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BUSCAR EL CIELO

Este artículo lleva mi nombre porque integra mi actual lema vital con el Domingo del Sermón de la Montaña como respuesta civilizatoria frente a las barbaridades de un mundo simbolizado por Epstein.


Ora et labora, urbi et orbi, per saecula saeculorum


El Sermón de la Montaña como respuesta al colapso moral de nuestro tiempo


Por Roberto F. Salazar-Córdova

ADN@+



Vivimos en un mundo que exhibe, sin pudor, sus zonas más oscuras. Casos como el de Jeffrey Epstein no son una anomalía aislada, sino el síntoma extremo de una cultura que separó poder de virtud, riqueza de responsabilidad y libertad de verdad. No se trata solo de crímenes individuales, sino de un colapso moral: cuando todo se compra, incluso las personas, la civilización retrocede.


Frente a ese mundo, mi lema de vida —Ora et labora, urbi et orbi, per saecula saeculorum— encuentra su fundamento ético y espiritual en el Sermón de la Montaña (Mt 5–7). No como ideal inalcanzable, sino como arquitectura moral capaz de reconstruir personas, instituciones y economías.




1. Bienaventuranzas: el reverso del poder depredador


El Sermón de la Montaña comienza declarando bienaventurados a los pobres de espíritu, los mansos, los misericordiosos, los limpios de corazón. Es el reverso exacto de la lógica depredadora: donde el mundo idolatra dominación y placer, Jesús propone humildad, dominio de sí y misericordia. No es debilidad; es orden interior. Sin ese orden, el poder se vuelve abuso.



2. Verdad, pureza y dignidad humana


“Bienaventurados los limpios de corazón” no es moralismo: es defensa radical de la dignidad humana. El mundo de Epstein cosificó cuerpos; el Sermón restituye personas. Donde hay pureza de corazón, nadie es medio, todos son fin. Esta es la base de cualquier ética pública seria.



3. Justicia que supera la ley mínima


Jesús no propone abolir la ley, sino llevarla a su plenitud. La justicia que “tarda pero llega” no se agota en el castigo; busca reparar y prevenir. El Sermón exige coherencia entre interior y exterior: sin conversión del corazón, la ley se instrumentaliza. Así nacen las redes de impunidad.



4. Economía del don frente a la economía del abuso


“Donde está tu tesoro, allí está tu corazón.” El Sermón introduce una economía del don frente a la economía de la captura. No niega el trabajo ni la riqueza; ordena los fines. Aquí encaja ora et labora: la oración orienta las preferencias; el trabajo organiza los medios. El resultado es una economía al servicio del bien común, no del vicio.



5. Urbi et orbi: una santidad pública


El Sermón no es intimista. “Ustedes son la sal de la tierra… la luz del mundo.” La santidad es pública porque el bien tiene efectos sociales. Mi lema añade urbi et orbi para subrayar que la fe auténtica construye ciudad y cuida el mundo. La indiferencia moral es cómplice del abuso.



6. Per saecula saeculorum: perseverar cuando el ruido miente


El mal se propaga con ruido; la verdad avanza con constancia. Per saecula saeculorum nombra la perseverancia: hacer lo correcto una y otra vez, aun cuando la mentira sea viral. Las fake news no vencen a la verdad; la retrasan. La verdad, vivida en caridad, libera.



7. Familia: escuela de bienes eternos


El Sermón se aprende primero en familia. Allí se descubren bienes no rivales —amor, perdón, fidelidad— que crecen al compartirse. En familia se es “consumidor” de vida infinita: se recibe un don que no se agota. Esta es la antítesis cultural del abuso.



Conclusión


El mundo no se corrige con cinismo ni con violencia moral. Se reordena con una arquitectura del bien. El Sermón de la Montaña ofrece esa arquitectura; mi lema la resume en práctica cotidiana:


Ora et labora, urbi et orbi, per saecula saeculorum.


Rezar para orientar el corazón. Trabajar para ordenar los medios. Vivir el bien en lo público. Perseverar en el tiempo.


Así se responde, con civilización y esperanza, a las barbaridades de nuestro tiempo.



 
 
 

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