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EL OTRO EJE: ... 1

Actualizado: 10 sept 2020


"Eso no las hacía malignas. Si vivían en pobreza bien podía ser por opción: lujos de los tiempos post modernos. Si se quería envejecer en vida en lugar de amar se podía también optar por aquello..."





UNO


Él era un hombre bueno, acomodado, joven, con buen humor y valiente. ¿Qué más se podía pedir?


Ella era una mujer maligna, pobre, vieja, iracunda y cobarde. ¿Qué peor persona podía ser?


Bueno, la primera persona podía ser una mujer y la segunda un hombre. ¿Qué más real quisiera el mundo que las cosas fueran?


Curiosamente, en la realidad, y en todo, ambos podían ser cualquier cosa, menos en lo primero.


Graciosamente, en la último tampoco, o se era lo uno o se era lo otro.


En el planeta no había espacio para el cambio de sexos ni para el cambio de bandos.




Era, además, primavera; era el tiempo de florecer, de generar vida.


Pronto sería un mes en el cual se tendría que optar por algo en lo que no había ambajes; había que ser varón y tener los huevos para pararse a soportar el dolor sin gemir siquiera. "Después es sin llorar" le decían al joven acomodado de buen humor y valiente quienes le pedían que sea lo que era: un real varón.


Las chicas eran más fuertes en los tiempos en los cuales el joven vivía.


Eso no las hacía malignas, y si vivían en pobreza bien podía ser por opción (lujos de los tiempos post-modernos), y si se quería envejecer en vida en lugar de amar, se podía también optar por aquello.


Se lo podía hacer con iracundia, mostrando las tetas, sí. Los pechos al aire, como listas las dos mamas no para alimentar a nadie, sino para dispararse cual armas de "Afrodita" en una vieja serie de animados japoneses.




Cero cobardía.


Se vivía en un mundo sin cobardes. De valientes rotos en dos, en tres, en mil pedazos. Un mundo hecho pedazos que quería volverse infinito, dos, tres veces infinito. Igual, el infinito podía dividirse en infinitos de infinitos y podía seguir siendo infinito. No importaban los segundos ni los días. Si se moría, se moría luchando, con las botas puestas, por la causa que fuera necesaria, incluso la del imposible de ser un gato dentro de una caja mientras se la podía mirar desde afuera.



Los chicos hacían bromas en este mundo, sobre las valientes.




Eran ajenos a la brujería.


Estaban vacunados por el amor de sus madres, machistas ellas, o no machistas, pero llenas de amor ellas. Hacia sus varones, sus Edipos. No les faltaron cariños a los niños. A ellas, no siempre les quedó eso, salvo que tuvieran suerte y crecieran en un nido con un padre que tuvo una gran madre. Pero: ¡Alto! … ¿No se suponía que todos los varones fueron amados?


¿Quizá el amor se fue “al chancho” y los arruinó?



Qué importa. Habíamos quedado en que no había más que amor de los unos hacia los otros, posibilidad natural de reproducirse y habilidad infinita de matarse entre sí sin más, sin cobardías.




La burbuja se iba rompiendo, en todo caso.


  • Todo se iba a aprobar, quizá podía rechazarse todo.

  • El conflicto era inminente.

  • No había espacio para cobardes, decíamos.


Había que estar dispuestos a morir para que resucite la causa, y florezca la vida a partir de la semilla, como pasa siempre en la naturaleza.


La mejor fruta es la que cae en suelo fértil y se consume para dar pasos a nuevos brotes...


 

Continúa ...


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1件のコメント


Roberto F. Salazar Córdova
Roberto F. Salazar Córdova
2020年9月08日

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