real de Ecuador, muy política siempre, pero absolutamente dialogante y respetuosa de forma de ser nosotros parte del bien.


Nuestros ADN@+ latinoamericanos se juntaron así y ahí: entre estudiantes: chilenos, ecuatorianos, nicaragüenses, peruanos, argentinos, colombianos, bolivianos por supuesto, y hasta un querido italiano. Todos hermanados conforme pudimos ver cuando vinieron a disfrutar juntos nuestro grado por Georgetown University en Chile, todos los padres y madres de nuestra cohorte Iladiana y Jesuita ya por formación de Alumni.


La Señora Lucía estuvo ahí, entera y clara, también, junto a mi Madre y hermanos, que vinieron de Ecuador. No había en esa época esta polarización como para temer venir a Chile.


Los padres nuestros habrían hecho aquello que hacemos nosotros hoy día, en honor a ellos: guardar silencio frente a la muerte, y hacer oración para que la justicia divina sea la que juzgue y no nosotros.


Que pena que en esta semana intermedia de Diciembre, previo a elecciones de este Domingo, en la Plaza Baquedano, haya habido festejos por la muerte de alguien. Sea quien sea.




Nosotros oramos y seguimos en buena...


Ese es nuestro ADN@+: el que brinda vida, pinta, canta y florece...


Que todos, todos, descansen en paz, y que el amor sea más fuerte, siempre.

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