
EL HEXAGONO
- ROBERTO SALAZAR CORDOVA

- hace 3 días
- 6 min de lectura
20 años como empresa en Chile y desde 2022, sin poder celebrarlo aquí con mi Madre...
Por Roberto F. Salazar-Córdova
ADN@+
Este mes de junio se cumplen veinte años de Hexagon Chile. Este mismo mes se cumple también un aniversario más de la partida de mi amada madre, Graciela Beatriz Córdova-Toledo de Salazar-Sión. Con los años he descubierto que ambas fechas habitan un mismo lugar en mi memoria. Allí donde nacen las cosas importantes, mucho antes de que existan organizaciones, proyectos o metodologías. Allí donde una familia transmite valores sin saber todavía cuántas generaciones alcanzarán. Allí donde el amor se convierte lentamente en servicio y el servicio termina convirtiéndose en obra.

Cuando miro hacia atrás, veinte años parecen mucho tiempo. Cuando miro hacia adelante, comprendo que apenas representan un instante dentro de una historia mucho más grande que nosotros. La vida tiene una manera especial de enseñarnos que aquello que verdaderamente permanece rara vez ocupa los titulares. Permanece una conversación. Permanece una enseñanza. Permanece un gesto. Permanece una mano extendida en el momento correcto. Permanece una familia que transmite valores a otra generación. Permanece el amor.
Durante mucho tiempo pensé que trabajábamos en proyectos. Más tarde pensé que construíamos instituciones. Después creí que estábamos desarrollando metodologías. Hoy siento que todo aquello era apenas la expresión visible de una búsqueda más profunda. Lo que realmente hemos intentado hacer durante estas dos décadas ha sido aprender a converger. Aprender a encontrarnos. Aprender a descubrir aquello que nos une. Aprender a construir juntos. Aprender a servir.
Quizá por eso el Hexágono apareció en nuestras vidas. Primero como una figura sencilla. Después como una herramienta de diálogo. Más tarde como una forma de gobernanza. Finalmente como una manera de comprender la realidad. Con el tiempo dejó de ser una estructura conceptual para transformarse en una forma de mirar el mundo. Cada uno de sus vértices comenzó a revelar una verdad sencilla: la plenitud humana aparece cuando aprendemos a relacionarnos de manera virtuosa con los demás. La comunidad encuentra nuevas posibilidades cuando dialoga con la empresa. La empresa encuentra propósito cuando dialoga con la comunidad. El conocimiento encuentra sentido cuando dialoga con la experiencia. La inversión encuentra legitimidad cuando dialoga con el territorio. La tecnología encuentra dirección cuando dialoga con las personas. Y todos crecemos cuando comprendemos que formamos parte de una misma obra.

Con el paso de los años esa búsqueda fue tomando forma en ADN@+. Muchos observan esos símbolos y ven una expresión digital. Nosotros aprendimos a descubrir algo más profundo. El símbolo @ representa el espiral del tiempo. Representa la continuidad de la vida. Representa los territorios. Representa las periferias rurales donde las decisiones se miden en generaciones y donde la memoria permanece viva en las familias, en las comunidades, en los páramos, en los bosques y en las montañas. Representa aquello que permanece.
El símbolo + representa la capacidad de sumar. Representa los centros urbanos donde convergen conocimiento, innovación, tecnología, emprendimiento y oportunidades. Representa la posibilidad de conectar personas, organizaciones y territorios para multiplicar el alcance de las buenas ideas. Representa aquello que crece y se expande.
ADN@+ nació de la convicción de que ambos mundos se necesitan mutuamente. Nació de la certeza de que la tradición y la innovación pueden caminar juntas. Nació de la intuición de que el territorio y la tecnología forman parte de una misma historia. Nació de la esperanza de que la humanidad puede converger.
Con el tiempo comprendimos que esa convergencia también necesitaba memoria. Las familias conservan una parte de ella. Las comunidades conservan otra. Las instituciones conservan una tercera. La tecnología y los sistemas nos permitieron descubrir una nueva forma de preservarla y compartirla. Por eso ADN@+ terminó siendo también una búsqueda de integración entre inteligencia humana e inteligencia digital. Los sistemas comenzaron a ayudarnos a conectar personas, conocimientos, territorios, inversiones, datos y propósitos que antes permanecían aislados. La tecnología dejó de ser simplemente una herramienta para acelerar procesos. Comenzó a convertirse en una forma de amplificar el servicio.
Allí donde una conversación podía llegar a unas pocas personas, una plataforma podía llegar a miles. Allí donde una experiencia podía permanecer en una comunidad específica, un sistema podía compartirla con muchas otras. Allí donde una buena práctica corría el riesgo de perderse con el tiempo, la memoria digital podía ayudar a preservarla para las siguientes generaciones. Poco a poco comprendimos que la tecnología tiene su máxima expresión cuando fortalece vínculos humanos y cuando ayuda a que el conocimiento permanezca disponible para quienes lo necesitarán mañana.

Esa comprensión fue transformando también nuestra manera de entender la economía. Las personas no somos solamente agentes racionales que maximizan utilidades. Somos razón y emoción. Somos espíritu y acción. Somos familia y comunidad. Somos memoria y esperanza. Somos aquello que recibimos de quienes nos precedieron y aquello que entregaremos a quienes vendrán después.
Por eso las tres L fueron adquiriendo un significado cada vez más profundo.
La Libertad comenzó a revelarse como armonía. La verdad tiene la capacidad de ordenar aquello que parecía disperso. Allí donde la verdad florece, las diferencias encuentran un lugar común desde el cual dialogar. Allí nace la armonía.
El Liderazgo comenzó a revelarse como melodía. La fe permite avanzar hacia horizontes que todavía no existen. La fe mueve montañas. La fe mueve URKUS. La fe transforma posibilidades en realidades. Allí nace la melodía.
La Legalidad comenzó a revelarse como ritmo. El amor al prójimo y la búsqueda permanente del bien supremo generan una secuencia ordenada de acciones, responsabilidades y compromisos. El amor da continuidad al movimiento. El amor permite que la obra permanezca. Allí nace el ritmo.
Y cuando armonía, melodía y ritmo se encuentran, aparece algo extraordinario.
Aparece la legitimidad.
La legitimidad es la música.
Es la música que surge cuando la verdad encuentra expresión en la libertad, cuando la fe encuentra expresión en el liderazgo y cuando el amor encuentra expresión en la legalidad. Es la música que permite que personas diferentes formen una misma obra sin perder su identidad. Es la música que transforma grupos humanos en comunidades y proyectos en instituciones.

Con el tiempo comprendimos que esa misma música estaba presente en la economía, en la política pública, en la inversión de impacto y en la tecnología. Social Choice, Rational Choice, Public Choice, teoría de juegos y teoría de grafos comenzaron a revelar distintas perspectivas de una misma búsqueda. La búsqueda de convergencia. La búsqueda de cooperación. La búsqueda de bienestar compartido. La búsqueda de sistemas capaces de generar confianza entre personas que piensan distinto y viven realidades distintas.
De allí nació el Diálogo Hexagonal. Nació como una forma de escuchar. Nació como una forma de construir confianza. Nació como una forma de generar legitimidad. Porque la legitimidad aparece cuando todas las voces encuentran un espacio para contribuir a una obra común. Cada vértice aporta una parte indispensable del conocimiento colectivo y cada relación fortalece la red que sostiene el desarrollo.
Esa misma lógica terminó uniendo dos tradiciones que hoy conviven dentro de una misma visión. Latinoamérica aporta territorio, comunidad, biodiversidad, cultura, identidad y familia. El Reino Unido aporta institucionalidad, gobernanza, permanencia y proyección global. Hexagon Group Lat-Am | UK-Global representa precisamente esa convergencia. ADN@+ se convirtió en el puente que permite conectar ambos mundos. Allí donde la comunidad encuentra escala. Allí donde la escala encuentra alma. Allí donde la innovación encuentra raíces. Allí donde las raíces encuentran futuro.

Con el paso de los años también descubrimos que el propósito profundo de la inversión de impacto va mucho más allá de la inversión. Un proyecto puede durar algunos años. Una organización puede durar algunas décadas. Una obra verdaderamente humana puede permanecer durante generaciones. Por eso comenzamos a hablar de clásicos. Porque un clásico es una obra que continúa sirviendo después de quienes la iniciaron. Un clásico es una expresión de amor que permanece viva en el tiempo.
Por eso las palabras que mejor describen nuestro camino son también algunas de las más antiguas.
Ora et Labora.
Que aquello que creemos y aquello que oramos se transforme en trabajo.
Urbi et Orbi.
Que aquello que construimos sirva simultáneamente a nuestra comunidad y a la humanidad.
Per Saecula Saeculorum.
Que aquello que hacemos hoy siga produciendo frutos generación tras generación.
Mientras escribo estas líneas pienso nuevamente en mi madre. Pienso en la serenidad de su ejemplo. Pienso en la forma en que el amor encuentra siempre la manera de permanecer presente. Pienso en todas las personas que han formado parte de este camino durante estos veinte años y comprendo que cada una ha contribuido a una obra colectiva que continúa creciendo. Cada una ha dejado una huella. Cada una ha aportado una nota a una música mucho más grande que cualquiera de nosotros.
Quizá eso sea finalmente el Hexágono.
La convicción de que la convergencia es posible. La convicción de que la legitimidad puede construirse. La convicción de que la tecnología puede servir al ser humano. La convicción de que el desarrollo sostenible comienza por las personas. La convicción de que el amor tiene la capacidad de trascender generaciones.
Porque al final de cada proyecto, de cada institución, de cada inversión, de cada sistema, de cada plataforma, de cada conversación y de cada generación, permanece una verdad sencilla y luminosa: todo aquello que nace del amor encuentra siempre una manera de perdurar.
Roberto F. Salazar-Córdova
Junio de 2026





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