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ESCALABILIDAD ANDINA DESDE EL KITU MILENARIO


Quito: del Spondylus al URKU



Un ensayo de historia económica sobre:



La Sierra, los Andes y la continuidad territorial de América



Roberto F. Salazar-Córdova

Economista

Santiago de Chile



Abstract


Quito constituye uno de los espacios de continuidad territorial más antiguos y persistentes del continente americano. Entre aproximadamente el 3500 a.C. y el siglo XXI d.C., el eje quiteño-andino ha articulado océano, Sierra, páramo y Amazonía dentro de una misma lógica geográfica, económica, espiritual y política. Desde la cultura Valdivia y las primeras redes marítimas del Pacífico ecuatorial entre 3500 y 1500 a.C. (Meggers, Evans y Estrada, 1965), pasando por la articulación territorial asociada posteriormente a los señoríos Kitu-Kara y la reorganización del Tawantinsuyu bajo Huayna Cápac entre 1493 y 1525/1527 (Rostworowski, 1988), hasta la fundación española de Quito en 1534 y la consolidación de la Real Audiencia de Quito en 1563 (Lavallé, 1993), la Sierra ecuatorial operó persistentemente como articuladora entre Pacífico, Andes y Amazonía. Desde la historia económica y desde la economía de la política, de lo social, de lo cultural, de lo ambiental y de lo religioso, URKU emerge como categoría histórica de larga duración: montaña, tierra, páramo y continuidad civilizatoria. Este ensayo sostiene que la continuidad de Quito se explica por una combinación excepcional de geografía, agua, espiritualidad, articulación económica y capacidad histórica para hacer las paces entre territorios y civilizaciones.


I. Quito como continuidad territorial de larga duración


Quito constituye uno de los pocos espacios del continente americano donde puede observarse una continuidad territorial relativamente persistente durante más de cinco mil años. Desde una perspectiva de historia económica y de economía territorial, los Andes ecuatoriales desarrollaron tempranamente ventajas estructurales asociadas a conectividad, agua, movilidad longitudinal, agricultura de altura, intercambio regional y articulación simultánea entre océano, Sierra y Amazonía.

La pregunta central de política territorial y de historia económica es entonces evidente: ¿por qué Quito permanece como eje territorial, espiritual, económico y político a través de tantos cambios de civilización, guerras, imperios, reorganizaciones y procesos republicanos?

La respuesta comienza mucho antes del Tawantinsuyu e incluso mucho antes de los grandes señoríos andinos tardíos.

Entre aproximadamente 3500 y 1500 a.C., la cultura Valdivia desarrolló en la costa ecuatoriana una de las sociedades cerámicas sedentarias más antiguas de América (Meggers, Evans y Estrada, 1965). Desde la historia económica, las Venus de Valdivia revelan ya estructuras relativamente complejas de reproducción social, estabilidad agrícola y continuidad territorial. Su aparición coincide con procesos tempranos de navegación, intercambio costero y articulación territorial entre litoral, cordillera y corredores interiores.

Entre aproximadamente 1500 y 500 a.C., las culturas Machalilla y Chorrera profundizaron procesos de intercambio regional y sofisticación ritual. Entre aproximadamente 500 a.C. y 500 d.C., culturas como Bahía, Jama-Coaque y La Tolita consolidaron corredores comerciales y marítimos a lo largo del Pacífico ecuatorial (Lippi, 2004).

Desde la historia económica, el actual territorio ecuatoriano comenzó tempranamente a especializarse en conectividad, intercambio, articulación ecológica y movilidad territorial.

Mientras otras regiones andinas permanecían relativamente aisladas por barreras geográficas más agresivas, los Andes ecuatoriales ofrecían una combinación particularmente eficiente entre acceso marítimo, páramos relativamente habitables, pasos transversales y corredores amazónicos.

Esa condición geográfica sería decisiva durante toda la historia posterior.


II. Los Kitu-Kara y la economía solar ecuatorial


Hacia el período comprendido entre aproximadamente 500 y 1500 d.C., comienzan a consolidarse estructuras territoriales asociadas posteriormente a la memoria Kitu-Kara (Porras, 1987). El eje Quito-Cayambe-Cochasquí-Caranqui adquiere progresivamente una dimensión política, ceremonial, económica y astronómica singular dentro del espacio andino.

Las estructuras ceremoniales de Cochasquí muestran relaciones astronómicas asociadas al eje ecuatorial y a los ciclos solares. Desde la economía territorial, ello permitía organizar agricultura, calendarios, ciclos de cosecha, movilidad, intercambio y legitimidad política.

La relación entre Sol, montaña, agricultura, agua y legitimidad territorial organizó gran parte de la vida económica y ceremonial de la Sierra norte.

Quito emerge así como observatorio solar, nodo ecuatorial, eje económico-territorial y centro de legitimidad ritual.

Desde la economía política de larga duración, aquello resulta fundamental. La línea ecuatorial otorgaba a Quito un valor simbólico y astronómico excepcional dentro del espacio andino.

Mientras Cusco funcionaba como centro político imperial tardío, Quito operaba simultáneamente como nodo territorial, eje climático, punto de articulación longitudinal y espacio de legitimidad asociado al Sol.

La continuidad del eje quiteño no dependía solamente de control militar. Dependía también de legitimidad religiosa, organización agrícola y capacidad de integración territorial.


III. El Spondylus, el cacao y la economía marítima del Pacífico


Entre aproximadamente los siglos VIII y XV, las culturas manteñas y huancavilcas desarrollaron una de las mayores redes marítimas prehispánicas del Pacífico americano (Marcos, 2005).

Desde la historia económica, el Spondylus funcionó simultáneamente como bien ritual, marcador de legitimidad, instrumento de intercambio y articulador regional.

Circuló desde las costas ecuatoriales hacia los Andes centrales, Centroamérica y Mesoamérica.

Las principales zonas de extracción se ubicaban en Manabí, Santa Elena y sectores del litoral ecuatorial. Desde allí, las rutas ascendían hacia Quito, Cayambe, Otavalo y los corredores andinos septentrionales.

John Murra (1975) describe este modelo como una forma de “verticalidad andina”, donde distintos pisos ecológicos eran articulados simultáneamente dentro de una misma estructura económica.

Las balsas manteñas podían recorrer largas distancias marítimas transportando textiles, metales, Spondylus, cacao y productos rituales.

Desde la historia económica, aquello convierte al litoral ecuatorial en uno de los primeros espacios de integración marítima de larga distancia del continente americano.

El Spondylus recorría el Pacífico de sur a norte. Simultáneamente, el cacao amazónico, el oro y otros productos atravesaban los Andes de este a oeste.

Quito articulaba ambas dinámicas: la marítima y la amazónica.

Por ello, la continuidad territorial ecuatoriana jamás fue solamente serrana. Siempre fue oceánica, andina y amazónica al mismo tiempo.


IV. Huayna Cápac y la reorganización del eje andino


Huayna Cápac, nacido aproximadamente entre 1464 y 1468 y fallecido entre 1525 y 1527, reorganiza el Tawantinsuyu entre 1493 y 1525 desplazando progresivamente el eje político imperial hacia Tomebamba y Quito (Rostworowski, 1988).

Aunque la historiografía tradicional sitúa su nacimiento en el entorno cusqueño, durante las últimas décadas de su gobierno el eje político y económico del Tawantinsuyu se desplazó crecientemente hacia Tomebamba y Quito.

Desde la economía política territorial, Huayna Cápac terminó gobernando como un emperador profundamente articulado al norte andino, reorganizando el imperio desde los Andes ecuatoriales hacia una lógica longitudinal continental.

Las campañas contra kayambis, caranquis y pastos fueron algunas de las más prolongadas enfrentadas por el imperio (Espinosa Soriano, 1983). La resistencia del norte ecuatorial revela que los Andes quiteños poseían estructuras territoriales sólidas, densidad poblacional relevante y autonomía económica significativa.

El norte andino poseía ventajas económicas y logísticas excepcionales:

  • agua abundante;

  • agricultura de altura;

  • páramos habitables;

  • y corredores relativamente accesibles hacia Amazonía y Pacífico.

Huayna Cápac comprendió rápidamente que la Sierra ecuatorial poseía enorme valor estratégico continental.

Por ello fortalece Tomebamba, Quito y el eje septentrional.

Desde la historia económica, el Tawantinsuyu comenzó entonces a transformarse desde una estructura centrada en Cusco hacia una lógica mucho más longitudinal y continental.

La propia permanencia prolongada de Huayna Cápac en el norte refleja esa transición estratégica.


V. Atahualpa, Huáscar y las economías políticas del Tawantinsuyu


Tras la muerte de Huayna Cápac alrededor de 1527, se inicia la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa.

Huáscar, nacido aproximadamente en 1491 y fallecido en 1533, controla el núcleo cusqueño entre aproximadamente 1527 y 1532.

Atahualpa, nacido aproximadamente entre 1497 y 1502 y ejecutado el 26 de julio de 1533, consolida simultáneamente el control militar y político del norte andino entre aproximadamente 1527 y 1532.

Desde la economía política territorial, el conflicto representaba dos formas distintas de organizar el Tawantinsuyu: el núcleo ritual y tradicional cusqueño, y la reorganización longitudinal norteña impulsada desde Quito.

Atahualpa consolida su base territorial principalmente en el norte andino, apoyándose sobre estructuras militares organizadas durante las campañas septentrionales de Huayna Cápac.

Los kayambis, caranquis y otros pueblos del norte terminaron integrándose dentro del aparato militar atahualpista. Las memorias históricas sobre los huambracunas y las campañas del norte reflejan procesos complejos de integración territorial y reorganización militar.

Entre 1529 y 1532 las fuerzas atahualpistas derrotan progresivamente a Huáscar y consolidan control sobre gran parte del Tawantinsuyu (Rostworowski, 1988).

En ese contexto aparecen claramente cuatro grandes zonas territoriales: el norte andino, el sur austral, la Amazonía oriental y el Pacífico marítimo.

Dentro de la proyección austral aparece Quilicanta, gobernador del valle del Mapocho antes de la llegada española a Chile central. Aunque sus fechas exactas de nacimiento y muerte son desconocidas, su actividad política aparece documentada aproximadamente entre 1530 y 1541 (Bengoa, 2003).

Desde la historia económica territorial, la existencia de Quilicanta demuestra que el Tawantinsuyu operaba ya como estructura longitudinal desde Quito hasta el actual Chile central.

La relación entre Quito y Chile reaparece entonces de manera persistente:

  • durante el Tawantinsuyu;

  • durante la conquista;

  • durante la independencia;

  • y posteriormente durante la consolidación republicana.


VI. La conquista española y la reorganización continental


El 16 de noviembre de 1532 Francisco Pizarro, nacido en 1478 y fallecido en 1541, captura a Atahualpa en Cajamarca.

El 26 de julio de 1533 ocurre su ejecución.

Apenas un año después, el 6 de diciembre de 1534, Sebastián de Benalcázar, nacido aproximadamente en 1480 y fallecido en 1551, funda San Francisco de Quito sobre el antiguo eje territorial andino.

Posteriormente, Diego de Almagro, nacido aproximadamente en 1475 y ejecutado en 1538, avanza hacia Chile entre 1535 y 1537 siguiendo los antiguos corredores longitudinales del Tawantinsuyu.

El 12 de febrero de 1541 Pedro de Valdivia, nacido aproximadamente en 1497 y fallecido en 1553, funda Santiago de Chile sobre el antiguo eje territorial austral administrado previamente por Quilicanta.

Ese mismo año Francisco de Orellana, nacido en 1511 y fallecido en 1546, parte desde Quito hacia la expedición amazónica que terminaría recorriendo el río Amazonas completo entre 1541 y 1542 (Hemming, 1978).

Finalmente, en 1563 Felipe II crea oficialmente la Real Audiencia de Quito.

Desde la historia económica, la secuencia resulta extraordinariamente reveladora. España reorganiza territorialmente los Andes heredando caminos, tambos, corredores y nodos previamente construidos por siglos de continuidad andina.

La Real Audiencia de Quito emerge entonces como espacio articulador entre Pacífico, Sierra, Amazonía y corredor longitudinal andino.


VII. Quito barroco, espiritual y universitario


Entre los siglos XVI y XVIII Quito se transforma en uno de los principales centros espirituales y culturales de América.

Las órdenes franciscanas, jesuitas, dominicas, mercedarias y agustinas construyen iglesias, universidades, bibliotecas, conventos y observatorios científicos.

Desde la economía cultural y religiosa, Quito se convierte en uno de los principales centros de producción artística y espiritual de la América hispana.

La Escuela Quiteña alcanza enorme desarrollo artístico entre los siglos XVII y XVIII (Kennedy Troya, 1992).

Las iglesias quiteñas integraban montaña, luz, espiritualidad y monumentalidad barroca.

Desde la historia económica de la religión, aquello revela otra continuidad profunda: los Andes ecuatoriales siguieron funcionando como espacio de legitimidad espiritual incluso después del colapso del Tawantinsuyu.


VIII. Quito republicano, Panamá y el Pacífico contemporáneo


El 10 de agosto de 1809 ocurre el primer grito independentista de Quito.

Posteriormente Bolívar, Sucre y San Martín reorganizan el espacio político sudamericano.

En 1822 Guayaquil se convierte en punto de encuentro entre Bolívar y San Martín.

Desde la economía política republicana, el antiguo eje longitudinal reaparece bajo nuevas formas estatales y territoriales.

Durante los siglos XX y XXI, el Pacífico vuelve nuevamente al centro de la reorganización continental.

Panamá continúa representando el principal nodo interoceánico hemisférico.

China impulsa actualmente corredores transpacíficos mediante infraestructura portuaria y logística. El puerto de Chancay reaparece como intento de reorganización logística del Pacífico sudamericano hacia Asia.

Estados Unidos mantiene enorme interés estratégico sobre Panamá, rutas marítimas y corredores bioceánicos.

Desde la economía geopolítica contemporánea, los Andes vuelven nuevamente al centro de la reorganización global.

La lógica territorial profunda que organizó el Spondylus, el Tawantinsuyu, la Real Audiencia y los corredores republicanos continúa reapareciendo bajo nuevas formas logísticas y geopolíticas.


IX. Quito y el arte de hacer las paces


Desde la historia económica y desde la economía de la política, de lo social, de lo cultural, de lo ambiental y de lo religioso, Quito aparece persistentemente como espacio de articulación y encuentro.

Allí convergieron océano y cordillera, Amazonía y Pacífico, agricultura y comercio, espiritualidad y política, rutas longitudinales y corredores transversales, pueblos del norte y del sur.

Los páramos quiteños alimentaron ejércitos, sostuvieron ciudades, organizaron rutas comerciales y permitieron continuidad territorial durante siglos.

Quito fue eje del Spondylus, reorganización del Tawantinsuyu, capital espiritual barroca, Luz de América, punto articulador republicano y nodo contemporáneo del Pacífico andino.

Desde una lectura de historia económica de larga duración, Quito siempre funcionó como espacio de integración.

Por ello, hacer las paces aparece como la conclusión natural de esta continuidad histórica: Hacer las paces entre territorios, pueblos, economías, culturas, espiritualidades y sistemas políticos.


Quito siempre fue clave para hacer las paces.

Siempre lo es.

Siempre lo será.


Roberto F. Salazar-Córdova



Referencias


  • Bengoa, J. (2003). Historia de los antiguos mapuches del sur. Santiago: Catalonia.

  • Espinosa Soriano, W. (1983). Los Cayambes y Carangues. Quito: Instituto Otavaleño de Antropología.

  • Hemming, J. (1978). Red Gold: The Conquest of the Brazilian Indians. Cambridge: Harvard University Press.

  • Kennedy Troya, A. (1992). Arte de la Real Audiencia de Quito. Quito: Banco Central del Ecuador.

  • Lavallé, B. (1993). Quito y la crisis de la alcabala. Quito: Corporación Editora Nacional.

  • Lippi, R. (2004). Ecuador antiguo: culturas y pueblos prehispánicos. Quito: Abya-Yala.

  • Marcos, J. (2005). Los señores navegantes de la costa del Pacífico. Guayaquil: ESPOL.

  • Meggers, B., Evans, C. y Estrada, E. (1965). Early Formative Period of Coastal Ecuador. Washington D.C.: Smithsonian Institution.

  • Murra, J. (1975). Formaciones económicas y políticas del mundo andino. Lima: IEP.

  • Porras, P. (1987). Quito y la cultura Kitu-Kara. Quito: Abya-Yala.

  • Rostworowski, M. (1988). Historia del Tahuantinsuyu. Lima: IEP.

  • Salomon, F. (1986). Native Lords of Quito in the Age of the Incas. Cambridge: Cambridge University Press.

 
 
 

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