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KAST Y QUIROZ TRIUNFAN

¿Y si el próximo Presidente de Chile ya no lo decidieran las encuestas?



La inteligencia artificial está cambiando la pregunta. El desafío ya no consiste en predecir quién ganará una elección, sino qué conjunto de políticas tiene mayor probabilidad de hacer crecer al país.


Por Roberto F. Salazar-Córdova


Durante décadas, la política ha sido una competencia entre personas.


Cada elección enfrenta candidatos, partidos, coaliciones y programas de gobierno. Las ciencias políticas intentan anticipar vía encuestas quién obtendrá más votos. Los economistas, por nuestra parte, proyectamos vía modelos cuánto crecerá el país si una determinada agenda logra implementarse.


Sin embargo, ambas disciplinas compartimos una limitación: trabajamos casi siempre por separado.


La política estudia personas y sus votos.


La economía estudia resultados y sus bases.


Muy pocas veces ambas bases, de votantes y de mercado incorporan simultáneamente la competencia entre políticas públicas y agentes de mercado privado.


Allí es donde se está produciendo un triunfo especial observable en Kast con la gestión de emergencias (sociales) y Quiroz con la gestión de emergencias (financieras).


Al trabajar sobre lo tangible, todo se junta.


Políticos javia el uno. Economistas hacia el otro. Partidos sumándose juntos a ambos. Retralimentándose los de afuera junto al resto del equipo de adentro, sumando y sumando al conglomerado que ya ambos lideran y apoyan, cada uno en lo suyo, en cadena de ministro a presidente y de este hacia las ciudades.


Ese vacío que se está llenando había comenzado a hacerse evidente desde 2019 y hoy, tras 7 años casi de crisis, Chile acaba de aprobar una de las reformas económicas más importantes de los últimos años.



La discusión legislativa prácticamente terminó hoy. Ahora comienza la etapa verdaderamente decisiva: comprobar si la ley consigue transformar inversión, productividad, empleo y crecimiento. (elpais.com)


El verdadero problema recién empieza


No basta con la ley

No basta con sus metas

Se requiere ambición.


Toda reforma nace con una promesa.

Más crecimiento.

Más empleo.

Más inversión.

Más productividad.


Pero existe una pregunta que rara vez recibe una respuesta cuantitativa: ¿Qué ocurre si parte de las propuestas de la oposición son mejores, electoralmente hablando, que las del Gobierno?



¿Y qué sucede si, preventivamente, se trabaja para ir más allá y se crean algunas ideas del propio oficialismo que superen al programa original o el actual?


En ambos casos Kast y Quiroz seguirán juntos para competir.



Los sistemas políticos actuales obligan a escoger entre paquetes completos y opuestos de políticas. La realidad funciona de otra manera. Las mejores soluciones suelen encontrarse repartidas entre distintas posiciones políticas que hallan espacios imposibles políticamente pero viables económicamente, por racionalidad: dura razonabilidad, durísima lógica y un casi imposible diálogo.



El desafío consiste en identificarlas antes de que pasen cuatro años y enviar los mensajes de forma adecuada.


Hoy viene el debate de la seguridad, para el que se requiere consolidar el debate de la economía y ampliar la ambición, de modo de poder resolver, justamente, la economía que es la base de todo éxito.



Del debate ideológico al laboratorio


Ese es el punto de partida del trabajo que hemos desarrollado durante los últimos meses.


A partir del Modelo General de Políticas (MGP) y del algoritmo ADN@+6, originalmente utilizados como laboratorio de aprendizaje, hemos actualizado nuestro modelo de competencia de políticas públicas.



La idea siempre ha sido sencilla: En lugar de preguntar qué candidato tiene más probabilidades de ganar, el modelo pregunta:

¿Cuál es la combinación de políticas que tiene mayor probabilidad de alcanzar una meta de crecimiento, respetando simultáneamente la estabilidad fiscal, la inflación y la sostenibilidad de la deuda y la política?


La diferencia parece pequeña.


En realidad, apuntalar la economía políticamente ha sido un éxito: cambió completamente el problema.



La política también puede optimizarse


El modelo representa tres agendas que evolucionan semestre a semestre.


La primera corresponde a la política oficial. La segunda incorpora alternativas provenientes del propio sector de gobierno. La tercera representa propuestas provenientes de la oposición.


Las tres compiten permanentemente.

No para obtener votos.

Para demostrar resultados.

Las mejores propuestas sobreviven.

Las menos eficaces pierden influencia.


Así, la política deja de comportarse como una confrontación permanente y comienza a parecerse a un proceso de aprendizaje continuo.



Una nueva forma de medir el éxito


La innovación consiste en incorporar herramientas que hasta ahora rara vez habían convivido en un mismo sistema:

  • simulaciones Monte Carlo;

  • teoría de la elección social y ganador de Condorcet;

  • preferencias dinámicas (single crossing);

  • ingeniería inversa para alcanzar metas de crecimiento;

  • actualización semestral mediante datos observados.


Cada seis meses el modelo reemplazará proyecciones por evidencia. Cada nuevo dato modificará la probabilidad de éxito de cada agenda. Las políticas dejarán de medirse únicamente por sus intenciones. Comenzarán a medirse por sus resultados.



Lo que viene después de la ley


La aprobación de una reforma nunca constituye el final del proceso.


Es apenas el comienzo.


Los próximos cuatro años ofrecerán una oportunidad inédita para observar cómo interactúan reglamentos, inversión, productividad, empleo, disciplina fiscal y confianza.


Y ambición de volver a ser jaguares.


Cada semestre entregará nueva información. Cada actualización permitirá recalibrar las probabilidades. Cada corrección hará más preciso el aprendizaje.



Un cambio de paradigma


Durante décadas preguntamos quién tenía la mejor propuesta. La inteligencia de ADN@+6 permite formular una pregunta distinta:


¿Qué combinación de propuestas genera el mejor resultado para el país?


Ese cambio desplaza el foco desde la confrontación hacia la evidencia.



Las ideologías seguirán existiendo.

Los proyectos políticos también.


Pero la conversación podrá incorporar una dimensión adicional: la probabilidad cuantificable de que una política cumpla aquello que promete.


El Rol del Diálogo


Si ese enfoque prospera, la aprobación de la reforma económica de 2026 podría ser recordada por algo más que su contenido.


Podría marcar el inicio de una nueva generación de análisis político, donde las leyes ya no solo se aprueban: también se someten, de manera continua, a la prueba de los datos.



Allí es donde el diálogo hexagonal sirve más que nunca: para sobrepasar las expectativas y generar desarrollo, desde la economía, para la política.


Ese es nuestro ADN@+6


ADELANTE PRESIDENTE KAST Y MINISTRO QUIROZ. FELICITACIONES.



 
 
 

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