POLITICA SOCIAL ECONOMICA CHILENSIS: I
- ROBERTO SALAZAR CORDOVA

- hace 3 horas
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Esta es una primera entrega de una serie de análisis que haremos en torno a las interesantísimas reformas sociales que se están generando desde la economía y la hacienda pública chilena en el lustro 2025 a 2030.
Comenzamos por el debate sobre el instrumento de medición de pobreza y desigualdad (Encuesta CASEN) y la toma de medidas laborales que miran hacia un mundo digital futuro.
CASEN Y FERIADO: CHILE VUELVE A PREGUNTARSE CÓMO CRECER
Pobreza, FGT, crecimiento, redistribución y el regreso de una antigua discusión económica
Por Roberto F. Salazar-Córdova
Economista
Experto en Políticas Sociales

El Cambio es de Fondo
Chile está cambiando nuevamente de política económica.
Esta vez el cambio es revolucionario de verdad frente a aquello que ha venido haciendo la OCDE. Chile apunta hacia donde debe caminar este conglomerado en tiempos de la Cuarta Revolución Industrial (Tech).
Esa afirmación constituye el punto de partida necesario para comprender dos controversias que, vistas aisladamente, parecen menores: la discusión del Presidente José Antonio Kast sobre las cifras de pobreza de la CASEN y el debate económico alrededor de un eventual feriado adicional del 17 de septiembre.
Ambas pertenecen a una discusión bastante mayor.
El Pasado se deja Atrás
Desde 1990, Chile construyó distintas combinaciones entre mercado, crecimiento, tributación, regulación y política social.
La primera Concertación administró y corrigió la arquitectura económica heredada de las reformas realizadas entre 1973 y 1990.
Las siguientes coaliciones fueron aumentando progresivamente el peso de las políticas distributivas, la regulación y las transferencias.
Después llegaron nuevas configuraciones políticas desde la centroderecha hasta la izquierda, culminando en un período en que la discusión pública colocó crecientemente al Estado, los derechos sociales y la redistribución en el centro de la política económica.
El gradualismo asfixió la estabilidad y no redujo la desigualdad, pero ahuyentó el crecimiento.
Chile se hartó del estancamiento y miró hacia la derecha tradicional, que recordaba aún lo que le funcionaba al viejo Chile y era capaz de diseñar lo que necesitaría el nuevo Chile para volver a ser la marca país más reconocida desde el mundo de la innovación social y económica.
El 2026 desconectará el péndulo.
El gobierno de José Antonio Kast representa una derecha diferente de la centroderecha que gobernó anteriormente sin despegarse, por miedo, de la Concertación y sus hijos.
Su discurso económico recupera una memoria que durante décadas permaneció políticamente encapsulada: aquella que asocia el desarrollo chileno con apertura, inversión, iniciativa privada, disciplina fiscal, incentivos, competencia y crecimiento.
El Primer Logro
La reforma económica aprobada durante estos primeros meses de gobierno hace tangible ese cambio.
La reducción gradual del impuesto corporativo desde 27% hasta 23%, la invariabilidad tributaria y los mecanismos destinados a estimular grandes inversiones expresan una modificación concreta de los incentivos económicos.
Esto, de ningún modo, significa regresar mecánicamente a 1973-1990. Significa caminar hacia el verdadero siglo veinte y uno...
Apuntando al Siglo XXI
La experiencia económica chilena de 1973–1990 fue mucho más compleja que cualquiera de las caricaturas construidas posteriormente.
Fue liberalización comercial, privatizaciones, profundas reformas institucionales y una transformación de la estructura productiva; también atravesó la crisis de 1982 con intervención bancaria, y fases de desempleo alto y una posterior reformulación pragmática y exitosa de un programa que sentó las bases para terminar con éxito aplaudido globalmente al cierre del siglo veinte.

Hoy miramos hacia 2050
La pregunta relevante para los cinco lustros 2026-2050 consiste en determinar qué elementos de la actual estructura económica siguen siendo útiles cincuenta años después, cuáles han sido posteriormente útiles y qué instrumentos requiere hoy una economía perteneciente a la OCDE.
Y justamente ahí aparecen CASEN y el feriado.
Los fuegos de la mega reforma se abren ahora. Quiroz, ministro de Hacienda, citaba bien a Churchill al decir que la votación en el Legislativo no era el principio del final, sino solo el final del comienzo.
Este arranque corre detrás de ambos debates. Allí existe una pregunta que Chile discutió intensamente durante la transición de los 90s hacia este siglo, y que Osvaldo Larrañaga estudió tempranamente desde ILADES: ¿cuánto de la reducción de la pobreza proviene del crecimiento y cuánto de la redistribución?
Esa pregunta vuelve a ser extraordinariamente actual.
Volver a Crecer
Durante los 2000, los 2010 y la mitad de los 2020, Chile intentó combinar ambas opciones sin éxito en ninguna.
Desde 2020, gracias a la Pandemia, Chile pudo contar con suficiente información, microdatos, capacidad econométrica de redes neuronales y experiencia comparada, digitalizada, globalmente, para evaluar qué fue lo que no funcionó, estructuralmente.
CASEN se quedó a la zaga, como encuesta frente a la velocidad de otras fuentes de datos. Y sí, al parecer, si hay algo que no está funcionando es el instrumento.
Así como durante 40 años no se redujeron impuestos, tras 40 años se pone en entredicho la Encuesta CASEN, desde el Primer Mandatario, directamente, quien cuenta con data de la realidad en tiempo real.
¿Kast, desde la data de un Estado digitalizado tras la pandemia, tiene la película y CASEN es apenas una secuencia de fotos que debe acondicionarse?
¿Está mal CASEN?
La respuesta requiere bastante más que mirar la tasa oficial de pobreza.
Necesitamos volver a Foster, Greer y Thorbecke, medidos con data real en los mercados y las entidades.
Necesitamos, sí, una evaluación forense de P₀, P₁ y P₂; pero ante todo, necesitamos separar nichos de crecimiento de nichos de redistribución y usar contra-fácticos.
Necesitamos distinguir ingreso autónomo de transferencias monetarias en tiempo real. Necesitamos medir errores de inclusión y exclusión con data de bots. Necesitamos observar qué ocurre antes y después de la intervención estatal con funciones de reacción de compra y venta en áreas automatizadas de la economía. Y necesitamos preguntarnos algo que pocas veces aparece en la discusión política chilena: ¿cuánto bienestar adicional obtiene Chile por cada peso que redistribuye y finalmente se puede medir en el marhen de forma instantánea?
Hay data, por ejemplo, sobre el Ingreso Familiar de Emergencia. ¿Qué nos dice CASEN, con su foto tardía sobre la transferencia, si estamos aún a tiempo de medir lo que pasó en los mercados de televisores y autos?
¿Qué pasó con los retiros 1, 2 y etc?
Esa es una pregunta de economía. ¿CASEN nos permite hacerlo?
Y desde ella podemos analizar tanto la CASEN como, sorprendentemente, un feriado, como un evento de control para conocer la función de reacción de la economía real frente a un shock exógeno de política estatal.
Hay dos datos especialmente fuertes: CASEN 2024 estimó pobreza nacional en 17,3%, con error estándar de 0,2 puntos e IC95% de 16,9%-17,7%; pero en ruralidad subía a 23,2%, frente a 16,5% urbano. Por otro lado, CEPAL encontró que entre 2022 y 2024 el Gini apenas pasó de 0,438 a 0,435, mientras atribuía −1,8 puntos porcentuales de la variación de pobreza a remuneraciones asalariadas y sólo −0,2 a transferencias corrientes.
Cabe preguntarse sobre la efectividad del funcionariado público, o cabe recoger la duda de dicha institucionalidad sobre los instrumentos con los que trabaja.
La crítica es interna: de los operarios en los corredores de las entidades: eso permite formular una crítica a CASEN mucho más sofisticada que decir que la encuesta está “mal”: P₀ puede estar bien estimado estadísticamente y, al mismo tiempo, resultar insuficiente para describir la dinámica económica de la pobreza. Foster, Greer y Thorbecke construyeron precisamente una familia de medidas aditivamente descomponibles para superar esa limitación. Eso nonse está usando, y no se está midiendo su dinámica.
Larrañaga aplicó hace rato la descomposición crecimiento/redistribución a las CASEN 1987, 1990 y 1992, encontrando evidencia robusta —para distintas medidas de pobreza y subperíodos— dictaminando que el crecimiento fue el principal motor de aquella reducción de pobreza.
Usando su intuición, podemos proyectar sobre IFE/retiros con respaldo cuantitativo mucho mejor del que teníamos antes de la pandemia. De hecho: un trabajo del Banco Central usando datos municipales estima que tanto las transferencias de emergencia como los retiros previsionales tuvieron efectos estadísticamente significativos sobre consumo, con una propensión marginal a consumir promedio cercana al 20%, y con una respuesta especialmente intensa en bienes durables. Esto permite preguntar exactamente lo que plantea este texto: ¿qué parte del shock terminó en consumo, ahorro, activos, importaciones, comercio local o inflación? CASEN sola no fue diseñada para identificar causalmente esa función de reacción.
Lo que Viene...
Este artículo abre una investigación relevante.
Desde aquí desarrollaremos evidencia en torno a las preguntas formuladas.
Lo haremos en futuras entregas, como Red, con una estructura econométrica capaz de poner primero en valor la data digital, y con ella, colocar a CASEN "bajo el microscopio”: FGT(0), FGT(1), FGT(2), errores estándar, diseño muestral, intervalos de confianza y sensibilidad a la línea de pobreza.
Segundo, volveremos hacia Larrañaga y la descomposición crecimiento versus redistribución y "Datt-Ravallion".
Tercero, nos preguntaremos mirando hacia adelante en 30 años “¿Dónde quedaron y dónde quedarían los 300 pesos?”: targeting, leakage, errores de inclusión/exclusión y eventual captura, formulada como hipótesis contrastable y no como acusación, como se manejó el MEPCO al mal llamar su ajuste como "Bencinazo" desde los políticos y los medios, sin datos, o con datos inútiles.
Cuarto, haremos comparaciones con OCDE, sobre lo que están haciendo con micro-data y distribuciones de datos para generar correcciones distributivas y de crecimiento que apuntalen la estabilidad, en tiempos de demanda social por derechos con estancamiento e inflación global.
Quinto, llegaremos a “El feriado como experimento natural”, psrs mover la aguja y analizar funciones de reacción: pérdida de producción versus sustitución temporal, turismo y transferencia urbano-rural.
Finalmente, haremos un artículo resumen con una conclusión sobre el nuevo régimen económico chileno en tiempos tech donde lo que manda son las Cross-Sector Partnerships alimentadas por datos de elección social, racional y pública bajo teoría de juegos dinámica y probabilística, a la inglesa.
Hay, en esta marathon investigativa, un hallazgo contemporáneo esperado que vale la pena incorporar con cautela a nuestra literatura propia: un estudio econométrico reciente utiliza synthetic control y un modelo estructural bayesiano para estudiar la desaceleración chilena desde 2014 y atribuye al cambio interno de políticas una fracción sustancial del deterioro respecto del contrafactual.
Es una pieza interesante para contrastar, no una verdad establecida, pero encaja exactamente con nuestra serie de preguntas sobre cambios de régimen y quiebre estructural.
Quizá las encuestas llevan histéresis de opinión, pero la data reciente del Banco Central, tras cinco meses consecutivos de contracción que encendieron las alarmas de una recesión técnica, muestra un Imacec de junio que registró un repunte anual de 2,4%, rompiendo la tendencia negativa y alejando dichos temores.
Esta serie nos debe alentar hacia investigar preguntas sobre algo ambicioso: ¿Chile está entrando en 2026 en su cuarto gran régimen económico desde 1973, y CASEN constituye precisamente uno de los primeros lugares donde ese cambio de paradigma está chocando con la forma en que el período anterior entendía y medía el bienestar?





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