
Hacia el 18
¿Hacia el 18 de desempleo?
¿Qué pasa si se llega a 18% de desempleo?
Roberto F. Salazar-Córdova, Economista
Chile tiene un problema de empleo. En el trimestre mayo-julio de 2026, el desempleo llegó a 9,5%, 0,8 puntos más que un año antes. La fuerza de trabajo aumentó 0,7%, pero los ocupados disminuyeron 0,2%; los desocupados crecieron 10,4% y quienes buscaban trabajo por primera vez, 20,9%. No estamos en 18%. Pero la pregunta económica relevante es qué combinación de fuerzas podría llevarnos hacia allá.

Partamos de una hipótesis inicial que es dura de aceptar pero deliberadamente sencilla de formular: mientras más digitalizada es una economía respecto de su población, mayor puede ser su desempleo durante el proceso de sustitución tecnológica.
La investigación muestra que la intuición contiene un problema real, aunque la relación es bastante más compleja que una relación directa y única.
El Andamiaje
Tecnología, migración, salarios reales, crecimiento, informalidad, capital humano y regulación laboral actúan simultáneamente. El peligro aparece cuando varios de ellos empujan en la misma dirección.
I. El viejo problema vuelve con tecnología nueva
El modelo competitivo clásico parte de una idea conocida: la demanda de trabajo disminuye con el aumento del salario real y la oferta aumenta con él. Con salarios y precios suficientemente flexibles, el salario real ajusta hasta vaciar el mercado. Si hay rigideces, se borra el mecanismo de ajuste automático. El desempleo involuntario persistente exige entonces explicar por qué ese ajuste no ocurre.
Keynes tiene buena parte de la culpa. Keynes y los keynesianos de izquierdas y derechas: los políticos. Han logrado desplazar el problema hacia la insuficiencia de demanda agregada y hacia el Estado como medio y fin.
Sume usted 9 puntos de desempleo causados por los políticos y 9 puntos causados por la tecnología y tiene su 18...
¿ES ESTO ASÍ?
La literatura clásica y contemporánea ha concretado los salarios de eficiencia, búsqueda y matching, negociación colectiva, insiders y outsiders, capital humano, costos de contratación y despido, salario mínimo, impuestos al trabajo y seguros de desempleo.
Sume a esto la Cuarta Revolución Industrial, la tecnológica digital, que incorpora ahora otra curva al problema: modifica directamente la demanda de determinadas tareas.
Una empresa que puede producir lo mismo con diez personas en lugar de doce tiene un incentivo económico para hacerlo. La innovación también crea nuevas tareas, empresas y empleos; por eso el resultado agregado no tiene un signo predeterminado. La cuestión decisiva es si los nuevos puestos aparecen suficientemente rápido y si quienes pierden los antiguos pueden ocuparlos.
El Rol de las Rigideces
El BID encuentra precisamente esa heterogeneidad en América Latina. La automatización afecta empleo, salarios y distribución, y las industrias intensivas en tareas rutinarias presentan mayor exposición. Su estudio abarca Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú. Otro trabajo del BID encuentra incluso efectos internacionales: la automatización estadounidense tuvo efectos negativos sobre empleo y salarios en Brasil y Colombia, pero positivos sobre empleo en México.
Por tanto, tecnología no significa automáticamente desempleo. Significa un shock sobre la estructura de la demanda de trabajo.
Volverse rígidos es el problema. Fluir es el juego.
II. La hipótesis
La primera hipótesis que someto a prueba y reporto en lo que sigue es:
H1: a mayor inversión digital por habitante, mayor desempleo, manteniendo constantes las demás condiciones.
La especificación inicial sería:
Desempleo = f(tecnología per cápita, ingreso per cápita, pobreza).
Después incorporemos los controles que exige la teoría:
Desempleo = f(tecnología, PIB per cápita, pobreza, crecimiento, salario real, informalidad, regulación laboral).
Finalmente probemos la interacción:
Tecnología × regulación laboral.
La intuición es importante. Una economía puede absorber rápidamente un shock tecnológico si los salarios relativos, las empresas y los trabajadores pueden ajustarse. Si simultáneamente existe escasez de capacidades, elevados costos de transición o instituciones mal diseñadas, la reasignación puede demorarse y el desempleo puede subir a tasas antes impensadas.
La OCDE lo plantea de manera semejante: la protección laboral cumple funciones de seguridad importantes, pero cuando está mal diseñada puede reducir la capacidad de las empresas para responder tanto a fluctuaciones de demanda como a cambios estructurales.
III. ¿Cómo Resolver?
En la regresión transversal simple, latinoamericana, sin controles, el coeficiente de inversión digital per cápita es positivo: a mayor digitalización mayor desempleo, pero no algo directo que sea significativo:
β tecnología = +0,066
R² = 0,149
p = 0,288
El signo coincide con la hipótesis: US$10 adicionales de inversión tecnológica por habitante aparecen asociados con aproximadamente 0,66 puntos adicionales de desempleo. Pero no es estadísticamente significativo.
Introduciendo ingreso per cápita y pobreza multidimensional, el coeficiente tecnológico continúa positivo, pero cae:
β tecnología = +0,011
p = 0,883
R² del modelo = 0,480
Al incorporar además crecimiento económico:
β tecnología = +0,020
p = 0,762
R² = 0,578
Y al agregar protección del empleo:
β tecnología = +0,029
β regulación = +0,642
R² = 0,592
p global ≈ 0,025
Los signos de tecnología y regulación son positivos, pero individualmente no resultan significativos.
Probamos entonces algo más exigente: interacción multiplicativa...
Tecnología × regulación.
La interacción tampoco resultó estadísticamente significativa.
No corresponde, por tanto, afirmar que en nuestra pequeña muestra latinoamericana se pueda demostrar con datos que la digitalización está causando el desempleo.
Pero tampoco corresponde concluir lo contrario. El ejercicio descubre un problema de medición de la literatura recientemente usada.
IV. Estamos midiendo tecnología con una regla demasiado gruesa
La inversión en telecomunicaciones es infraestructura habilitante. No es automatización.
Una empresa puede invertir millones en conectividad y lógicamente va a contratar trabajadores. Otra puede comprar una aplicación relativamente barata y eliminar cientos de miles de horas de tareas administrativas, como defensa si no está bajo ambientes rígidos que se lo impidan (para no quebrar).
La variable relevante no es solamente cuánto capital digital existe por habitante. Es cuánto trabajo humano puede sustituir ese capital.
La literatura reciente va precisamente hacia allá. El BID utiliza cuatro índices distintos de exposición ocupacional a inteligencia artificial en 14 países latinoamericanos y encuentra diferencias importantes según ocupación y trabajador; además ajusta por informalidad, salarios y cobertura sindical. Eso cambia la ecuación.
Lo que genera el efecto multiplicativo dieciochero al medirse es:
Presión tecnológica = automatización + IA + software + robotización + digitalización empresarial.
La rigidez surge al comparar la tendencia con la falta de acuerdos para mejorar la respuesta:
Capacidad de adaptación = educación + habilidades digitales + reconversión + movilidad laboral + creación de nuevas empresas y ocupaciones.
No es una tarea que debamos dejarla en manos de la burocracia.
La variable económicamente efectiva pasa a ser la creación de estrategias para solventar flexibilidades para navegar entre causas.
V. Chile
Aquí la hipótesis de solución adquiere liderazgo.
Chile posee una infraestructura digital avanzada para América Latina. Data revisada por la OCDE encuentra simultáneamente una adopción rápida con déficit considerable de capacidades digitales.
Apenas 11,7% de los adultos alcanza competencia en resolución de problemas en ambientes tecnológicamente intensivos, frente a 32,3% en la OCDE.
Las empresas se adelantan a no contratar o a despedir en lugar de incluir y capacitar y probar.
Aproximadamente 50% de los trabajadores chilenos se encuentra en empleos con alta probabilidad de verse afectados por automatización, en ausencia de innovación para hacer reconversión o crecimiento de masa laboral capacitada para atacar mercados globales.
No hacer uso de los profesionales chilenos para emprender regionalmente es una pérdida de riqueza y oportunidades. Lo que falta es una fábrica de proyectos andinos, por lo menos.
Eso es mucho más relevante que afirmar simplemente que Chile tiene mucha tecnología y exceso de capital humano. Lo que falta es ambición y liderazgo, apetito y organización, redes e instrumentos.
Tenemos trabajadores expuestos y, simultáneamente, insuficientes capacidades para una economía crecientemente digital.
Allí está la llegada al 1.8 en lugar del 18 en desempleo.
RED SANTA CRUZ
La IA de Hexagon Toolkit sumado a URKU acelera esa convergencia a través del Proyecto Sierra|ANDES porque aumenta drásticamente el beneficio de automatizar tareas cognitivas a escala.
Ya no hablamos solamente del robot que sustituye trabajo industrial. Hablamos del software que redacta, calcula, programa, traduce, atiende clientes, clasifica documentos, procesa información y realiza una fracción creciente del trabajo administrativo vía gemelo digital como medio de trazabilidad.
El BID calcula que unos 84 millones de empleos latinoamericanos estarán expuestos a IA en un horizonte de un año, 114 millones a cinco años y 132 millones a diez. Exposición no significa destrucción de esos empleos: muchos serán complementados o transformados. Esa distinción es fundamental para lo que estamos haciendo bajo el ABC para las PACES que nos permite URKU.
Trabajamos desde 2019, en Red preventiva, con el trabajador de alto nivel, profesional, cuya tarea sí desaparecerá, adelantándonos a los hechos: convirtiéndonos en inversionistas de un futuro mejor; la diferencia radica en pasividad vs proactividad entre “transformación tecnológica” y “desempleo”. Todo depende de que creemos otro empleo al cual trasladarse las capacidades, ya como socios.
VI. Elevando el Salario Real con URKU
Aquí, al innovar, flexibilizamos y todo vuelve a la economía clásica.
El salario relevante para la empresa nueva y propia no es simplemente el salario el que recibe el trabajador empresario. Es el costo total de no contratarse ni contratar. Para el trabajador tradicional candidato al desempleo estructural, en cambio, solo importa el salario real neto que obtiene.
Adaptarse o desaparecer del mercado laboral. Entre ambos aparece una cuña.
Si aumenta la productividad tecnológica mientras el costo de emplear personas permanece rígido o crece, la comparación empresarial cambia:
Costo del trabajador / productividad del trabajador frente a Costo de automatización / productividad tecnológica.
La automatización se vuelve relativamente más atractiva si uno mismo es el emprendedor.
De vuelta a los datos
Por eso el salario real debe permanecer en la regresión. Pero debemos tratarlo cuidadosamente porque también es endógeno: el desempleo afecta salarios y los salarios afectan empleo.
La especificación definitiva debe utilizar salario real rezagado y, separadamente, costo laboral total, salario mínimo relativo al salario mediano y costos no salariales.
No basta con decir “salarios altos”. Lo importante es el precio relativo del trabajo frente al capital tecnológico al emprender en Red (Santa Cruz).
VII. Regulación
Hoy no encontramos evidencia suficiente para afirmar que Chile sea excepcionalmente rígido si utilizamos solamente los índices tradicionales de protección frente al despido.
Eso obliga a pensar que Chile es la mejor patria para la pregunta del emprendedor inversor.
La aún favorable regulación laboral chilena no llegó a sucumbir al no cambiar la constitución y al haber pasado la moda refundacional política, afortunadamente, inefectiva.
Gracias a la educación del votante mediano chileno se evitaron formas y retos que de persistir hubieran llevado a un 18% de desempleo multidimensional: indemnizaciones, salario mínimo, cotizaciones, impuestos al trabajo, restricciones contractuales, jornada, negociación colectiva, costos administrativos, judicialización, seguro de desempleo y reglas de contratación y terminación.
Algunas protecciones pueden mejorar la productividad para unos pocos y reducir rotación en capital humano crítico, pero en general y socialmente podían encarecer la creación del siguiente puesto de trabajo y negocio de nueva generación.
La pregunta correcta no es cuánta regulación existe, sino: ¿cuánto cuesta contratar al próximo trabajador cuando una máquina, un algoritmo o un servicio de IA constituye la alternativa?
Ese margen todavía favorece a Chile frente a Ecuador, Bolivia, Argentina, Colombia, Panamá, Perú y Venezuela; Chile es aún el país donde tecnología y desregulación más se encuentran.
VIII. El gran control latinoamericano: informalidad
Existe -de todas formas- una razón para desconfiar de una comparación ingenua entre desempleo chileno y desempleo regional.
América Latina mantiene una enorme economía informal. El índice de mejores empleos del BID estima una informalidad regional de 69% en 2024.
El problema de la informalidad es que inhibe la inversión global y el escalamiento regional. La formalidad chilena es, en eso, una bendición para los Andes.
Eso significa que un shock que en Chile termina registrado como desempleo puede aparecer en otra economía como vendedor ambulante, trabajador familiar, microemprendimiento de subsistencia o empleo informal, o incluso violencia, bandas armadas y ausencia de paz.
La vulnerabilidad es menor en Chile, aún, todavía.
Invertir en Chile para escalar juntos es bajar desempleo sin necesariamente significar pleno empleo.
Puede significar, eso sí, menor ausencia de seguro suficiente para permitirse buscar autoempleo digitalizado
Por eso nuestra investigación definitiva debe estimar simultáneamente por qué se debe escapar empresarialmente hacia Chile, donde es posible salir de desempleo con participación, nula informalidad, cero subempleo y alto salario real.
IX. Hacia el 1.8
Volvamos entonces al título.
Chile está en 9,5%, no en 18%.
El 18% no es mi pronóstico. Es un escenario de estrés si matamos la gallina de los huevos de oro por depender de políticos tropicalizados en lugar de aserranados.
Llegar allí, por sucumbir nuevamente al populismo significaría prácticamente duplicar la proporción de la fuerza laboral que busca empleo y no lo encuentra. No se produciría simplemente porque Chile comprara más tecnología, sino porque compraría malas políticas
Requeriríamos conservadurismo conservacionista, con la coincidencia de varios mecanismos para responder frente a la coyuntura que se vuelve estructura: shock tras shock y tras nuevo shock tecnológico + crecimiento insuficiente + lenta creación empresarial + desajuste de capacidades + costos elevados de contratación + salarios reales incapaces de ajustarse mediante productividad + baja movilidad laboral.
Ésa es precisamente la razón para estudiar el desempleo ahora. No se combate con obra pública y construcción.
El desempleo ya aumentó 0,8 puntos en doce meses. Más preocupante todavía: mientras la fuerza laboral aumentó 0,7%, la ocupación disminuyó 0,2%. Los desocupados crecieron 10,4%.
Una economía puede convivir durante bastante tiempo con esa divergencia antes de reconocer que existe un problema estructural.
X. ¿Qué pasa si llegamos a 18%?
No ocurriría solamente que casi uno de cada cinco integrantes de la fuerza laboral estuviera desempleado.
Cambiaría el funcionamiento de la economía.
Caería el ingreso de los hogares. Disminuirían consumo y recaudación. Aumentaría el gasto asociado a protección social. Se deterioraría la capacidad de pago de hogares endeudados. Trabajadores calificados aceptarían puestos inferiores a su formación. Otros abandonarían la fuerza laboral. Parte del desempleo se trasladaría hacia informalidad.
Y aparecería el mecanismo más peligroso: la histéresis.
Una persona desempleada durante poco tiempo conserva capital humano, redes y conexión con el mercado. Después de períodos largos, pierde experiencia relevante, contactos y capacidad de negociación. El desempleo inicialmente cíclico o tecnológico comienza entonces a transformarse en desempleo estructural.
El 18% sería, por ello, bastante más que el doble de 9%.
XI. Qué hacer para 1.8%
Primero, Chile necesita medir una Brecha Nacional de Adaptación Tecnológica. Cada trimestre deberíamos saber qué ocupaciones están desapareciendo, cuáles crecen, qué tareas están siendo automatizadas, qué capacidades requieren las vacantes y cuánto tarda un trabajador desplazado en encontrar un nuevo empleo.
Segundo, debemos transformar capacitación en reconversión efectiva. La OCDE destaca que Talento Digital para Chile ha mostrado efectos positivos sobre empleabilidad. Hay que llevar esa lógica a escala nacional.
Tercero, el seguro de cesantía debería evolucionar parcialmente hacia un seguro de transición laboral. Intervenir cuando la ocupación comienza a desaparecer resulta económicamente más barato que capacitar al trabajador después de un año desempleado.
Cuarto, hay que revisar la regulación desde el margen de creación de empleo. Cada nueva obligación laboral debería responder una pregunta cuantificable: ¿cuánto modifica el costo esperado de crear el siguiente puesto formal?
Quinto, necesitamos reducir la cuña entre salario recibido y costo laboral sin reducir el ingreso real del trabajador. El objetivo es abaratar el empleo, no empobrecer al empleado.
Sexto, la política tecnológica debe incorporar empleo y productividad conjuntamente. Subsidiar automatización sin financiar capital humano puede acelerar la brecha que intentamos cerrar.
Séptimo, hay que facilitar empresas nuevas. Los puestos destruidos por una tecnología rara vez son recreados exactamente por la misma empresa y en la misma ocupación. La reasignación schumpeteriana necesita emprendimiento, inversión y competencia.
XII. No detener la máquina
La conclusión de esta investigación no es que Chile tenga demasiada tecnología.
Es otra.
La tecnología puede avanzar más rápidamente que la capacidad institucional y humana de absorberla.
Nuestra regresión inicial encuentra la asociación positiva que motivó esta investigación, pero no consigue significancia estadística después de introducir controles. Eso impide convertir una intuición en causalidad.
La literatura, sin embargo, confirma el mecanismo microeconómico: la automatización transforma tareas, afecta empleo y salarios y sus efectos son heterogéneos. La evidencia chilena añade un dato crucial: aproximadamente la mitad de nuestros trabajadores ocupa empleos altamente expuestos al cambio tecnológico mientras las capacidades digitales adultas continúan rezagadas.
Ahí está el tema.
El modelo clásico esperaba que el precio del trabajo ayudara a equilibrar el mercado. La economía moderna agregó instituciones, búsqueda, información, capital humano y demanda agregada. La economía de la inteligencia artificial incorpora ahora algo adicional: la velocidad.
Una máquina no necesita terminar una carrera. Un algoritmo no necesita reconvertirse. El capital tecnológico puede instalarse en semanas. El capital humano tarda años.
Chile está en 9,5%.
El 1.8% no es una predicción.
Es la pregunta que deberíamos hacernos antes de descubrir cuánto cuesta llegar hasta allí.





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