top of page

LA COBARDÍA Y LOS RESTANTES 7 PECADOS POLITICOS DE LAS CAPITALES LATINO-AMERICANAS

Los 7 pecados capitales tienen su origen en el siglo IV, cuando Evagrio (el Solitario) fijó en ocho las principales pasiones humanas pecaminosas: ira, soberbia, vanidad, envidia, avaricia, cobardía, gula y lujuria.


LA COBARDÍA RADICAL NUESTRA DE TODOS LOS DÍAS


Sí, originalmente, la COBARDÍA era parte de los pecados capitales, cuyo nombre viene de su origen ligado a fungir "de cabeza": esa parte que de perderse, arrastra el resto del cuerpo, humano y social, hacia la muerte en vida, la perdición en la anomia, el vacío por excelencia, el infierno de los infiernos diarios, la podredumbre del espíritu colaborativo, la descomposición de las instituciones, el mal liderazgo, la pérdida del alma familiar, la ruptura de la vida como noción de luz, la corrupción como comandante en jefe, y la hediondez social como norma, como nuevo normal, como asqueroso resultado de las rupturas, quiebres, despertares y maniqueas manipulaciones de mafias que son todo menos cobardes.


Podríamos decir que entre el siglo IV y el V después de Cristo se perdió algo: el valor, cuando el rumano Juan Casiano sacó a la cobardía de los males capitales y redujo la lista a los siete que conocemos hoy por hoy y a los cuales el actual endemoniado mundo en que vivimos les rinde pleitesía y no les teme, creándoles -más bien- altares propios como dioses de un post-modernismo relativista en la que reinan, literalmente, desde la política y las capitales de América y el mundo, juntas: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.


LA DERECHITA GLOTONA COBARDE


En Chile se habla hoy por hoy de una "Derecha Cobarde". Posiblemente nos haría falta leer más a El Solitario y menos al papa San Gregorio (540-604) quien oficializó definitivamente la exlusión doctrinaria de la cobardía como un mal capital.


Quizá en esos años de escasez (todo lo contrario a la actual gordura de nuestras opulentas sociedades actuales) se daba por descontado que la gente estaba dispuesta a darlo todo por el todo. Dante lo dejaba en claro en su Divina Comedia, y bueno, de allí en adelante, nadie le dio el peso que hoy debemos darle al valor como virtud.


Quizá estamos muy ocupados en los asados y los negocios.


Si seguimos a Santo Tomás de Aquino en su calificativo de "capital", la cobardía debería ser motivo de escarnio actualmente, pues "no alude a la gravedad" de dicha cobardía (como pecado social), sino a que de dicho pecado (basta uno) "emanan todos los demás".

La Enciclopedia Británica menciona la solución para salir de la cobardía y de los 7 pecados de los cuales estamos infestados hoy por hoy, cuando menciona: "siete pecados capitales, también llamados siete pecados capitales o siete pecados cardinales, en la teología católica romana, los siete vicios que estimulan otros pecados y conductas inmorales adicionales, fueron numerados por primera vez por el Papa Gregorio I (el Grande) en el siglo VI y elaborados en el siglo XIII por Santo Tomás de Aquino, son (1) vanagloria u orgullo, (2) avaricia o codicia, (3) lujuria o deseo sexual excesivo o ilícito, (4) envidia, (5) glotonería, que por lo general se entiende que incluye embriaguez, (6) ira o rabia, y (7) pereza. Cada uno de estos se puede superar con las siete virtudes correspondientes de (1) humildad, (2) caridad, (3) castidad, (4) gratitud, (5) templanza, (6) paciencia y (7) diligencia".


Y es que hay que tener valor para vencer a las plagas que nos caen y de las cuales ninguna de las personas que habitamos la Tierra estamos libres.


TEMPLANZA Y RESILIENCIA PARA NUESTRAS CAPITALES




Todos habremos caído personalmente en vanagloriarnos con orgullo de alguna cosa que seguro es una tontería para Dios y para la humanidad; de seguro habremos caído en la avaricia o codicia sin darnos cuenta en algún momento de vacío espiritual o de profunda falta de acompañamiento del silencio de la oración; de seguro habremos tenido más de una conversación lujuriosa, y si no somos eunucos o no padecemos de frigidez, habremos deseado algo sexualmente ilícito; ó también habremos tenido un poquito de envidia por alguna razón extraña que uno luego habrá controlado, pero se habrá sentido incómodo por tener algún sentimiento que con el tiempo se habrá sabido domar y controlar, con cierta risa de madurez sobre aquello que podía bien ser una bella pelota de algún amigo en la niñez; lo mismo, se nos habrá ido la mano en la comida, o en algún trago, como buenos latinos, como buenos americanos, como gente joven y bella, alegre y juguetona.


También habremos tenido ira o rabia, hasta con alguno de nuestros padres, algún hermano, casi hasta irnos a los puños, para luego rehacer las paces, sobre todo si no nos daba pereza de pedir perdón. Todos habremos escuchado que había que escribir sin pereza, cual la respuesta a la pregunta de Arana desde Andrés Bello, al ser este último consultado por la calidad de los trabajos del primero: “Escriba, joven, sin miedo. Que en Chile nadie lee”.

SIN MIEDO (y sin pereza!)


Por ello, hacer capitales de gracia, en pareja, en familia, con pololeo, en comunidad, con el barrio, sin cobardía, es lo que hay que hacer, desde las capitales de América Latina, desde sus barrios, para salir de los lodazales y de los aluviones de malas políticas y malos políticos que se montan sobre la muerte para seguirse procreando en medio de su disfrute de la podredumbre.


Por ahora, no se puede tener la lujuria de un Castillo que acepta que no fue ni está preparado para gobernar Perú y va por su tercer gabinete. Tampoco se puede tener la gula de un Ortega, que se almuerza las elecciones en su país encarcelando a sus competidores. Tampoco se puede tener la avaricia de unos narcos que pululan por el continente imponiendo a sangre y fuego su ley desde Colombia hacia Estados Unidos, y de allí a México, Centro América y todas las capitales.

Tampoco se puede tener la pereza de la derecha cobarde chilena o de su democracia cristiana que prefirieron doblegarse frente a la lógica ira de un pueblo cuyo presupuesto era alto pero no alcanzaba frente a una sociedad en la cual se mezclaban, sobre todo en Santiago, como en Quito, Bogotá, La Paz, Brasilia, Buenos Aires, Ciudad de México, y otras capitales, incluida Washington, la envidia y la soberbia por el poder, por el dinero, y por todo aquello que los medios y los espectáculos hoy promocionan y venden desde el mercadeo barato que se logra saltar al apagar la televisión nacional, y al consumir jardín, agua, riego, carpintería, herramientas, y entrarle sin miedo al mobiliario viejo, al cablerío del año pasado, a la limpieza del hogar y el barrido del jardín, la planificación, la conversación con el prójimo, el trabajo consciente, y la buena relación con Dios, la familia y los amigos más queridos, los de siempre, y los que se acercan con la tecnología en el día a día.


POLÍTICOS FUERTES


Ojalá los políticos de América puedan hacer ellos mismos un artículo diario sin nada más que humildad, compartir un sentimiento con gratitud a quienes tengan la caridad de leerlos, mantener la castidad en la investigación de la verdad como les enseñaron las ideas de los padres de sus padres, y de ellos mismos, como lo hacemos todos los ciudadanos al recriminarnos en la ducha sobre lo que debemos mejorar y logramos efectivamente superar, como hacemos al confesarnos con los amigos, para mejorar como seguro lo harán los políticos nuestros que pululan en nuestras capitales, donde los vemos como ajenos, pero necesarios para salir adelante, esperando que puedan reinventarse y crecer, para que nuestros países puedan avanzar y los demás, en las empresas, familias, barrios y espacios culturales podamos seguir dándolo todo desde los límites que todos tenemos, pudiendo trabajar con gratitud hacia la sociedad que nos da escenario para tener la posibilidad de pensar con humano cristianismo y tener un espacio para hacerlo junto a otros que nos quieren como nosotros mismos queremos a nuestros líderes, o a otros que nos aprecian como nosotros apreciamos a quienes maduran en el cargo, como esperamos hagan todos los que no saben: los de izquierda que pasan a ser como Allan García en su segundo período, pero no quieren caer como cayó El, hasta el suicidio.




Que en paz descanse Allan García, de verdad.


Queremos en América un conjunto de capitales virtuosas que hagan que otros continentes nos sigan y no nos excluyan. Queremos ser un buen barrio, que todos los aliados de la OTAN quieran cerca suyo, con templanza para enfrentar los vientos de guerra, con valor y sin cobardía, cultivando la paciencia y haciendo acopio de diligencia, para salir adelante de las crisis que hoy son duras, pero mañana serán solo un recuerdo para las nuevas generaciones que siguen naciendo y siguen creciendo.



Sigamos adelante!

133 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Comments


Política
Cultura
Economía
Sociedad
Ambiente
bottom of page