
Colombia: 10-A
- ADN@+

- hace 14 horas
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Cuando los Andes tiemblan, los Andes se abrazan
Colombia y sus pueblos hermanos: una geografía de fraternidad
Roberto F. Salazar-Córdova
10 de agosto de 2026
Oramos por Colombia
Acabo de regresar de una hora de Adoración. Esta tarde pedí muy especialmente por nuestra queridísima Colombia, por sus familias y por todos quienes atraviesan horas de dolor.
Desde Chile y Ecuador, desde la Sierra y los Andes, nuestro abrazo llega hasta Colombia y se extiende también hacia sus vecinos, Panamá y Venezuela, pueblos hermanos unidos por geografía, historia, familias, migraciones, comercio y cultura.
Hay momentos en que la tierra vuelve a recordarnos la profundidad de aquello que compartimos. Colombia ocupa un lugar extraordinario: mira hacia el Caribe y hacia el Pacífico, se encuentra con Panamá en el Darién, comparte una extensa frontera con Venezuela y abre hacia el norte el gran sistema de los Andes que continúa por Ecuador, Perú y Bolivia hasta Chile y Argentina.
Somos una enorme geografía humana construida alrededor de montañas, mares, ríos y caminos que durante siglos han permitido circular personas, conocimientos, alimentos, culturas y esperanzas.
La Cordillera contiene una energía gigantesca. Esa energía levantó montañas, formó valles, alimentó ríos y creó algunos de los ecosistemas más diversos del planeta. Los pueblos que habitamos este espacio poseemos también una extraordinaria energía humana: podemos convertir la adversidad en solidaridad, el conocimiento en prevención, la tecnología en protección y el dolor compartido en fraternidad.
Colombia conoce profundamente esa capacidad. Su historia contemporánea reúne enormes desafíos y también extraordinarias experiencias de reconciliación, reconstrucción y esperanza. Venezuela comparte con Colombia familias, historia y una frontera de más de dos mil kilómetros. Panamá constituye su encuentro natural con Centroamérica y conserva vínculos humanos que preceden ampliamente nuestras actuales fronteras. Ecuador comparte con Colombia la Cordillera, pueblos, cuencas, comercio y una historia política íntimamente entrelazada. Más al sur, Perú, Bolivia y Chile continúan esta misma columna vertebral continental.
Cada uno ha aprendido algo que puede servir a los demás.
Allí aparece una oportunidad histórica: compartir lo aprendido y avanzar juntos.
Podemos conectar datos ambientales y sísmicos, universidades, sistemas de emergencia, empresas, comunidades y tecnologías. Podemos utilizar inteligencia artificial y conocimiento territorial para anticipar riesgos. Podemos diseñar infraestructura resiliente y mecanismos financieros capaces de movilizar recursos. Una experiencia chilena puede proteger mañana una vida colombiana; un dato colombiano puede servir después a una comunidad ecuatoriana; una capacidad venezolana, panameña, peruana o boliviana puede fortalecer al conjunto.
Esa es la idea profunda de los Estados Unidos del URKU en los Andes. Urku es montaña. La montaña representa nuestra pertenencia a un territorio compartido y nuestra capacidad de cooperar desde nuestras propias identidades. Desde Panamá y Venezuela, pasando por Colombia y Ecuador, y siguiendo hacia Perú, Bolivia y Chile, podemos reconocernos como partes de una gran comunidad de pueblos conectados.
Hoy, 10 de agosto, esta reflexión adquiere además un significado especial para quienes venimos del Ecuador. Hace 217 años, Quito abrió uno de los procesos políticos que transformarían nuestra región. Aquella generación imaginó nuevas formas de libertad. La nuestra puede construir una nueva forma de fraternidad latinoamericana: cercana, práctica, tecnológica, comunitaria y profundamente humana.
Una fraternidad construida con datos y ciencia, inversión y tecnología, cultura y economía, comunidades e instituciones, y también con espiritualidad. Detrás de cada estadística existe una persona; detrás de cada persona, una familia; y alrededor de cada familia existe una comunidad capaz de acompañarla.
Esta tarde, durante una hora frente al Santísimo, Colombia estuvo especialmente presente. La oración nos conduce hacia nuestros hermanos y hacia nuestra capacidad de actuar. Desde allí nace este mensaje.
Queridísima Colombia: estamos con ustedes.
Estamos con Panamá y Venezuela, sus vecinos y hermanos. Estamos desde Ecuador y Chile. Estamos desde la Sierra, el Caribe, el Pacífico y los Andes.
Que la enorme energía que levantó nuestras montañas se convierta también en energía humana para levantarnos juntos. Que la ciencia nos permita protegernos, la economía reconstruir, la cultura reconocernos, la tecnología acercarnos y la fe acompañarnos.
Desde los Estados Unidos del URKU en los Andes, un abrazo inmenso a Colombia y a todo nuestro equipo allá.
Cuando nuestra tierra tiembla, nuestros pueblos se abrazan. Y juntos seguimos adelante.




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