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HISTORIA, MAESTRA DE LA VIDA

Urbi et Orbi, Per Saecula Saeculorum



1. Aprendiendo del Pasado


Cada pueblo y nación tiene su historia y puede aprender de su pasado reciente, o antiguo.


Podemos racionalizar también estudiando el pasado de otros, en sus siglos y siglos de evolución y en las relaciones establecidas por ellos con sus respectivos "presentes", entendiendo cómo hicieron para proyectar su vida y "futuro" dentro de sus hábitats: como grupos, o civilizaciones, con memorias colectivas, hasta llegar a sus actuales generaciones.




2. Las nuevas generaciones de votantes poseen memoria del siglo 21.


Cada vez que buscamos, en términos de liderazgo político, el sentido de lo que vivimos, podemos llegar a pensar en que lo que nos ocurre, en este momento y en nuestro lugar, es algo nuevo, que conlleva un futuro incierto, sobre todo porque nuestra memoria no calza con aquella de la mayoría joven, que es hoy por hoy quien decide en las urnas.


Sin embargo, sabemos que "nada nuevo hay bajo el sol", al menos en los procesos civilizatorios, en los cuales surgen, aparecen, desaparecen, y reaparecen brechas que van y vienen como lo hacemos los humanos mismos en nuestros días de maduración como hijos, padres, o abuelos.



3. Rompiendo Nuestra Auto-Burbuja Actual


Lo nuevo siempre nos desafía, pero podremos adelantarnos a la nueva normalidad si entendemos los procesos pasados como hechos históricos, con su desarrollo, causas, oscuridades y renacimientos.


Hay museos llenos de evidencias de pasados que se suceden unos tras de otros, con élites que suben y bajan, progresan y se esfuman. No solo se puede observar dichos procesos como un sistema de registros escritos, sino como un conjunto de voces que transmiten desde altorelieves, pinturas, esculturas, monumentos, y más recientemente, material gráfico, videos, audios y hasta memes.


La cultura es el resumen de aquella sentencia de que "lo único constante es el cambio", y comprendiéndola desde allí, es posible aprender, desde la historia, la forma de vivir la vida en tiempos de incertidumbre: cooptando la desconfianza, derrotando la polarización, enfrentando el riesgo, dando batalla a la descomposición de lo viejo, y juntándonos en pro del aparecimiento de un algo nuevo con diferente estética, pero con estética, al fin y al cabo.


Podremos así ir, día a día, dando el siguiente paso correcto: conviviendo con algo en general bárbaro para los ojos de lo establecido, sabiendo siempre lo que hacemos, y entendiendo que no será una tragedia que terminemos siendo entes ajenos a lo viejo dominante, sino que será un orgullo el ser parte de identidades culturales acordes al real presente.



Muchos de quienes hemos vivido cerca de la mitad de nuestra vida adulta en el siglo 20 y la otra mitad en el siglo 21, podemos decir que aquello que experimentamos en los años 80 del siglo pasado ya no existe. Aquello para lo que nos formamos no llegó como lo pensábamos.


Tras 40 años, nos enfrentamos a lo desconocido: un mundo totalmente diferente, en el que solo podemos aprender si entendemos lo que en su momento otros grupos como el nuestro comprendieron: su vida y hechuras debían enfocarse en sus siguientes generaciones, de modo que nuestro futuro pudiera ser dable cuando ellos, con sus nuevas formas, tomaran la posta y estuvieran listos para ser los líderes de los siguientes 20 a 40 años.


4. Aprender de la Historia: la Brújula Necesaria


Hay tanto por comentar y escribir al respecto, al revisar la historia no solo post-moderna, o moderna y contemporánea, sino las diversas edades de la humanidad: la de piedra, la de bronce, la del hierro, o incluso las eras, incluyendo el pleistosceno tardío, o el actual y reciente antroposceno.


La humanidad, resiliente como es, ha pasado por todas esas eras y épocas, y ha encontrado formas de hacer política, dominar el ambiente, crear cultura, crear economía, y desarrollarse como sociedad. En espacios diversos, con climas diferentes, con tiempos de guerra y paz.


Nuestros años actuales nos desafían permanentemente en términos tecnológicos y comunicacionales, y nos llevan a meditar, lo queramos o no, personal o familiarmente, en el rol de lo público y lo privado, en el espacio adecuado que debe tener el estado o el mercado, o en el desarrollo viable y necesario, siempre salvífico, de las comunidades, como nuestro centro humano permanente.



5. El ADN que se Reinventa


La historia nos muestra que el punto de cohesión y fortalecimiento de toda raza y clan que sobrevive es el hogar, la familia, y la identidad: el ADN resiliente.


Por supuesto: resiliente porque el ADN nunca es constante, y siempre sigue evolucionando, siempre en positivo, conforme nos mezclamos en lo local, regional, nacional o internacional; hoy, más que nunca, en lo global.


La paz y el buen uso del tiempo remanente son los objetos permanentes de búsqueda de quienes desean, o deseamos, de frente, justicia y libertad. Queremos ser libres, que nos dejen desarrollarnos en paz, y sabemos que si debemos luchar para ello, por justicia, durante un tiempo corto o largo, deberemos hacerlo, solos o en grupo, desde una fortaleza o desde un país, a veces, incluso, desde todo un continente.



El viejo estado de derecho, y la antigua economía social de mercado que aprendimos en los 80 y 90 del siglo pasado están casi desaparecidos del mapa, y hoy abundan, más que las reglas del patrón dólar, las reglas de los derechos, y la disrupción de la tecnología.


6. Volviendo al Pasado para Proyectar el Futuro


Podemos recuperar la respiración, así, al mirar el pasado, mientras el mundo occidental se derrumba bajo una tendencia que arrasa desde Asia hacia América, como en su momento atacasen los pueblos del mar sobre Egipto y el mundo antiguo, previo incluso a la invención de la democracia desde lo clásico en la entonces posterior Grecia.


Miremos, por ejemplo, 1 a 1.2 miles de años antes de Jesucrissto. Quizá la democracia no habría sido inventada si no se hubiese producido la victoria de la infantería de los "Pueblos del Mar" sobre los carruajes de las grandes civilizaciones de esos tiempos: por medio de las lanzas que destruyeron la caballería, al poder ganar solo 50 metros de ventaja, a bajo costo de producción, en favor de los de a pie.


Luego pudo, por presión del ejemplo de guerra de dichos grupos, desde Grecia, llegar la democracia. Se dio poder a esa infantería, de a pie, una vez ya letrada, pero aún sin caballos, sin carros; capaz, eso sí, de derrotar a élites y reyes con un soporte mínimo y desde adentro. Su fuerza alcanzó a romper los esquemas previos, heredados de acuerdos de élites que produjeron comercio y paz, pero a la vez hambre: cuando los dueños de las tierras controlaban el 70 o el 80 por ciento de los negocios: algo que hoy llamaríamos un conjunto de monopolios "reales".



7. Nuevos Tiempos, Nuevas Formas, Viejas Fórmulas, Viejas Recetas


En estos tiempos, para defender el comercio y los recursos estratégicos, ya no se usan -casi- las fuerzas armadas humanas, sino sobre todo las tecnológicas. Se batalla por el 5-G, o se trabaja vía redes sociales con noticias falsas, influencia vía inteligencia artificial imperceptible (la buena lo es), y se controla el mundo a través de los datos, e incluso de las monedas asociadas a estos últimos.


Sin embargo, hace 3000 años, el dual "Carruaje" + "Caballo", junto con el dual "Auriga" + "Arquero" eran tecnología pura y dura. Similar a lo que hoy es el ser humano que puede trabajar real y digitalmente.


A los viejos carruajes, al igual que a los viejos teléfonos nokia se los observa en todos los museos. Eran y fueron claves antes de la infantería humana y de los datos; sin embargo, hoy, como ayer, el trabajo duro lo sigue haciendo el ser humano: es la gente, como lo era hace varios milenios, la que limpiaba y terminaba con lo que quedaba tras el paso vencedor de la tecnología. La gente era y es la última rueda del coche, literalmente: era y sigue siendo la masa migrante, traída de cualquier parte, desde los países vecinos: la que estaba y sigue estando dispuesta a morir para vivir, de modo de dar comida a los suyos, viviendo siempre con experiencia de conflicto y guerra.


¿Suena parecido a la forma en la que producimos hoy, sin guerras abiertas, pero con el poder de los celulares, quizá?


La paz y el desarrollo, en los pueblos antiguos, tal como lo es la tecnología hoy en día, no fue y no es un negocio para la infantería migrante. Ellos no poseen la tecnología, pero siempre la derrotan y la reinventan en su favor.


La historia nos muestra hoy lo que ocurrió hace tres mil años, en los conflictos ganados a punta de lanza, derrumbando imperios desde adentro aprovechando sus debilidades tras catástrofes de la tierra, como se sigue haciendo ahora. Las grandes civilizaciones actuales subumben como lo hicieron las del mediterráneo oriental, en la tardía época de bronce. Miramos estupefactos cómo se derrumba, con tomas de Capitolio, desde adentro, el gran sueño institucioinal americano, en la tardía revolución de toda América, si se la compara con la de Asia, que definitivamente ha tomado la delantera.



Pensemos, entonces, si hoy, el ejército, la policía, o la inteligencia de los detectives puede hoy en nuestro mundo irse por sobre los nuevos bárbaros de a pie, que son internos y se suman a los que han migrado, ido y venido, y han formado una horda de antiguos que se enfrenta a la nueva horda de nuevos: barrenderos, primera línea en restaurantes, bares y lugares comerciales, reemplazando a los que bajo el carruaje del título universitario, la ley y los contactos de sangre y amistad, colegio y universidad, controlaban, o controlábamos el poder, los cargos, los negocios y la vida en sociedad.


La policía no puede hacer nada, pero los violentos tampoco. Mientras tanto, la descomposición sigue.


No nos sorprendamos de que haya incertidumbre y de que nos hayan cambiado el mundo, pues nos ha ocurrido, simplemente, que nos han roto la "burbujita" de élite, como lo hicieran otros ya en el pasado, para pasar -como estamos haciendo- a una etapa de varias décadas en las cuales olvidaremos mucho de lo que fuimos (como cuando se olvidó hace tres mil años, en muchos lugares, la escritura).


Estemos atentos a la historia, para crear algo nuevo: racional, pacífico, democrático, libre, estético, filosófico incluso, como se hizo en el pasado desde Grecia e incluso desde Roma, cuando se rehizo todo, se reinventó la política, el derecho, las leyes y los ejércitos, y se sentaron las bases de lo que hoy es el Occidente, hasta dominar por sobre el Oriente, en el Mediterráneo.


Si nos despertamos mirando al pasado, con una larga mira, podremos quizá otear lo positivo por venir en lo que será un mundo que seguirá caminando por donde deba, a pesar de nosotros, nuestras distracciones de niños ricos, y nuestras programaciones viejas con respecto a un futuro que ya no existe.




8. A Practicar la Atención Plena, Incluyendo a la Historia en el Currículo


Si la historia es la maestra de la vida, leámosla, universalmente y no solo localmente.


Solo así sabremos entender lo que pasa en nuestro entorno, y estaremos preparados para gobernar nuestros pasos en un mundo libre, democrático, y ajeno a reyes de oriente que nos hagan seguir sus pasos desde rutas de la seda bastante diferentes a lo que hizo occidente cuando trazó el mundo a punta de ferrocarriles, comunicaciones, y comercio bajo un esquema no solo comercial, sino bancario, financiero y fiduciario.



Trataremos más sobre este renglón de análisis para los tiempos que vivimos. Una pastilla para que sigamos la pista inicial va en este artículo de El Economista:



Adelante y un buen 777: Año 21 del siglo 21!


Roberto F. Salazar-Córdova, ADN Plus.

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