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3RA GUERRA MUNDIAL...

Actualizado: 22 sept 2020


Roberto F. Salazar-Córdova

Sept 12, 2020

ADN@+





“Now this is not the end. It is not even the beginning of the end. But it is, perhaps, the end of the beginning”. Winston Churchill


Hace una década, en 2010 se terminaron de pagar los últimos créditos de la primera guerra mundial, y en dichos años, curiosamente, terminaba el comienzo de la tercera guerra mundial.


Una guerra mundial, como la primera, tiene una fase militar que usualmente debe durar un máximo de 5 años (inició en 1914 y terminó en 1919); sin embargo, su fase económica puede perdurar por décadas y casi por siglos.


Winston Churchill, para la segunda guerra mundial, tras la victoria de las fuerzas militares británicas en Egipto sobre Rommel, y tiempo suficiente antes del éxito de la invasión del “Día D” decía que lo que estaba ocurriendo no era el final, ni tampoco era siquiera el inicio del final de la guerra, sino quizá el final del inicio de la guerra.



Y es que la guerra siempre va más allá de las declaratorias, batallas, muertes y armisticios.


La dimensión económica que sigue al fin de los conflictos es la parte más dura y ésta ni siquiera termina cuando culminan los pagos de los créditos que siempre acarrea una guerra; termina cuando moralmente se aniquilan las fuerzas ideológicas que están atrás de implantar revoluciones por la fuerza.


Podemos aplicar hoy, para lo que viene en la próxima década, la lógica de Churchill y decir que el inicio del final de una guerra como la tercera mundial que se vive desde mediados de la década pasada, ocurrirá solo cuando se haya ganado la batalla ideológica desde la razón al terminar imponiéndola por sobre las huestes que la vienen implantando por la fuerza desde que terminara la fase militar de la segunda guerra mundial.


Un armisticio queda establecido militarmente, pero la disputa económica siempre queda latente. Keynes, el polémico economista, lo sabía bien cuando renunciaba a poner cargas pesadas sobre Alemania y anunciaba que aquello solo causaría vergüenza, venganza y una nueva matanza, una segunda guerra mundial.


Podríamos decir que Keynes vaticinó, entonces, y dio inicio al arranque de la segunda guerra mundial.



Hace poco, Elon Musk vaticinaba, por otro lado, el fin del inicio de la tercera guerra mundial.


Ya en estos tiempos, y hace solo una década, Musk decía que aquello que se vivía en el 2010, era el arranque de la guerra por la inteligencia artificial, liderada por EEUU, China e India.


5 años después, hace 5 años, en esto de los ciclos famosos, la "Tercera Guerra Mundial" se había convertido ya en tendencia en redes. Usualmente, los periodos de 5 años son suficientes para incubar el cambio de fases. En 2014 se mencionaba que para 2020 se podía pasar a una fase militar, marcando el fin del inicio de la tercera guerra mundial.


Hoy, 5 años después, hay muchos que creen que el COVID19 es una forma de guerra mundial; sin embargo, no va por allí nuestro artículo, para nada.


Lo nuestro va por el lado de la tecnología, que quizá está probándose durante el COVID19 con fuerza inusitada, eso sí. Quizá -como ya se sabe está ocurriendo- haya algo de cierto en que hay ya violencia instalada conforme lo han reconocido incluso autoridades como las del actual papado en el Vaticano cuando decían que se estaba ya viviendo “una guerra mundial por pedazos”.



Nunca deja de haber conflicto económico


Los papas son los primeros globalistas occidentales. Ellos saben que nunca deja de existir una guerra de guerrillas ideológica. La Iglesia sabe que nunca deja de haber conflictos militares, y por ello su saludo siempre es "la paz esté con nosotros". Es casi algo bíblico, de hecho. Antiguo, real y necesario.


Llama la atención, por eso, que América Latina, la región más católica del mundo, esté haciendo un esfuerzo consciente por borrar todas las menciones sobre la biblia, sobre Dios y sobre la paz, y lo haga de la mano de tomas de calles, quemas de metros, y roturas de puertas de iglesias, así como destrozo de imágenes religiosas.



El conflicto no solamente es económico, pero es, sobre todo, económico


La política, lo social, lo cultural, lo ambiental, el género y otros elementos actúan; pero es sobre todo cuando llegan a topar el bolsillo y el pan, que se producen despertares frente a otros, y reacciones post estallidos generados antes, a su vez, por los vacíos de alerta de poblaciones cómodas que se dejaron estar.


Hoy América Latina está despertando por segunda vez en este 2020, y lo hace justo a tiempo, con el amanecer.


Soñó que se involucraba en una tercera guerra mundial de la mano del socialismo del siglo 21, que trata de sobrevivir de forma violenta, demostrando su debilidad frente a un gigante pacífico y un gigante atlántico que forma un cono sur, unos espacios amazónicos y andinos, y unos mares caribeños que se acercan con fuerza entre sí y miran hacia el norte, a la vez que miran igual, con atención, hacia el mundo como un todo.


Van quedando atrás los días de sueño que se generaron con un boom económico, cuando la razón se relaja, la comodidad se instala, y el rigor se diluye, haciendo que los países y las gentes se miren hacia el ombligo y se olviden de la historia y la geografía, pero sobre todo se relajen frente a las amenazas a la libertad.



La voluntad de libertad ha vuelto


La tercera guerra mundial sigue latente, y encuentra posiblemente el fin de su inicio, pero pasa que tras el COVID19, el Latino-Americano promedio ha logrado dar el salto que antes dio ya el asiático promedio, y ha logrado, con ello, alejarse del africano promedio, pues la dotación de infraestructura pesa, y mucho, pero sobre todo pesa la conciencia de libertad.


Si algo hay que agradecerle a la pandemia es que el socialismo ya no asusta, sino que despierta el liberalismo, y que la juventud antes dormida en el discurso de la comodidad del millenial, ahora se ha vuelto hacia la familia, que es el refugio desde el que se inculca la sed de independencia y desde donde se hace hoy, desde el ADN, un frente común a la manifiesta voluntad de disputa que arrecia en quienes no quieren salir de la crisis por la razón sino que se ocupan de tratar de imponerse desde la violencia en todos los espacios.



De vuelta a Churcill sobre Keynes


Pensemos por un momento en Churchill, quien peleó y lideró en rol secundario en la primera guerra mundial, lideró con todas las luces en la segunda guerra, y murió en 1965, ya en medio de la guerra fría (a la que muchos llaman la verdadera tercera guerra mundial y que muchos dicen que ya pasó, pero que en realidad sigue viviéndose hoy más que nunca).


Churchill, bajo su propia definición, nunca terminó, en vida, de ver pagados los créditos de la primera guerra, y por lo tanto no asistió ni siquiera al fin económico de la primera guerra mundial, y peor al fin económico de la segunda guerra mundial.


Claro, tampoco parecería que asistió Churchill al inicio de la tercera guerra mundial.


Paremos ahí: si seguimos la definición de Elon Musk, y pensamos en Turing, y su código Enigma, ¿quizá Churchill si asistió al arranque de la computación y al inicio de la tercera guerra mundial?


Eso lo dejamos para el análisis. Sin embargo, en el mundo que hoy vivimos ya en plenitud, 50 años más tarde, en un nuevo normal que ha derrotado a lo analógico y nos ha colocado de frente en la era digital en el día a día, vale más mirar un poquito más a Churchill que al siempre casi omni-presente John Maynard Keynes.


Para entender este punto, sin nada contra el keynesianismo, pero todo en favor del liberalismo, pensemos por un momento entonces, ¿cómo debemos hacer a diario, hoy por hoy para encajar la demanda vs la oferta?


Si seguimos políticas de demanda, sigamos a John; si seguimos políticas de oferta, sigamos a Winston. El primero decía que el estado debía abrir hoyos en infraestructura para tapar hoyos en los mercados, de modo de generar la demanda que activase el consumo; el segundo decía que los hogares debían ahorrar y ser hijos del rigor: sangre, sudor y lágrimas.



Sangre, Sudor y Lágrimas


Para entender por qué lo que corresponde hoy es la responsabilidad y por qué es prioritario el ofrecerse a servir más que el exigir derechos, miremos un poco más atrás de la actual tercera guerra mundial y sus costos que nos pueden acompañar de largo, y -ojo- no solo observemos los conflictos armados, sino que pensemos en los créditos y costos políticos aún vivos que se arrastran desde la segunda guerra mundial.


Miremos también, ahora que podemos hacer retrospectiva, hacia los tiempos de la pandemia pasada, en los años 20s del siglo 20, que coincidieron además, con la instalación de los créditos de reparación por la primera guerra mundial, que solo terminaron de pagarse en 2010.


Bien decía la revista Bild por esos años (hace una década), que solo fue hasta entonces, cuando terminaron de pagarse los créditos de reparación, que terminó realmente la primera guerra mundial. Sin la excusa de los derechos y con la mano en la responsabilidad promovida desde Churchill, posiblemente las cosas podían acelerarse mejor, ¿como ocurre ahora que seguimos con más cariño la lógica empresarial de Musk que la imperial de Putin?



De vuelta a América


Es conocido hoy que Lenin y en especial Stalin fueron financiados por los Nacional Socialistas alemanes para derrotar la fuerza de Rusia desde adentro. Es claro hoy en la historia que las guerras se forman entre viejos aliados que luego se vuelven feroces enemigos.


¿Lo sabe América, el nuevo continente?


Parece que ahora sí lo sabemos, pues algo parecido ocurrió en América, cuando los créditos de la guerra de libertad de los años 1700 a 1800 solo se pudieron pagar cerca de los años 1970s y 1980s.


La paz es invaluable y no se puede perder de vista que el conflicto no solo cuesta deudas, sino que además genera nuevos conflictos, nuevos costos, subdesarrollo y más deudas.


Vamos hacia la Paz


Por ello, no es bueno llamar y acudir al llamado de la violencia y del conflicto, o sentarse en la mesa de la mano de un conflicto; tampoco lo es el hacer concesiones en función de evitar la violencia, pues con o sin ellas, la violencia estará presente y se irá construyendo de la mano de las deudas pendientes, la memoria de la venganza, y la envidia de los perdedores frente a los ganadores.


El propio Keynes funcionó como adivino al dejar su cargo como tesorero de las reparaciones de primera guerra y denunció que un Hitler podía venir en pocos años si no se hacía una quita de deuda a Alemania. El mismo Churchill funcionó ya no solo como un simple adivino, sino como un visionario, cuando nunca renunció, ni durante la primera, ni durante la segunda guerra, fue testigo del no perdón de la primera deuda y fue artífice del perdón de la segunda guerra.


Al cumplirse ya no 20 sino 30 años de la reunificación de Alemania, las historias de la pandemia de los años 20s y los costos de la primera guerra parecen haber quedado atrás; quizá sea por ello que hoy por hoy, el mundo mira con atención hacia una Alemania renacida y fortalecida, como el país que puede ayudar a poner fin a la segunda guerra mundial.


No podrá hacerlo si no es capaz de trabajar su eje de acción en beneficio de una reunificación del mundo, trabajando junto a los Estados Unidos, ahora como aliados, y por supuesto, junto con una Inglaterra libre, siempre libre, que se ha separado de Alemania como siempre se separó del continente europeo, pero que ha sido central siempre para poder también construir un mundo libre, claro, desde su puesto en el mundo, junto con los siempre libres Estados Unidos.



Una Nueva Doctrina: Trabajemos con Todos, No peleemos con Nadie


América Latina mira hacia el Asia, mira hacia Rusia, mira hacia Irán. Es de suponer que mira hacia la democracia y hacia regímenes que se han construido o reconstruido en democracia y libertad, en paz y sin violencia. Quizá, si en esa pequeña óptica vemos que la invitación es hacia la violencia, deberíamos posiblemente mirar hacia quienes proponen, allí y en otros ejes, una guerra no militar sino comercial, de inversiones, de negocios, de tecnología, y de prosperidad.



Si el debate de los economistas es entre neo-liberales vs neo-estructurales, o en tre liberales vs clásicos, o entre libertarios vs keynesianos, estamos muy, pero muy mal. El debate no es entre escuelas de uno vs otro Cambridge, ni entre ingleses vs escoceses, ni británicos vs austriacos, sino de ¿occidente vs no occidente quizá?


Dicha guerra es poco posible que pase a ser militar, pero ¿qué duda cabe de que dicha guerra está siendo económica?


Claro, se acarrea ya desde América Latina vía deudas con oriente; deudas que se adquirieron en dos décadas (las últimas pasadas) para hacer obra pública, bajo gobiernos creyentes en el Keynesianismo y el Socialismo, que se financiaron desde oriente.


Qué duda cabe de que los mercados occidentales juegan a dicha guerra que también y que luego de aprender, a lo Churchill, han pasado a tomar la vanguardia, vía perdonazos de los grandes prestamistas desde occidente a Ecuador, Argentina y otros países que juegan de nuevo en los mercados, junto a nuevos y mayores inversiones de los núcleos continentales.



¿Cómo se va a sobrevivir si no es renegociando universalmente pagos de deudas pasadas?


Para América Latina quizá tenga sentido no ingresar en medio de esta guerra económica y más bien no alinearse sino jugar en favor de su población, yendo siempre del lado que mayor prosperidad le ofrezca.


América Latina es capaz siempre de elegir, al final, porque su posición geográfica es la que es.


Puede negociar y sobrevivir, porque su riqueza se lo permite.



Aliados, eso sí, de quien más nos quiera


No nos confundamos y sufraguemos bien en las elecciones, pues las decisiones en los mercados pueden ser favorables, pero las decisiones desde los estados no siempre serán las más favorables.


En los mercados, en las comunidades, en los barrios, y en las fronteras, está claro que el vencedor siempre será el sudor y las lágrimas; nadie quiere, por otro lado tener que derramar sangre (mucho menos ahora).


Quizá tenemos ante nosotros la mejor de las oportunidades para ser un continente pacífico y desarrollado, aprovechando ahora nosotros la oportunidad que antes tuvo Asia: Japón, Corea, la misma Taiwan, la misma Hong Kong, tras la segunda guerra mundial.


Quizá estemos siendo el continente, ahora sí del futuro, y no nos estemos dando cuenta; pero no nos confundamos y no sigamos tanto a Keynes sino que sigamos más a Churchill.


Que se peleen por nosotros, y que nosotros nos alineemos con quienes siempre han trabajado con nosotros; que la regla sea la propia: de que trabajen los aliados occidentales por siempre con nosotros, pero ofreciendo siempre mejores condiciones a nuestros mercados que las que ofrecen empresarios orientales que siempre han querido trabajar con nosotros. Que los occidentales despierten y compitan, ahora que desde oriente ya han terminado de comenzar a trabajar con nosotros.


Más allá de la competencia, nosotros, eso sí, cuidemos, por siempre, la libertad, equilibremos las cosas, juguemos con mirada realista continental, utilicemos el diálogo interamericano y global a nuestro favor, y hagamos negocios con todos, de manera honesta y democrática, libre y digna, como ya en el pasado hiciera Asia con Occidente.


Si hacemos esto, sin duda, seremos un gran continente en 50 años más.


Les dejo, como buen epílogo, con el mismísimo gran Winston Churchill...



 


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