
Advientos Marianos y Avances Comportamentales
- ROBERTO SALAZAR CORDOVA

- hace 3 horas
- 9 Min. de lectura
Del bien ser para el buen servir, como forma de hacer frente a quince preguntas éticas contemporáneas

DE LA ÉTICA A LA RELIGIÓN: II
Al cerrar en Chile el Mes de María y abrir, desde la tarde del sábado, el camino del Adviento, se abre también un tiempo de revisión interior y comunitaria. La gracia se entiende aquí como un movimiento doble: reconocer que cada uno llega con fragilidades, pecados y límites, y al mismo tiempo dejarse impulsar hacia la santidad concreta, como gestores del bien ser para el buen servir.
Adviento, vivido en clave mariana, invita a vaciarnos en el Espíritu del “sí” de María para aprender su conciencia limpia y, al mirar la vida de su Hijo, asumir comportamientos de sacrificio, purificación y entrega. Este estilo desemboca en un liderazgo mariano: humilde y firme, arraigado en la adoración al Santísimo, sostenido por la legalidad canónica de la Iglesia y legitimado por obras compartidas en comunidad.
En este marco se ubican quince preguntas éticas surgidas en una reunión ciudadana de esta semana en Santiago, convocada por una asociación dedicada a la reflexión moral empresarial y organizacional. Desde ADN@+ y la Red Santa Cruz, la propuesta es responderlas desde una lógica de Advientos Marianos y Avances Comportamentales: del bien ser para el buen servir, como camino para orientar propósito, cultura organizacional, tecnología, servicio público y liderazgo intergeneracional.
Roberto F. Salazar-Córdova
1. Un viernes laico, una noche eucarística y una Madrugada en comunidad
El itinerario de estas horas marca un arco muy nítido.
El viernes, hacia la tarde, se reunió en Santiago un grupo pequeño pero diverso, convocado por una asociación ética más bien ajena al lenguaje religioso, interesada en pensar la ética desde una perspectiva amplia. Allí se dialogó sobre moral, empresa y Estado, con referencias a Aristóteles y Kant, debates sobre virtudes y deberes, marcos normativos, dilemas contemporáneos. Una mesa sobria, seria, en la que las quince preguntas que inspiran este artículo surgieron como guía para el trabajo futuro.
Al terminar esa jornada, y justamente porque se abría el Adviento, vino el paso siguiente: asistir a misa en la parroquia junto con mi esposa. La reflexión amplia del grupo ético quedaba así puesta delante del altar, en el contexto de la liturgia que inaugura el año nuevo de la Iglesia. Lo conversado en sociedad entraba en diálogo con la Palabra, con la homilía, con la comunidad parroquial concreta.
Finalmente, ya en la noche, de 23:00 a 24:00, hubo tiempo personal para una hora de adoración al Santísimo. Esa hora, silenciosa y focalizada, fue preparación directa para la jornada de la Madrugada de este sábado. Lo discutido en clave filosófica y ciudadana, y luego presentado en la misa, quedó expuesto frente al Santísimo como ofrecimiento: preguntas, dudas, responsabilidades, capacidades, límites.
La secuencia completa —grupo ético laico, misa parroquial, adoración nocturna y Madrugada de oración y acción— permite leer este inicio de Adviento como un tránsito desde la reflexión abstracta hacia la comunidad en misión. En todo ese recorrido hay una constante: María, su ética y la moral de su Hijo. Ella, llena de gracia en pasado, presente y futuro; Él, entregado hasta el extremo. Ambos se convierten en referentes para iluminar:
los debates contemporáneos sobre virtud y política;
las discusiones legislativas que hoy atraviesan Chile, como la eutanasia y otros proyectos de ley sobre vida y muerte;
las quince preguntas que se formula este grupo de ética;
las preguntas que se plantean también las comunidades eclesiales y cívicas que desean incidir en el país.
Desde este arco —viernes laico, noche sacramental, Madrugada comunitaria— se comprende el modo en que este artículo ofrece respuestas y caminos posibles frente a las quince preguntas que se presentan a continuación.
2. Madrugada ante el Santísimo: gracia, sufrimiento y comunidad
La Madrugada de este sábado reunió a un grupo aproximadamente tres veces más grande que el de la asociación ética del viernes, con una cohesión muy fuerte. Se trata de una comunidad que ora y trabaja unida, compuesta por personas que, además, se mueven en espacios de decisión del país: empresas, gremios, instituciones educativas, servicio público, organizaciones de la sociedad civil.
La meditación de la Madrugada giró en torno a una idea central: la gracia se manifiesta cuando cada persona se sabe pecadora y débil y, desde esa verdad, se proyecta hacia la santidad como gestor del bien ser para el buen servir. Delante del Santísimo, la libertad toma forma de disponibilidad: aquí estoy, con lo que soy y con el tiempo limitado que tengo, para servir.
En este contexto adquiere especial relieve uno de los grandes debates legislativos actuales: la eutanasia. La discusión jurídica y médica abre múltiples aristas, pero el núcleo ético se resume en un contraste claro:
una cultura que apuesta por la capacidad de sufrir acompañando, sosteniendo la dignidad en la fragilidad mediante cuidados paliativos, comunidad y presencia;
otra cultura que organiza el sistema para habilitar la muerte provocada como salida, presentándola como solución ante la experiencia del dolor.
Desde la tradición cristiana y desde una razón bien pensada, el sufrimiento acompañado puede convertirse en espacio de reconciliación, reparación y amor extremo. La tecnología médica halla su mejor misión cuando alivia y sostiene, sin romper la posibilidad de acompañar el tramo final de la vida. La lógica del bien ser para el buen servir mira ese tramo como oportunidad de proximidad y cuidado.
La Madrugada encarna esta postura: adoración, canto, organización de un desayuno, reparto de responsabilidades, proyectos de apoyo concreto a personas y familias. La ética discutida el viernes se vuelve práctica, encarnada. Las mismas preguntas sobre virtud, justicia, decisión pública y legislación aparecen ahora vinculadas a rostros y casos reales.
De esta experiencia brota una convicción sencilla: todos arrastramos heridas y pecados; cuando trabajamos y oramos juntos, ese mismo material se transforma en ocasión para emerger como la mejor versión de personas, familias y sociedad. Eso es, en síntesis, Advientos Marianos y Avances Comportamentales.
3. Primer bloque de preguntas: propósito y modelo de negocio (1–3)
Las tres primeras preguntas del documento ético apuntan al propósito empresarial y su relación con la ética:
Cómo se traduce la ética en ventaja competitiva real.
Qué tensiones surgen entre cultura ética y modelo de negocio.
De qué manera la regulación influye en la transformación ética de la empresa.
Desde el prisma del bien ser para el buen servir, la respuesta se organiza en tres niveles:
Ventaja competitiva: la ética se vuelve ventaja cuando orienta el modelo hacia impactos medibles en PACES (Política, Ambiente, Cultura, Economía y Sociedad). Empresas que estructuran su estrategia en torno a relaciones justas con colaboradores, territorios y proveedores generan reputación sólida, atraen talento, reducen riesgos y consolidan confianza de largo plazo. El bien ser de personas y ecosistemas se convierte en fuente estructural de buen servir a clientes y comunidades.
Tensiones con el modelo de negocio: cada fricción revela una necesidad de ajuste. Cuando precios, incentivos o plazos empujan prácticas que dañan personas o territorios, el criterio mariano invita a revisar parámetros. Ir del bien ser hacia el buen servir implica diseñar estructuras de costos, tiempos y metas que permitan actuar con justicia y, a la vez, sostener la viabilidad económica.
Regulación como piso: la ley marca un umbral básico. La transformación ética exige avanzar hacia estándares inspirados por la dignidad humana y la paz social: transparencia reforzada, participación real de comunidades, trazabilidad ambiental, gobernanzas inclusivas.
La perspectiva mariana recuerda que todo propósito auténtico nace de un “sí” que se hace cargo de la historia concreta, igual que María en Nazaret.
4. Segundo bloque: cultura organizacional, patrones y board (4–6)
Las preguntas 4, 5 y 6 examinan la cultura ética interna:
Papel del directorio en la cultura ética.
Patrones que anticipan eventos éticos relevantes.
Señales explícitas e implícitas que acompañan la ética corporativa.
El enfoque mariano sugiere:
Directorio como custodio del bien ser: el directorio protege la coherencia entre propósito y decisiones. Más allá de aprobar cifras, resguarda el alma de la organización, fija umbrales de aceptabilidad y sostiene a quienes optan por decisiones exigentes en el corto plazo, pero justas en términos de impacto humano y social.
Patrones organizacionales: sistemas de incentivos, estilos de liderazgo, gestión del error y protección a alertadores actúan como diagnósticos tempranos. Patrones que reconocen solo el resultado rápido, silencian errores y marginan la prudencia: tienden a generar crisis éticas. Patrones que integran mérito, aprendizaje y cuidado permiten avances comportamentales sostenibles.
Señales explícitas e implícitas: códigos, protocolos y campañas conviven con gestos, silencios y relatos internos. Una cultura inspirada en María y en la moral de su Hijo cuida que historias, símbolos y decisiones valoren lealtad, sacrificio y servicio, tanto como rentabilidad y eficiencia.
5. Tercer bloque: tecnología, datos e inteligencia artificial (7–9)
Las preguntas 7, 8 y 9 abren el debate tecnológico:
Quién responde cuando una decisión algorítmica daña personas.
Qué implica hablar de inteligencia artificial en organizaciones carentes de inteligencia ética.
Cómo lograr que la IA ayude a reparar desigualdades.
Aplicar la lógica del bien ser para el buen servir implica:
Responsabilidad personal e institucional: quien diseña, entrena, compra, supervisa y usa sistemas algorítmicos comparte responsabilidad. El diseño de gobernanzas claras y protocolos de corrección forma parte del avance comportamental que se espera de organizaciones maduras.
Inteligencia ética como condición previa: una organización que integra criterios de dignidad, transparencia y participación antes de incorporar IA tiene más capacidad para usarla a favor de las personas. La IA refleja la inteligencia moral previa: la amplifica para bien o para mal.
Reparación de desigualdades: la IA puede asignar recursos, visibilizar invisibles, detectar patrones de exclusión y apoyar políticas redistributivas. Esto exige datasets representativos, revisión continua de sesgos y métricas que midan efectos sobre grupos vulnerables. Una IA inspirada en Advientos Marianos prioriza a los últimos, en línea con la ética de Jesús y con la opción preferencial por los pobres.
6. Cuarto bloque: ética pública y sociedad civil (10–12)
Las preguntas 10, 11 y 12 se orientan al espacio público:
Capacidades éticas necesarias para el servicio público.
Confianza ciudadana como KPI de la gestión.
Manejo de conflictos de interés en organizaciones de la sociedad civil.
Desde el criterio del bien ser para el buen servir:
Capacidades éticas: el servicio público exige independencia real frente a presiones, capacidad de explicar decisiones complejas y sensibilidad para priorizar a quienes cargan con mayor vulnerabilidad. Cada política, decreto y presupuesto se lee como oportunidad de cuidado.
Confianza como indicador: la gestión se evalúa también por su impacto en credibilidad, transparencia percibida y experiencia de justicia cotidiana. Los números macro se integran en una lectura más amplia del bien ser social.
Sociedad civil y conflictos de interés: fundaciones, ONG y movimientos administran recursos, prestigio y vínculos políticos. La ética pide reglas claras, transparencia financiera y estructuras que aseguren que la misión se mantenga por encima de agendas particulares.
7. Quinto bloque: tensiones intergeneracionales y liderazgo (13–15)
Las preguntas 13, 14 y 15 miran las relaciones entre generaciones:
Cómo abordar tensiones de valores entre generaciones.
Qué conflictos de valores aparecen en empresas.
Qué competencias éticas requieren líderes para sostener culturas sanas.
El enfoque mariano y comunitario propone:
Tensiones como activo: generaciones analógicas y digitales aportan memoria y creatividad. Espacios de escucha mutua permiten transformar choques en pactos, donde cada bando cede y aprende. El bien ser se fortalece cuando prudencia y disrupción se integran.
Conflictos valóricos: se expresan en torno a trabajo, dinero, redes sociales, ecología, familia y política. Tratar estos temas de frente, con criterios compartidos, permite diseñar reglas que protegen a personas y territorios sin sofocar la innovación.
Competencias de liderazgo: alfabetización ética práctica, manejo de conversaciones difíciles, lectura sistémica de impacto, regulación emocional en crisis y claridad de propósito compartido forman parte del perfil requerido. Líderes formados en Advientos Marianos sostienen rumbos exigentes incluso cuando ello trae costos inmediatos.
8. Quince preguntas, una sola orientación mariana
Las quince preguntas éticas contemporáneas se convierten, en este marco, en quince Advientos Marianos: cada una abre un espacio de espera activa, ilumina un ángulo de la vida personal y colectiva, impulsa un avance comportamental verificable.
El grupo pequeño, diverso y en su mayoría laico del viernes mostró el valor de pensar la ética desde una perspectiva amplia. La misa del Adviento, compartida en parroquia con mi esposa, colocó ese análisis en un contexto sacramental. La hora de adoración nocturna, de 23:00 a 24:00, permitió ofrecer esos mismos temas ante el Santísimo. La Madrugada, con un grupo tres veces más grande y muy cohesionado, reveló la potencia de una comunidad que ora y actúa unida, presente además en espacios de decisión del país.
La constante en todo ese trayecto es María, con su ética de escucha, discernimiento y servicio, y la moral de su Hijo, que lleva la entrega hasta la cruz. Desde esa constante se iluminan:
los debates legislativos sobre eutanasia y otras materias de vida y muerte;
las discusiones políticas sobre virtud, poder, bien común y representatividad;
las quince preguntas de la asociación ética;
las preguntas de la comunidad ampliada que desea incidir en Chile y en los Andes.
Desde allí se ve la respuesta de fondo a las quince preguntas presentadas en este artículo: una ética que nace de Advientos Marianos, se encarna en avances comportamentales Del bien ser para el buen servir y busca incidir, con libertad y responsabilidad, en la vida concreta de empresas, instituciones públicas, familias y territorios.
Roberto F. Salazar-Córdova










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