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LA "UNIDAD" TRAS 120 MESES. LO QUE HA QUEDADO...

Actualizado: hace 13 horas

La Unidad que Ecuador no consolidó: memoria técnica, lecciones estructurales y vigencia política diez años después


Por Roberto F. Salazar-Córdova

(“Chino Salazar de Quito”)

Fuente oficial: www.adnplus.co.uk


¿Dónde Quedó La Unidad?
¿Dónde Quedó La Unidad?

Hace 10 años, coordiné técnica y efímeramente la "Unidad", un movimiento de convergencia que surgió en medio de fracturas nacionales en Ecuador. El fracaso que tuvimos es evaluado hoy, tras una década, desde Chile, mi país de emigración tras este aprendizaje valiosísimo que me llevó a perder toda esperanza de crear una "Concertación" (a la Chilena) como la que había yo vivido en los 90s en Santiago, cuando aún era un estudiante de postgrado, en economía. En Ecuador lo intentamos desde la fuerza de Pachakutik, el partido político de las nacionalidades y pueblos indígenas, que habían sido muy maltratados entre 2005 y 2015, en un momento previo al fin de la década 2007-2017, que hoy por hoy se considera como la de la más alta polarización que se ha vivido en Ecuador tras la vuelta a la democracia a fines de los 1970s. Tal como se hizo en el Chile de los 1990s, en Ecuador de mediados de los 2010 se buscó un programa mínimo de estabilidad, pero el cálculo electoral de los políticos y las desconfianzas internas dentro del movimiento indígena terminaron debilitando la convergencia.


Introducción


Hace aproximadamente una década, Ecuador atravesó uno de los momentos de mayor polarización política desde el retorno a la democracia. El ciclo de conflictividad social iniciado en 2015 —marcado por protestas, tensiones institucionales y un debate profundo sobre la reelección indefinida— generó incentivos para que diversos actores intentaran construir una alternativa política amplia.


En ese contexto surgió un esfuerzo programático conocido como la "Unidad", cuyo objetivo era articular una plataforma democrática capaz de competir electoralmente y, al mismo tiempo, proponer un marco de gobernabilidad.


El liderazgo político recayó en Jaime Nebot, entonces alcalde de Guayaquil y figura central del municipalismo ecuatoriano. La coordinación política fue asumida por Paco Moncayo, general en retiro, exalcalde de Quito y posteriormente candidato presidencial. Mi responsabilidad fue ejercer la coordinación técnica, estructurando el programa, ordenando los consensos posibles y transformando demandas heterogéneas en un documento operativo.


La iniciativa fue finalmente boicoteada —tanto desde dentro como desde fuera— y no logró consolidarse como plataforma duradera. Diez años después, la experiencia permite evaluar no solo lo que ocurrió, sino lo que revela sobre la arquitectura política del Ecuador.



El contexto estructural


Entre 2014 y 2016 confluyeron varios factores:


  1. Caída del precio del petróleo desde niveles superiores a USD 90 hasta rangos cercanos a USD 30–40.


  1. Apreciación del dólar, que afectó la competitividad externa de una economía dolarizada.


  1. Incremento del endeudamiento público.


  1. Tensiones por las enmiendas constitucionales que habilitaban la reelección.


  1. Propuestas tributarias altamente sensibles, como el impuesto a la herencia.



Este entorno generó una percepción de cierre institucional en amplios sectores sociales y productivos.



La Unidad buscó responder a ese momento con un enfoque programático antes que meramente electoral.


La plataforma de 21 puntos no era enteramente del gusto de nadie, pero todos teníamos al menos un punto en el que podíamos recibir el apoyo de todos, aunque no fuera del agrado de cada uno. Esa era el principio de la Convergencia que se firmó en mi oficina en Quito.
La plataforma de 21 puntos no era enteramente del gusto de nadie, pero todos teníamos al menos un punto en el que podíamos recibir el apoyo de todos, aunque no fuera del agrado de cada uno. Esa era el principio de la Convergencia que se firmó en mi oficina en Quito.

Los 21 principios resumidos en 17 acuerdos de transición.


El documento técnico se organizó alrededor de 17 lineamientos que, leídos hoy, configuran un esquema clásico de estabilización democrática y económica:


Institucionalidad


  1. Reformas constitucionales. Ajustes al texto constitucional para restablecer equilibrios entre funciones del Estado, clarificar competencias y corregir distorsiones que hayan debilitado la gobernabilidad o la seguridad jurídica.

  2. Independencia de funciones. Separación efectiva entre Ejecutivo, Legislativo, Judicial y órganos de control, con mecanismos que impidan interferencias políticas en decisiones jurisdiccionales o de fiscalización.

  3. Recuperación del rol fiscalizador de la Asamblea. Fortalecimiento de la capacidad del Legislativo para controlar al Ejecutivo mediante comisiones técnicas, juicios políticos con debido proceso y seguimiento presupuestario.

  4. Control electoral. Garantías de transparencia en el registro de organizaciones políticas, conteo de votos, financiamiento de campañas y funcionamiento del organismo electoral.

  5. Disolución del Consejo de Participación Ciudadana. Eliminación o reemplazo del mecanismo de designación de autoridades que concentra poder sin representación directa, trasladando esas competencias a procedimientos más institucionalizados.


Economía


  1. Estabilidad macroeconómica. Disciplina fiscal, control del déficit y sostenibilidad de la deuda para reducir riesgo país y asegurar previsibilidad en precios y tasas.

  2. Fortalecimiento de la dolarización. Protección del esquema monetario mediante equilibrio fiscal, liquidez suficiente y reglas claras que eviten presiones sobre reservas y sistema financiero.

  3. Atracción de inversión extranjera. Seguridad jurídica, estabilidad tributaria y simplificación regulatoria para incentivar capital productivo de largo plazo.

  4. Reducción del tamaño del Estado. Revisión de entidades duplicadas, racionalización administrativa y priorización de funciones esenciales.

  5. Contención del gasto público. Control del crecimiento del gasto corriente, evaluación de subsidios y eficiencia en compras públicas.


Estado y seguridad


  1. Delimitación de funciones entre Policía y Fuerzas Armadas. Definición clara de competencias en seguridad interna y defensa, con protocolos coordinados y respeto al marco legal.

  2. Moratoria en la confrontación política. Acuerdo temporal entre fuerzas relevantes para reducir polarización y facilitar reformas estructurales.

  3. Descentralización real. Transferencia efectiva de competencias y recursos a gobiernos locales con responsabilidad fiscal.

  4. Autonomía administrativa. Capacidad de gestión técnica en instituciones públicas sin interferencia partidaria en nombramientos y decisiones operativas.


Derechos y desarrollo


  1. Libertad de ingreso a la universidad. Eliminación de barreras centralizadas de acceso, ampliando cupos y diversidad institucional.

  2. Generación de empleo y producción. Incentivos a sectores productivos, simplificación laboral y promoción de encadenamientos internos.

  3. Educación bilingüe y autonomías territoriales. Reconocimiento de diversidad cultural mediante sistemas educativos propios y gestión territorial con competencias definidas.


En términos técnicos, el programa de 21 principios traducidos en 17 puntos programáticos no era un mix ideológico sino un pacto transicional que aún espera su cumplimiento: buscaba reducir incertidumbre y restablecer equilibrios básicos bajo una lógica parecida a la que usó Chile en su propio proceso de retorno pleno a la democracia en 1990.



Por qué fue boicoteada


Hoy, 10 años más tarde, desde un Chile que abandonó también la Concertación y pronto volverá a su situación de fines de los 80s, puedo evaluar mi -y nuestro- fracaso en Ecuador, y pienso -y digo- que lo "no ocurrido" no se explica por un único factor.


Veamos el ABC del fracaso coyuntural (1) de hace 10 años:


A1. Fragmentación opositora

Los sectores políticos privilegiaron la diferenciación electoral sobre la convergencia estratégica.


B1. Desconfianza histórica

Ecuador ha mostrado dificultades recurrentes para sostener coaliciones amplias; la lógica de corto plazo suele imponerse.


C1. Incentivos electorales

La competencia por candidaturas debilitó la cohesión antes de que el proyecto madurara.


Ahora veamos el ABC del fracaso estructural (2) de hace más de 10 años:


A2. Polarización narrativa

El debate público ha operado y sigue operando en clave binaria —continuidad o ruptura— dejando poco espacio para plataformas intermedias.


B2. Falta de institucionalización de modelos de alianza

La Unidad funcionó más como acuerdo político contra Alianza País que como organización estructurada con mecanismos de resolución de conflictos en Pro de los hogares.


C2: Falta de liderazgo real

Los pueblos indígenas no apuntaron nunca al mercado internacional desde la política, sino que apuntaron a la política estatal desde el liderazgo.


SÍNTESIS


En síntesis, el programa avanzó mal en lo coyuntural y en lo estructural y le faltó corazón productivo, que le sirviera de anclaje empresarial, como se hizo en Chile de forma tan rápida que produjo la confianza suficiente entre sus actores sociales como para producir un cambio cultural.

El rol del liderazgo


Nebot aportaba capacidad de gestión probada y control territorial en la principal ciudad económica del país; sin embargo estaba atado al estado.


Moncayo representaba experiencia estatal y credenciales democráticas; igualmente, no había logrado apoyo de los bancos y las cámaras de industrias ni de comercio.


El componente técnico, que era lo mío, se enfocó en los líderes y los partidos, y no buscaba un acuerdo desde las bases pues no las había.


De eso se habló con Guillermo Lasso, quien no participó de la Unidad, y fue El quien acogió el principio del trabajo en territorio, junto a César Monge (+), quien logró precisamente el éxito electoral posterior al evitar que la plataforma muriera históricamente, infundiéndole un espíritu a la agenda, para que siguiese viva luego de la "Muerte Cruzada" y derivara en una alianza ya no solo meramente electoral.


César nunca participó de la Unidad, pero llevó sus contenidos a las bases y validó el modelo en lo electoral.
César nunca participó de la Unidad, pero llevó sus contenidos a las bases y validó el modelo en lo electoral.

Lo que hizo Monge quedará grabado en la historia latinoamericana, pues muestra que sin arquitectura institucional, incluso los liderazgos fuertes enfrentan límites.


Con la muerte de César, los acuerdos de fondo volvieron a fojas cero y vino luego la caída de Guillermo Lasso, y el actual liderazgo de Daniel Noboa, que da señales de agotamiento, nuevamente, por no ir hacia las bases y quedarse meramente en las élites, al ser solo su ADN lo que prima y no abrirse al ADN@+ siempre positivo de las comunidades.


Diez años después: qué se confirmó


Una revisión objetiva sugiere que varios temas centrales de aquel programa siguen presentes en la necesidad ecuatoriana, cuando al estado le falta casi 20% del PIB como financiamiento inexistente para su presupuesto general del estado 2026:


  1. Seguridad jurídica como condición de inversión.

  2. Disciplina fiscal.

  3. Necesidad de crecimiento sostenido.

  4. Fortalecimiento institucional.

  5. Profesionalización del Estado.


No se trata de validar retrospectivamente una agenda, sino de observar la persistencia de ciertos problemas estructurales.


Cuando los diagnósticos reaparecen década tras década, la señal es clara: el desafío es sistémico.


La principal lección


La experiencia de la Unidad nos debe dejar una enseñanza técnica relevante:


La gobernabilidad no se improvisa en año electoral.


Las Políticas de Estado se construyen con anticipación: reglas claras y acuerdos que trasciendan a las personas.

Las democracias estables, como la Chilena, sobreviven a los "Estallidos" y gobiernos fallidos, a las intentonas de hojas en blanco y las revoluciones vacías porque operan sobre coaliciones previsibles; las democracias volátiles dependen de equilibrios momentáneos.


Ahí está el detalle.


Ecuador ha oscilado entre ambos estados: estallido e intentona. Así, no se llega a ningún lado.


Una reflexión desde el presente


El país enfrenta hoy un entorno global más complejo que el de 2015:


  • tasas internacionales más altas,

  • mayor competencia por capital,

  • reorganización geopolítica,

  • presión migratoria regional,

  • economías más integradas digitalmente.


En este escenario, la fragmentación política tiene costos económicos directos, en un mundo en el que desde la Administradora de Inversiones de Impacto "Red Santa Cruz", en Chile, hemos aprendido -en 10 años de trabajo regional y global- que la inversión no solo evalúa retornos; evalúa estabilidad.


Lo que permanece vigente


Si algo demuestra aquella experiencia es que los programas técnicos pueden anticipar debates futuros, pero requieren soporte político duradero.


La Unidad no fracasó por exceso de diagnóstico, sino por déficit de cohesión.


Diez años después, la pregunta relevante no es "¿qué ocurrió entonces?", sino si "¿el sistema político ecuatoriano ha desarrollado mayor capacidad para sostener acuerdos estratégicos?".


La evidencia sugiere que ese sigue siendo el desafío central.


Tras trabajar en esta década en Ecuador, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Argentina, EEUU, Europa, Asia y África, podemos decir que la inversión jamás se improvisa.


Tres Puntos Finales: ...


  1. Haber participado como coordinador técnico de ese esfuerzo de hace una década me permitió observar la política desde una perspectiva menos contingente y más estructural.


  1. Las sociedades avanzan cuando logran transformar momentos de tensión en pactos de largo plazo.


  1. Y para no quedarnos con un sabor amargo: Ecuador, como los Andes mismos, incluido Chile, Argentina y Bolivia en su post-socialismo del siglo 21, ha demostrado múltiples veces su capacidad de resiliencia.


El paso siguiente consiste en consolidar plataformas que no dependan de coyunturas, sino de visión.


Porque, en última instancia, la estabilidad política es una condición previa del desarrollo y no su consecuencia.

Roberto F. Salazar-Córdova

“Chino Salazar de Quito”

 
 
 
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