
MUNDIAL FIFA: FALTAN 20 DIAS
- ROBERTO SALAZAR CORDOVA

- hace 21 horas
- 3 Min. de lectura
El Mundial de 48 equipos y el momento de Ecuador: fútbol, territorio y una nueva escala emocional
Mientras el mundo atraviesa tensiones geopolíticas complejas y Estados Unidos acelera esfuerzos diplomáticos para contener escenarios de conflicto en Medio Oriente, el Mundial FIFA 2026 aparece como uno de los pocos espacios capaces de volver a reunir simultáneamente a buena parte del planeta alrededor de una emoción compartida: el fútbol.

Este Mundial será distinto.
Por primera vez en la historia participarán 48 selecciones, distribuidas en 12 grupos y 104 partidos, convirtiéndolo en el torneo más grande jamás organizado por FIFA.
El cambio es estructural.
Más equipos significa:
más regiones representadas;
más diásporas movilizadas;
más ciudades conectadas;
más partidos;
y una expansión gigantesca de la economía emocional del fútbol.
Estados Unidos, México y Canadá recibirán millones de personas durante casi 40 días.
El Mundial ya dejó de ser solamente un torneo deportivo. Hoy funciona también como:
plataforma cultural;
acelerador económico;
ecosistema digital;
fenómeno territorial;
y espacio de integración global.
Ecuador entra en un momento históricamente distinto
En ese contexto, Ecuador llega probablemente en uno de los momentos futbolísticos más interesantes de toda su historia.
La selección ecuatoriana combina:
juventud;
intensidad física;
cohesión;
y experiencia internacional creciente.
Pero además aparece algo menos visible y quizá más importante: una madurez sistémica del fútbol ecuatoriano.
Durante años, Ecuador fue visto principalmente como:
exportador de talento físico;
o selección fuerte en altura.
Hoy el escenario parece distinto.
Equipos como Liga Deportiva Universitaria, Independiente del Valle, Barcelona SC, y otros procesos regionales, han contribuido a crear:
estructuras deportivas más modernas;
formación integral;
exportación temprana;
y adaptación internacional.
Muchos jugadores ecuatorianos ya participan regularmente en:
Premier League,
Bundesliga,
Ligue 1,
MLS,
Brasil,
México,
y ligas europeas competitivas.
Eso modifica la psicología colectiva del jugador ecuatoriano.
Un país “4D”
Quizá el fenómeno ecuatoriano también refleja algo más profundo.
Ecuador es un país pequeño en población relativa, pero extraordinariamente diverso en:
territorio;
pisos climáticos;
culturas;
y formas de adaptación.
Costa, Sierra, Amazonía y Galápagos producen realidades físicas y humanas muy distintas.
La Sierra aporta:
altura,
resistencia,
adaptación metabólica,
y una cultura de disciplina territorial.
La Costa aporta:
explosividad,
velocidad,
improvisación,
y masividad futbolera.
La Amazonía aporta:
resiliencia,
territorialidad,
y una conexión física distinta con el entorno.
Ese cruce produce un tipo de jugador muy particular.
Algunos entrenadores internacionales ya han descrito al futbolista ecuatoriano como uno de los perfiles atléticos más interesantes del fútbol contemporáneo.
Y además existe otro factor silencioso: estabilidad.
La dolarización y el fútbol
La dolarización del Ecuador en el año 2000 transformó muchas dimensiones económicas del país.
El debate político sobre sus efectos continúa abierto, pero existe un elemento difícil de ignorar: durante más de dos décadas Ecuador operó dentro de un marco monetario mucho más estable que buena parte de América Latina.
Eso tuvo impactos indirectos también en:
clubes;
exportación de jugadores;
contratos;
financiamiento;
planificación;
y profesionalización.
El fútbol moderno depende enormemente de estabilidad organizacional.
Y eso aparece cada vez más visible en Ecuador.
El Mundial de 48 equipos cambia la lógica competitiva
El nuevo formato FIFA altera además la dinámica tradicional.
Con 48 equipos, 104 partidos, y clasificación de mejores terceros, la varianza competitiva aumenta.
Eso favorece particularmente a:
selecciones compactas;
equipos resilientes;
grupos jóvenes;
y países con fuerte cohesión emocional.
El Mundial largo exige:
rotación;
profundidad;
recuperación;
adaptación climática;
viajes;
y resistencia psicológica.
Ahí aparecen oportunidades nuevas para países históricamente considerados “outsiders”.
El Pacífico americano y una nueva centralidad
También resulta interesante observar cómo el eje Pacífico de las Américas adquiere cada vez más relevancia futbolística.
Desde:
Canadá,
Estados Unidos,
México,
Colombia,
Ecuador
hasta incluso conexiones transpacíficas con Asia,
el Mundial 2026 parece consolidar una nueva geografía deportiva.
Nueva York, Dallas, Los Ángeles, Seattle, Vancouver, Guadalajara y Ciudad de México formarán un corredor gigantesco de movilidad humana, medios, economía y cultura.
La escala será inédita.
Más que fútbol
Jorge Valdano definió alguna vez al fútbol como “la cosa más importante entre las menos importantes”.
La frase sigue teniendo sentido.
Porque el fútbol raramente resuelve los problemas del mundo.
Pero sí logra algo extraordinario:
suspender momentáneamente fronteras;
crear conversación;
activar comunidad;
y recordar que millones de personas todavía son capaces de emocionarse juntas por algo positivo.
En tiempos de fragmentación global, eso ya es muchísimo.
Y quizá por eso el Mundial 2026 genera tanta expectativa: porque llega en un momento donde el planeta necesita, aunque sea por algunas semanas, volver a sentirse conectado alrededor de algo compartido.
Roberto F. Salazar-Córdova
Economista Andino
Hexagon Group Lat-Am | UK-Global
Red Santa Cruz | Sierra|ANDES




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