
EL INTERVENTOR
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Actualizado: hace 9 horas
¿Cómo le irá a Trump?

El Interventor
Memoria personal, ejercicio institucional y lección histórica
Roberto F. Salazar-Córdova
( “Chino Salazar de Quito” )
Red Santa Cruz | www.adnplus.co.uk
Introducción: Trump, Venezuela y ¿por qué escribir en primera persona?
Escribo en primera persona porque este texto nace como memoria personal de soluciones y como proyección de principios necesarios para encontrar soluciones a problemas que hoy enfrentamos en todos los EEUU Andinos.

Partimos con lo que observamos hoy en Venezuela y los Andes bajo la acción directa del presidente Trump y su equipo, pero la entrelazaré conforme continuamos con esta lectura, trenzándola con una experiencia personal y familiar exitosísima, que marcó mi comprensión de la política, del Estado y de la viabilidad del honor en la gestión pública desde muy joven.
Comparto esta memoria investigada y contrastada como ejercicio al servicio de la Red Santa Cruz, la red desde la que sirvo, para mostrar que la figura de intervención internacional hacia lo nacional, o desde allí hacia lo local ha existido, ha sido utilizada en distintos contextos históricos y, cuando se ha gestionado bien, ha permitido soluciones reales, medibles y duraderas a problemas traídos a los Andes por el socialismo del siglo 21, conforme lo reconocen hasta sus propios (hoy desesperados) gestores del desastre, al exagerar (para defenderse) y al imputar (goebbelianamente) de sus pecados a sus sucesores, no sin tener su pronta respuesta, fuerte y directa...


La intervención que hoy se observa en Venezuela, desde Marco Rubio, aliado de Daniel Noboa y de los Andes, responde a una lógica funcional continental con alcance global: control de flujos, estabilización, recuperación y transición, no solo de un país, sino de un continente y una generación global.
Muchos son muy jóvenes para recordar cómo inició el socialismo del siglo 21 en los Andes. Esta imagen lo resume todo...

LA INTERVENCIÓN
En términos contemporáneos, se articula desde Washington un eje interventor justo y necesario, legal y legítimo, con delegación política visible en figuras como Marco Rubio, y con una narrativa explícita de reconstrucción institucional financiada por la renta petrolera que tendrá beneficios políticos, ambientales, culturales, económicos y sociales en los EEUU ANDINOS hasta por lo menos la segunda mitad del siglo 21.
Esa secuencia activa en mí, una persona de más de 50 años, una memoria de relatos escuchados en mi niñez, antiguos, anclados en Manabí, en Jipijapa, y en la experiencia de mi padre como Interventor Municipal designado desde Quito durante el gobierno de Camilo Ponce Enríquez, mucho antes de que yo nazca.

La intervención como institución: de Roma al municipalismo republicano
Mi padre estudió derecho y economía en Quito.
Allí me explicó, ya grandes ambos, cuando pude entenderle bien porque los dos habíamos sido ya autoridades del estado, que desde el derecho romano, la intervención aparece como curatela de la cosa pública.
Con su talento magistral y su permanente buen humor, me explicaba que El curator rei publicae se designaba cuando una ciudad perdía capacidad fiscal o administrativa.
El objetivo resultaba claro: ordenar cuentas, restaurar rentas, asegurar bienes públicos y devolver la administración a la normalidad.
Lo hablamos cuando me tocó hacer algo parecido con el Presidente Gustavo Noboa y el Ministro Francisco Arosemena, en el Ministerio de Economía y Finanzas de Ecuador, asumiendo la Subsecretaría de Programación de la Inversión Pública, donde se había conocido de actos públicos y notorios de lo que los medios denominaron "alta corrupción" y fueron denunciados por la prensa, acusando de tráfico de influencias en manos de mis antecesores. Limpiamos todo, se intervino, y luego fui encargado durante dos gobiernos diferentes, del Vice-Ministerio de Economía en dicha cartera de Estado.
Nunca están las instituciones libres de que entren a asaltarlas personas como mis antecesores, los de mi padre, o los de Marco Rubio, en Quito, Jipijapa, Caracas o cualquier ciudad del mundo y de la historia de la humanidad.
Afortunadamente, siempre se puede tener fuerza y ley para ejercer por elección, designación, nombramiento, o simlle imposición, de curator rei publicae. ¿De dónde puede venir, o viene -de hecho- esa fuerza? ¿Solo de las armas, o sobre todo de las almas?
RUBIO NO NECESITA SER RUBIO
Para intervenir no solo se necesita al rubio Trump, sino algo más. Tengo la convicción de que Trump y Rubio están conectados en la fe y es desde allí que han logrado legitimarse. Son Republicanos ambos al fin y al cabo.
Esta lógica que es también electoral, militar, religiosa, e incluso académica, dwportiva, cultural, y social atravesa siglos y llega a los estados modernos, donde la autonomía local convive con la tutela superior del interés general, mismo que no siempre es algo demócrata, pero siempre es algo republicano.
Ecuador, me contaba mi padre al enseñarme, heredó esa tradición.
El municipalismo republicano es intervenido cuando no puede cubrir servicios ni dar rentas hacia los niveles superiores desde ciudades, pueblos, países, o barrios, y cuando las comunidades donde vive su población reconocen el agotamiento de sus gobiernos locales. Allí, en ese instante, por clamor global o local, o ambos al mismo tiempo, se habilita a un Ejecutivo externo, interino, para intervenir y reordenar por la fuerza del "imperium" (y del deber) la recaudación, la obra y la gobernabilidad, entrando todo en máxima pero necesaria tensión.
Hoy todo da susto, pero la fuerza es algo que en Chile, por ejemplo, es un lema de estado: "Por la Razón o la Fuerza"...

Esa puerta, con base jurídica milenaria, permitió también que Ecuador, bajo Camilo Ponce Enríquez, designara a mi padre como interventor municipal en Jipijapa para enfrentar, por la fuerza (y sobre todo por la razón) un problema concreto: la brecha entre la renta generada por el boom cafetero y la renta efectivamente recaudada y transformada en obra pública.
Jipijapa, Manabí y la experiencia de mi padre
Mi padre llegó a Jipijapa junto a mi madre bajo amenaza de muerte, como nos contaba mi madre. Fueron igual ambos, armados, como pareja social y cristiana, a servir y lograr que mi padre pudiera poner orden, con un mandato claro: Recaudar, ordenar, gestionar, ejecutar y entregar.

La entrada resultó tensa. Hubo conflicto, presencia de fuerza pública, desconfianza y resistencia local.
Ese momento inicial se transformó cuando se abrió el diálogo y se activó una base de valores comunes. El respeto, la palabra empeñada, la noción de bien común y una ética cristiana compartida permitieron pasar de la coerción inicial a acuerdos prácticos.
La secuencia fue nítida: recaudación efectiva, generación de excedentes, obra visible, restitución institucional. Al final, la democracia local continuó su curso fortalecida. Esa experiencia dejó un respeto histórico en Manabí y en Ecuador hacia la gestión de mi padre y hacia la conducción política de Camilo Ponce Enríquez.

Ambos participaron, junto con líderes de Guayaquil, Quito, Azuay y otras provincias, en la fundación del Partido Social Cristiano. En su momento, esa fuerza llegó a convertirse en el partido político con mayor gravitación nacional, precisamente porque logró articular gestión, valores sociales y ética cristiana.
Crisis de los partidos y el largo ciclo ecuatoriano
Con el paso del tiempo, el Partido Social Cristiano perdió gran parte de su votación popular. Ese proceso se inserta en una crisis más amplia que atravesó a todas las fuerzas políticas ecuatorianas antes, durante y después del ciclo del correísmo.

El correísmo tensionó instituciones, valores y partidos, y dejó secuelas profundas en la cultura política.
La lección que extraigo desde mi memoria y mi análisis resulta clara: cuando los partidos se alejan de los valores sociales y cristianos que les dieron origen, la legitimidad se erosiona. La gestión pierde anclaje moral y el poder se vuelve frágil. Aun así, la historia muestra que la recuperación siempre permanece abierta.

Luces contemporáneas: alianzas, valores y poder
Hoy observo señales de recuperación en distintos lugares. En Chile, la alianza que llevó al poder a José Antonio Kast con el Partido Republicano dialoga con experiencias internacionales: el Partido Republicano estadounidense de Trump, la Libertad Avanza de Javier Milei, y ADN de Daniel Noboa.
En todos estos casos, si se pierde lo social, y si lo cristiano se merma, se puede llegar a mal destino. Por el contrario, si se apunta a lo social (@) y se enfoca desde lo verdaderamente cristiano (+), se crea un ADN@+ capaz de resolver desde la recuperación de valores y capaz de impactar, como esperamos sea el caso de Kast.
El mejor ejemplo de Cristianismo, y de amotosa intervención, colo en las bodas donde el agua se convirtió en el mejor de los vinos, por obra de su hijo, es María. Su legitimidad surge a diario, disociada de la mera narrativa de recomposición de poder político y nos lleva a un punto de encuentro diferente, donde se mira en paz la posibilidad de vivir con orden, libertad y responsabilidad.

Crisis, estallidos sociales, pandemia, procesos constitucionales fallidos o exitosos en lo formal y frágiles en lo nacional forman parte del contexto. Aun así, la historia confirma que los valores sociales y cristianos, cuando vuelven a ocupar el centro, permiten reconstrucciones políticas inesperadas.

Intervenciones internacionales: gestión exitosa y gestión fallida
La intervención como herramienta ha producido resultados distintos según su diseño y su ética.
Casos de gestión exitosa
El contraste histórico entre Alemania Oriental y Alemania Occidental resulta ilustrativo.
La intervención y tutela estadounidense en Alemania Occidental, combinada con el Plan Marshall, instituciones democráticas y una cultura cristiana activa, dio lugar a prosperidad, Estado de derecho y cohesión social. El Checkpoint Charlie simbolizó durante décadas la frontera entre dos modelos.
En el otro lado, la tutela de la ex URSS sobre Alemania Oriental produjo control, planificación centralizada y represión. El sistema, anti-religioso, como bien lo denunciaba el Santo Papa Juan Pablo II, careció de una base espiritual trascendente y terminó colapsando junto con el bloque socialista europeo.
Otros ejemplos positivos aparecen en Japón y Corea del Sur bajo tutela estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, donde la intervención se orientó a reconstrucción institucional, desarrollo económico y devolución progresiva de soberanía.
En esos tiempos EEUU era social y cristiano a fondo.
Casos de gestión fallida
Existen también intervenciones que derivaron en fracaso, cuando EEUU perdió el espíritu de una "cruzada". Afganistán bajo ocupación internacional mostró ausencia de tejido social compartido y dificultad para construir legitimidad local: el eje espiritual nunca estuvo presente como ahora se habla al mismo tiempo que se bombardea a países donde se asesina a cristianos.
Irak evidenció problemas similares, con instituciones importadas sin anclaje cultural suficiente para permitir que la Santa Cruz tenga un espacio no solo junto a los escritorios de gobierno, sino en los hogares y las familias.

En Argentina, a Milei le fue mal cuando se alejó del Papa. Hoy le va mejor, porque entendió, como Kaiser en Chile, que el eje de inteligencia espiritual a veces es más importante que el eje de inteligencia militar.
En los casos de fra-casos (fallos repetidos agotadores como casos), la intervención careció de una base de valores comunes y de una estrategia clara de salida basada en valores familiares para que pueda ser aceptada por la sociedad más allá de las armas, por fe.
La variable decisiva se repite: gestión técnica resulta necesaria, valores compartidos resultan determinantes.
Venezuela hoy y la lectura desde la Red Santa Cruz
Nuestra Red tiene ADN@+: se llama como la Santísima Cruz de salvación bi-milenaria, 10 veces bi-centenaria.
Desde la Red Santa Cruz observo la intervención actual en Venezuela como un experimento histórico abierto. El apoyo abierto dentro de nuestros Estados Unidos Andinos, del URKU, hacia esta intervención se explica por la percepción de que el país llegó a un punto de agotamiento institucional profundo.
La apuesta consiste en controlar rentas, estabilizar la economía y abrir una transición política con respaldo social. Hacer inversión de impacto, cristianamente, es más fácil en la católica Caracas que en los países musulmanes.

La experiencia de mi padre en Jipijapa me enseña que el éxito depende de tres factores: claridad de mandato, calidad de gestión y base de valores compartidos.

El diálogo, anclado en principios sociales y cristianos, fue lo que permitió que una intervención tensa se transformara en respeto histórico.
Marco Rubio me da confianza en la medida en la que ore como sus padres y abuelos y se deje inspirar por el estado espiritual que te dona el Espíritu Santo como verdadero INTERVENTOR del cual nosotros, infinitamente, desde nuestro ADN@+ solo somos sus instrumentos, como siempre nos enseñó a mis hermanos y a mí nuestra madre.

Cierre. Memoria, valores y futuro
Comparto esta memoria porque creo que estos tiempos exigen recordar. La intervención nacional hacia lo local, o internacional hacia lo nacional, resulta una herramienta antigua. Funciona cuando se ejerce con límites, con ética y con sentido de trascendencia.
La diferencia entre modelos queda grabada en la historia. Checkpoint Charlie separó dos Alemanias. Una eligió reconstrucción con Dios, ley y comunidad. La otra eligió un sistema sin trascendencia y terminó vaciado de sentido.
Desde Jipijapa hasta Venezuela, desde Manabí hasta Berlín, la lección permanece vigente: la gestión ordena, los valores sostienen, y lo cristiano, cuando se vive como ética social y respeto por la dignidad humana, marca la diferencia entre una intervención que deja ruina y una intervención que deja futuro.
Roberto F. Salazar-Córdova
Red Santa Cruz | ADN@+6










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