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BAJAR LAS TASAS DE INTERES...

Bajar las Tasas de Interés



Bajar las Tasas de Interés



La tasa de interés es el precio que se paga por recibir dinero prestado. El dinero es como cualquier otro bien que se transa en la economía. En el mercado de dinero, hay oferta y demanda, y dicha oferta dependen de efectos de escala y costo de oportunidad. La escala es el ingreso, y el costo de oportunidad la tasa de interés.

A mayores oportunidades diferentes y mayor demanda productiva de uso del dinero, mayor es la tasa solicitada por los oferentes de dinero.

Por otro lado, en la demanda por dinero, es la productividad del mismo, del capital, lo que cuenta para encontrar un motivo para pagar mayor tasa. A mayor productividad del capital, mayor disposición a pagar una tasa por parte de los demandantes de dinero.

En finanzas, el costo de oportunidad y la productividad del dinero tienen componentes de riesgo, que elevan la tasa de interés, pues desde el lado de los oferentes existe el riesgo de no recuperación, que se debe repartir entre quienes sí pagarán; por otro lado, desde el lado de la demanda está el riesgo de quiebra, que obliga a hacer provisiones, estando dispuesto el promotor de un proyecto, el emprendedor, o el inversionista, a colocar una tasa mayor de descuento en sus flujos, como forma de apalancarse financieramente de modo de tener capital de trabajo y no tener crisis de liquidez que puedan mantenerse a través del tiempo y convertirse en crisis de solvencia.

La tasa de interés, por todos estos elementos, es un tema técnico, que debe manejarse con lógicas de mercado financiero y de dinero, capitales y se debe fijar en forma competitiva, al permitir que los bancos nacionales y locales compitan con internacionales, de modo que la tecnología de gestión del riesgo sea la que permita trasladar excedentes hacia los consumidores y los productores, los hogares y las empresas, de modo que al caer la tasa de interés, por caída de riesgo, por ejemplo de riesgo país, incentive la reactivación de la producción nacional vía aumento del consumo y aumento de la inversión.

Muchas veces la falta de competencia impide que los precios del dinero, como en todo monopolio, se mantengan artificialmente altos, al existir colusión y carteles financieros, que pactan tasas, y al existir también imperfecciones del mercado que no son correctamente reguladas, al existir capturas de los reguladores, al darse puertas giratorias que se deben combatir: aquellas en las que los dueños del capital son un día miembros de directorios de entidades financieras, otras veces académicos, y muchas veces autoridades.

Cuando dicha captura ocurre, se produce un problema de riesgo moral, y un problema de agencia, que extrae el excedente de los consumidores y lleva a estallidos sociales, al fallar el estado en sus responsabilidades de garantizar competencia regulada en beneficio del bienestar de las familias y las empresas, la economía y la paz social.

Muchas autoridades políticas conocen estas dinámicas no solo financieras o económicas, sino políticas y sociales, y buscan la forma de encontrar un equilibrio múltiple que permita a los países balancear la libertad de mercado con la regulación desde el estado. Si la última falla, generalmente se pierde la primera, y es en esas condiciones que la excusa “técnica” pasa a ser inconveniente para los dueños del capital, que en un juego repetido, eligen de manera voluntaria y libre aceptar la regulación y muchas veces incluso auto-regularse, bajo normas éticas que vayan acorde al aumento del conocimiento y el capital social respecto a las finanzas no solo públicas, sino privadas, y no solo urbanas sino rurales.

Cuando los mercados se abren no solo al crédito internacional, sino a la inversión global, y no solo en lo tradicional, sino en lo tecnológico, se producen mayores efectos de competencia, que terminan destruyendo los carteles y generando mercados más extendidos y más acordes con los micro-fundamentos con los cuales opera la economía, logrando que los incentivos a producir sean los que dominen el día a día, y no se pierda el tiempo en la calle, en peleas sociales a causa de una sensación de falta de horizonte.

En ese sentido, es saludable siempre optar por el diálogo técnico y social, económico y político, desde el estado o desde el mercado, pero también desde la sociedad civil, de modo de corregir los problemas estructurales e históricos por procesos de acuerdos nacionales que orienten y guíen no solo la paz, sino el desarrollo sostenible de los países.


Roberto F. Salazar-Córdova

CFO, Red Santa Cruz

Inversores de Impacto



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