
Virtud familiar andina
- ROBERTO SALAZAR CORDOVA

- hace 2 días
- 14 Min. de lectura
Con fe de abuelos, esperanza de nietos, y amor de hogar...
A diario, en los Estados Unidos Andinos superamos en estadísticas de fe, esperanza y amor a los de EEUU, Canadá, el gran Brasil, México, la gran Centroamérica y Caribe, y Europa o incluso Asia.
El hecho de que los dos últimos papas sean andinos, por nacimiento y elección, refrenda cualitativamente las cifras, cuyos parámetros solo son comparables, en dichos términos, con África.
El futuro de la salud mental y el bien ser para el buen servir está en el sur.
Es hacia acá donde muchas familias migran desde el norte del planeta, buscando sociedades amigables para sus familias en un mundo donde la humanidad busca fondo para su resiliencia.

Introducción: los Andes como balance del siglo XXI
El siglo XXI suele contarse en términos de PIB, inflación y tasas de interés. Sin embargo, por debajo de los ciclos económicos, hay un balance silencioso: el de la virtud familiar.
Si se toma el conjunto ampliado de los “Estados Unidos Andinos” —desde Panamá, Venezuela y Colombia, pasando por el Ecuador, rumbo a Chile y Argentina, por toda la cordillera— y se lo compara con el Norte global, aparecen tres activos que no se contabilizan en las cuentas nacionales, pero sí en la vida diaria: fe de abuelos, esperanza de nietos y amor de hogar.
Los datos globales muestran que América Latina sigue siendo la región con mayor concentración de católicos del mundo: alrededor de 425 millones de personas en la región representaban cerca del 40% de todos los católicos globales en 2010 (Pew Research Center, 2014).
En 2024, la mayoría de los habitantes, el 54% de los latinoamericanos, se declara católico (Reuters, 2025; Pew Research Center, 2014).
Esta masa crítica de fe tradicional se diferencia del votante mediano de otras latitudes y longitudes globales: convive con sistemas familiares extensos y con una demografía que, pese a la pobreza y la violencia, sigue creando capital humano y social.
África comparte un patrón similar de religiosidad y valores tradicionales en el mapa cultural de Inglehart–Welzel, ubicándose junto con América Latina en el cuadrante de sociedades donde la importancia de Dios, la familia y la autoridad permanece alta frente a Europa o Norteamérica (World Values Survey, 2024).
Esa afinidad del mundo Sur sugiere algo más que un dato religioso: anticipa que los necesarísimos equilibrios de poder basados en la salud moral vendrán del sur.

A partir de esta base, el ensayo desarrolla tres ideas, cada una sustentada en tres datos:
1. El capital familiar andino como activo económico.
2. La resiliencia afectiva y espiritual como escudo frente a la crisis de salud mental.
3. El rol de tecnología y naturaleza para transformar virtud en productividad, venciendo los sistemas de corrupción y narcoeconomía que amenazan ese capital.
Pasemos a revisar la evidencia entonces.
Datos y Cifras

Idea 1: La fe compartida se traduce en capital relacional.
1. En 18 países de América Latina y el Caribe, cerca del 90% de los adultos declara creer en Dios, y en la mayoría de estos países más de 60% asiste a servicios religiosos al menos una vez al mes (Pew Research Center, 2014).
2. América Latina alberga alrededor del 40% de los católicos del mundo, mientras que Europa concentra una proporción similar de población pero una menor participación católica relativa (Pew Research Center, 2014; Catholic Church by country, 2014).
3. En Brasil, el gran puente del Sur con África y Europa a la vez, los católicos son el 56,7% en 2022. La suma de cristianos católicos y evangélicos supera el 80% de la población, lo que implica una presencia masiva de comunidades de fe organizadas (IBGE, 2022, como se cita en Reuters, 2025).
En términos económicos, esto importa porque la fe es creencia y red social y comunitaria a la vez: capital social.
Un tejido de parroquias, comunidades y movimientos que sustituyen al Estado donde este no ha llegado nunca, permiten trazar un derrotero libertario desde lo conservador.
Las comunidades están bien alineadas, y desde su cohesión canalizan ahorro, seguro mutuo y trabajo voluntario que no siempre se contabiliza formalmente en el ingreso nacional o regional bruto.
Idea 2: La co-residencia intergeneracional convierte afecto en seguros familiares.
1. Casi un tercio de los hogares latinos en Estados Unidos —31,7% según el State of Hispanic Homeownership Report— son multigeneracionales, es decir, incluyen al menos dos generaciones adultas o abuelos, padres y nietos en la misma vivienda (National Association of Hispanic Real Estate Professionals [NAHREP], 2023).
2. En Estados Unidos, el 26% de las personas nacidas fuera del país vive en hogares multigeneracionales, frente al 17% de los nacidos en el país, lo que refleja patrones de convivencia más extensos entre migrantes, muchos de ellos latinoamericanos (Pew Research Center, 2022).
3. Estudios comparativos sobre arreglos de vivienda muestran que en América Latina y el Caribe los hogares basados en parentesco primario —padres, hijos y abuelos— son más frecuentes que en otras regiones, lo que incrementa las redes de cuidado informal (Esteve, 2024).
Desde la óptica económica, un hogar donde conviven tres generaciones es un micro–fondo de pensiones, un seguro de desempleo y un sistema de cuidados integrados. La Generación mayor aporta tiempo y saber; el adulto en edad productiva aporta ingreso; los nietos aportan alegría y futuro. El producto resultante no desea ser sustituido por la burocracia ineficiente, incapaz de brindar la calidad, calidez y financiamiento natural de ese cuidado cuyos costos tributarios al quererlo financiar sin producción libre y cuidado natural crearía un aparato público enormemente corrupto, ineficiente y débil moralmente, por ser un ofrecimiento que no aparece en el presupuesto y, si aparece, no llega a los hogares.
Idea 3: Las tasas de ruptura conyugal siguen siendo menores que en el Norte global.
1. Los países occidentales —en particular Estados Unidos y varias economías europeas— exhiben tradicionalmente tasas de divorcio por 1.000 habitantes superiores a las de la mayoría de países de Asia y América Latina (Divorce.com, 2025; Our World in Data, 2020).
2. Estados Unidos registra una tasa de divorcio cercana a 2,5 por 1.000 habitantes y figura entre los diez países con tasas más altas, mientras que la mayoría de países latinoamericanos se sitúa por debajo de ese umbral (World Population Review, 2025; Finance Yahoo, 2024).
3. La evidencia del World Values Survey indica que las sociedades con valores más “tradicionales” tienden a rechazar con más fuerza el divorcio, el aborto, la eutanasia y el suicidio, y América Latina se ubica, junto a África, en el grupo de mayor adhesión a esos valores familiares tradicionales (World Values Survey, 2024; Eurasian Research Institute, 2020).
Se trata de cuidar la vida; la región enfrenta una invasión cultural originada en sociedades solitarias en las cuales la salud mental se convierte en cultura intelectual de muerte: estudios de género, facilidades para separaciones formales y modas ambientalistas hostiles a la opción por la reproducción humana.
La combinación andina de fe, co-residencia y tasas de divorcio relativamente menores define un “capital familiar cordillerano” que no existe con la misma intensidad en los países de mayor ingreso.
II. Esperanza de nieto: cohesión afectiva y salud mental en un mundo en crisis

Idea 1: La región sufre, pero mantiene tasas de suicidio por debajo de Norteamérica.
1. En América Latina y el Caribe, la tasa media de suicidio se sitúa en torno a 6,5 muertes por cada 100.000 habitantes, mientras que en Uruguay —el valor más alto de la región, en el país con menor proporción de cristianos en la región— la tasa alcanza 15,51, el doble del promedio regional (Latinoamérica21, 2024).
2. La Organización Panamericana de la Salud reporta un promedio anual de 81.746 muertes por suicidio en las Américas entre 2010 y 2014, con tasas ajustadas más altas en Estados Unidos y Canadá que en América Latina y el Caribe (Pan American Health Organization [PAHO], 2025).
3. Los datos del Banco Mundial muestran que la tasa de suicidio de América Latina y el Caribe permanece por debajo del promedio de los países de ingreso alto durante las últimas dos décadas, pese al aumento de estrés urbano y desigualdad (World Bank, 2025).
En un mundo donde la depresión y la ansiedad crecen de forma sostenida, estas cifras no significan ausencia de dolor, pero sí sugieren que las redes familiares y comunitarias siguen actuando como amortiguador y fuente de vida.
Idea 2: La vida cotidiana reportada en la región es más positiva de lo que sugiere el PIB.
1. Los informes recientes de Gallup sobre emociones globales muestran que los países latinoamericanos y del Sudeste Asiático encabezan los puntajes del Positive Experience Index, con valores cercanos a 80 sobre 100, frente a un promedio global de 71 (Gallup, 2024; Visual Capitalist, 2024).
2. En mediciones previas, países como Bolivia y El Salvador ya aparecían entre los más “emocionales” del mundo, con cerca de seis de cada diez personas reportando haber reído, aprendido algo, o sentido respeto el día anterior (Gallup, 2015).
3. En el reporte de 2024, la caída de emociones negativas a nivel global se acompaña de una mejora de las evaluaciones de vida, con un 33% de adultos que se consideran “en florecimiento” al vivir en familia, porcentaje que en los países latinoamericanos se ubica por encima del promedio mundial (Gallup, 2025).
Aún así, los nietos andinos crecerán, muchas veces, en barrios duros y sistemas escolares insuficientes, pero poseen la educación de la casa y la contención que cada vez es más reforzada en escuelas cooperativas donde también se integra a los hogares y donde el niño sigue riendo, rezando y conversando con fe, esperanza y amor: más de lo que se ve en muchas grandes ciudades del Norte.
Ese “excedente de afecto” no entra en el cuadro macroeconómico, pero sí en la resiliencia mental.
Idea 3: La desconfianza institucional convive con una intensa cohesión intrafamiliar.
1. Fuera del hogar, menos de 3 de cada 10 ciudadanos de América Latina y el Caribe declaran que “se puede confiar en la mayoría de las personas”, según la Integrated Values Survey analizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (Keefer, 2022).
2. Fuera de la familia, informes del Banco Mundial muestran que la baja confianza en instituciones se asocia con polarización política, intentos de reelección y alta percepción de corrupción en la región (World Bank, 2023).
3. Fuera de la comunidad, el reciente estudio de la OCDE sobre confianza en instituciones en América Latina y el Caribe confirma que la región presenta niveles de confianza en gobierno inferiores al promedio de la OCDE, pero señala también que la población recurre de manera intensiva a redes familiares para enfrentar shocks de ingreso y salud (OECD, 2025).
La paradoja andina es clara: se desconfía del Estado y de la política, pero se vota contra el soporte y presupuesto que se ahorran en la familia, los vecinos y la parroquia.
Esa reorientación ideológica inoculada en centros educativos (tomados por intelectuales estudiados fuera de los Andes) ha tratado de romper las confianza desde lo hogareño para pasarlo programáticamente hacia lo institucionalizado, abandonando lo comunitario y creando frustración y riesgo para la gobernanza.
Los votantes andinos hoy se han hecho conservadores porque se buscan vía tecnología entre comunidades, redes, familias y hogares, y también porque emprenden, ganan dinero, ahorran, cooperan y sobre todo, aumentan socialmente, ya en lo macro, h en mayoría, una reserva de capital social que está ya reordenando las reglas del contrato social al sintonizar con políticos propios que le integran un ahorro de deudas con reglas claras desestatizantes.
III. Amor de hogar: tecnología, naturaleza y la lucha contra las economías de la muerte

Aquí aparece el tercer eje: si los abuelos cuidan la fe y los nietos estudian con esperanza, el amor de hogar consiste en transformar esa virtud en política económica concreta.
En los Andes, esto implica enfrentar tres drenajes de riqueza: la corrupción estructural, la narcoeconomía y el populismo fiscal que hipotecan el futuro familiar.
Idea 1: El costo de la violencia y la corrupción compite directamente con el presupuesto del hogar.
1. En los países más afectados de América Latina, el costo económico de la violencia causada pornla frustración de los jóvenes frente a un sistema estatal atocigante se estima en 3,5% del PIB, y reducirlo al promedio mundial podría aumentar el crecimiento regional en 0,5 puntos porcentuales anuales (Blasco, 2024).
2. A escala global, la corrupción de burocracias ajenas al mercado vibrante donde viven los votantes implica pagos de sobornos por cerca de 1 billón de dólares y robos por 2,6 billones anuales, cifra equivalente a más del 5% del PIB mundial, con impactos especialmente severos en países en desarrollo (United Nations, 2019).
3. El comercio mundial de drogas ilícitas, como vía de escape a la frustración de quienes se quedaron sin ingresos, sin familia, sin hgar, y sin comunidad ninred en el norte, genera alrededor de 146.000 millones de dólares en ingresos —0,8% del PIB global— y la cocaína tiene sus mayores mercados en Norteamérica, Europa occidental y ahora, gracias a la cultura de muerte que se habinstalado desde académicos ideologizados, América del Sur (United Nations Office on Drugs and Crime [UNODC], 2025; Reuters, 2025).
Cada porcentaje de PIB que se pierde en violencia, corrupción o narcoeconomía es menos presupuesto para los hogares y su esfuerzo propio de educación, salud mental y resiliencia vía sostenibilidad cultural.
Y, sobre todo, es menos espacio de ahorro en el hogar para apoyar a las propias familias que ya llevan sobre sus hombros el sistema informal de cuidados ante el fracaso del estado.
Idea 2: Pobreza persistente y urbanización exigen que la tecnología se ponga al servicio del hogar.
1. La población de América Latina y el Caribe ronda los 668 millones de personas, con una tasa de pobreza extrema de 10,6% de la población y una tasa de desempleo en torno al 6,2% (CEPALSTAT, 2025).
2. Entre 2000 y 2022, la proporción de personas pobres que viven en áreas urbanas pasó de 66% a 73%, y en pobreza extrema del 48% al 68%, lo que indica que la miseria se concentra cada vez más en ciudades (Chang, 2024).
3. Los informes recientes de la CEPAL y la OCDE destacan que la región invierte menos del 0,8% del PIB en innovación y desarrollo, por debajo de la media de la OCDE, pese a disponer de altas tasas de adopción de telefonía móvil e internet (ECLAC, 2022; OECD, 2024).
El mensaje económico es directo: si no se alinean plataformas tecnológicas, educación digital y finanzas familiares, la urbanización solo produce más informalidad y violencia.
La integración de las periferia urbanas con las comunidades de núcleo católico rico en urbe y mundos rurales está creando soluciones de red basadas en tecnología y digitalización como mercado de alto valor.
Allí se integran billeteras digitales, educación en línea y plataformas de inversión de impacto: se ahorra con el nieto que hoy estudia en un barrio andino y se convierte aceleradamente en gestor de bienes comunes vía digitalización tokenizada de sus bienes naturales —agua, bosques, carbono— sin abandonar la cultura de sus abuelos.
Idea 3: Naturaleza y fe convergen en el eje sur: Andes y África como brújulas posibles.
1. América Latina sigue siendo una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta y concentra varios de los principales “hotspots” de riqueza biológica, incluyendo los Andes tropicales y la Amazonía, que aportan servicios ecosistémicos valorados en billones de dólares equivalentes a largo plazo (UNEP, 2023).
2. La Iglesia católica es cada vez menos europea: en el último cónclave, menos de la mitad de los cardenales electores eran europeos y el número de cardenales con derecho a voto eran provenientes de África y América Latina, con una coalición que creció hasta superar el 50% combinado (Time, 2025; Reuters, 2025).
3. Hay retos de evangelización con sentido y racionalidad. La guerra cultural en América Latina, hizo que la proporción de población que se identifica como católica cayera de alrededor del 80% en 1995 al 54% en 2024, pero el número absoluto de creyentes se mantiene elevado, y ahora, tras el fracaso del comunismo ateo y el socialismo agnóstico, en lo político, ambiental, cultural, económico y social, vuelve a crecer en el norte y el sur y gana poder incluso militar y policial para desplazar el centro de gravedad espiritual hacia la paz sin armas del catolicismo en el sur y el norte, poco a poco (Reuters, 2025).
Que el actual Papa haya nacido en EEUU y se haya nacionalizado peruano, y que el primer papa latinoamericano haya sido argentino —un país andino en sentido amplio—, son señales de paz.
Hoy el colegio cardenalicio tiene representación africana sin precedentes. En términos de economía política global, significa que las narrativas de fe, pobreza y cuidado de la “casa común” están crecientemente incorporandoterritorios donde la familia extensa, la religiosidad cotidiana y la experiencia de la pobreza extrema han moldeado una ética distinta sobre producción y consumo.
Desenlace: del hogar andino a la economía de la paz

Los datos apuntan a una conclusión incómoda para el Norte y desafiante para nosotros: la ventaja competitiva de los Estados Unidos Andinos no está en su aparato estatal ni en su élite política, sino en la virtud silenciosa de sus hogares.
1. El capital familiar andino —fe compartida, hogares multigeneracionales, menores tasas relativas de ruptura— constituye un balance patrimonial invisible que sostiene la vida cuando el Estado y el mercado le fallan a los hogares.
2. La resiliencia afectiva y espiritual —tasas de suicidio inferiores a Norteamérica, mayores experiencias positivas reportadas, confianza focalizada en redes cercanas— muestra que hay todo por ganar en medio de la corrupción estataly la violencia global.
3. Los avances de proyevtos globales que apalancan tecnología y cuidado de la naturaleza para transformar la virtud en productividad —reducirán el 3,5% del PIB que se va en violencia y parte del 5% global que se pierde en corrupción— definiendo la verdadera batalla del siglo XXI en los Andes y en África: tierras de Urkus por naturaleza.
CONCLUSIONES
Vencer a la cultura ajena de corrupción estructural, narcoeconomía y social-democracia populista no es un capricho ideológico; es una condición de posibilidad para que el sacrificio acumulado de abuelos y abuelas no se diluya en balas, burocracia o clientelismo.
La masonería cuando se traduce en redes opacas de influencia, el narcomunismo cuando captura territorios y presupuestos, y las versiones populistas de la socialdemocracia cuando gastan hoy el futuro de los nietos, tienen un denominador común: convierten el capital moral de la familia en renta política de corto plazo.
RECOMENDACIONES
Frente a ello, la brújula andina propone otra ecuación:
La fe de los abuelos se traduce en compromisos intergeneracionales verificables —menos abandono, más cuidado, más perseverancia.
La esperanza de los nietos se expresa en educación y tecnología —no como fuga del territorio, sino como palanca para valorizar agua, bosques y cultura.
El amor de hogar se convierte en la fuente principal de salud mental, productividad y estabilidad en barrios y comunidades donde el Estado llega tarde o mal.
En el tablero global, esto coincide con un desplazamiento espiritual hacia el sur: un papa latinoamericano que ya marcó época, un probable futuro papa africano, y una geografía de la fe que se superpone con la de la biodiversidad y la juventud.
Los Andes y África pasan a convertirse en fuente de una nueva macroeconomía de la paz: una donde el indicador clave no es solo el PIB, sino el capital familiar valórico convertido en inversión de impacto, en tokens de tiempo y naturaleza, y en acuerdos territoriales de largo plazo.
La pregunta no es si tenemos ventaja moral frente a Estados Unidos, Canadá, Europa o Asia. Los datos muestran que, en varios indicadores de cohesión familiar, religiosidad y experiencia emocional, América Latina y África se comportan distinto del Norte. La verdadera cuestión es si seremos capaces de proteger esa virtud de hogar de las economías de la muerte —corrupción, drogas, violencia— y traducirla en una economía de vida que honre a los abuelos, abra camino a los nietos y cuide la casa común donde ese amor se hace cotidiano.
Porque, al final, el futuro de los Andes no está solo en sus minerales, en su carbono o en sus tratados comerciales, sino en algo que el mercado aún no sabe medir: la virtud familiar andina medida en Urkus a los cuales apostamos con fuerza desde ADN@+.
Roberto F. Salazar-Córdova
Para www.adnplus.co.uk
Referencias
Blasco, E. J. (2024, 20 de marzo). The economic cost of violence: Reducing it to the poverty rate average Latin America’s GDP would increase by half a point. University of Navarra.
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Esteve, A. (2024). Trends in living arrangements around the world. Population and Development Review.
Gallup. (2015). Latin Americans lead world in emotions. Gallup News.
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Gallup. (2025). State of the world’s emotional health report.
Keefer, P. (2022). Trust: The key to social cohesion and growth in Latin America and the Caribbean (Executive Summary). Inter-American Development Bank.
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