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LOS CABEZONES

Mi primera memoria infantil con el término "cabezones" viene de las conversaciones de mis hermanos mayores y sus amigos en casa: ellos empezaban la universidad cuando yo todavía no empezaba la educación primaria.


Los temas de conversación y la atención intelectual en casa estaban dedicados a ellos: los flamantes universitarios, que hablaban de la materia favorita de mi hogar desde su génesis: la política, y sí, sobre todo, la política universitaria.


Mis padres se habían conocido a la luz de la política universitaria: mi padre como Presidente de la JUC (Juventud Universitaria Católica) y mi madre como Presidenta de la JEC (Juventud Estudiantil Católica): las ramas Masculina y Femenina en la vieja y querida Universidad Central (antes de la fundación de mi alma mater, la Universidad Católica).


Mis hermanos mayores estudiaron en la UCE (Universidad Central del Ecuador), en las carreras que ninguna otra universidad ofrecía en ese entonces: años 70s y 80s: Odontología, Medicina, Agronomía: todos ellos más biólogos que físicos, pero gracias a Dios, ninguno ligado a ciencias sociales hasta mi caso, en el cual era mejor estudiar en la Católica, dado el rumbo que había tomado la Universidad Central en sus ramas sociales: infestación de una política comunista del corte marxista-leninista.


Mis hermanos alcanzaron, en sus ciencias, a estudiar bien y ser grandes profesionales; no habría sido mi caso, lastimosamente. Ahora bien: ellos y yo, vivimos el fragor de los cabezones tratando de dominar el espacio frente a los chinos: los pro-rusos vs los pro-chinos, en la vía socialista hacia el comunismo, que trataban de imponer políticamente por sobre lo técnico y por sobre el liberalismo, y sobre todo por sobre el cristianismo, que era para muchos de los socialistas el "opio del pueblo".


Mis hermanos sobrevivieron en su cristianismo. Su Universidad no. La vieja UCE, con sus juventudes universitarias y estudiantiles católicas es ahora historia. La misma PUCE (Pontificia Universidad Católica del Ecuador) tiene todavía sacerdotes, pero según se analiza de las publicaciones que de allí emanan, hay nula relación con el amor al prójimo y total relación con la lucha de clases como matriz de relacionamiento entre humanos.


Mis hermanos debatían estos puntos antes de que yo comience mi educación formal. Lo tengo tan presente desde mi primera infancia que jamás he podido ser socialista: no cuadra con mi ADN@+. Mis hermanos lograron ser de Izquierda Cristiana. Aquello ya desapareció para mis tiempos y fue reemplazado por una dicotomía de guerra fría que terminó zanjada con la caída del Muro de Berlín cuando yo comenzaba mis estudios universitarios.


Tengo grandes amigos socialistas de los tiempos de la Universidad: sobre todo aquellos que fueron capaces de coincidir conmigo en algo sencillo... Responder "en favor" de qué estaban, y no responder "en contra" de qué estaban. La epistemología de la política para mi humilde opinión se basa en estar en favor del próximo y no en contra de los ricos. Mis amigos de izquierda que pudieron hacer la síntesis conmigo de estar en contra de la pobreza y en favor del amor al prójimo, son amigos muy queridos, que piensan en la igualdad lo mismo que yo pienso en la productividad: ambas son un resultado que a la larga se construirá, aunque distemos en el cálculo de los tiempos, pues en mi caso particular creo más en la productividad primero (e.g. vía dolarización) y en la igualdad después (vía derechos).


No me llevo mal, por ello, con los "cabezones" (los pro-rusos), sobre todo cuando son cristianos, pero sí que puedo ser muy hiriente con los cabezones anti-cristianos (no me caía mal Putin cuando defendía el derecho a no abortar, pero me cae pésimo cuando ataca el derecho a la libertad con muerte y destrucción).


La vida es el gran diferenciador: el derecho a la vida desde la concepción. Todo cabezón bien nacido nació de cabeza y entró de cabezón en el mundo (supongo que no nació de pie). No puedo entender a los nuevos cabezones que se esfuerzan en defender el aborto. No puedo entender este terminajo de "personas menstruantes" que se aprueba en mi Chile del alma en estos días para referirse a temas que se complejizan por ideologías que abruman a muchos debido a que su país ya logró productividad y pide y exige distribución, hasta de toallitas higiénicas, porque hay que distribuir luego de estabilizar la moneda, luego de producir desde Sanhattan, y bueno, ahora se quiere distribuir desde la Convención y el Congreso.


No tengo problemas con distribuir, siempre y cuando sea un tema voluntario, socialmente acordado, y sin agredir a nadie, ni violentar la vida de otro por pensar distinto. De hecho, el segundo teorema fundamental del bienestar (no el primero, ojo), indica que se pueden acordar pagos de transferencia en la medida en la que no se viole el primer teorema del bienestar, que es el uso del mercado como fuente de eficiencia productiva, y la construcción de regulación que reproduzca las condiciones óptimas de un mercado libre y de competencia pura. No tengo problemas con la regulación y las constituciones, si sirven para construir institucionalidad anti-monopólica.


Lastimosamente, los nuevos cabezones de la toallita higiénica piden poco de regulación anti-monopólica, pues están distrayendo a las juventudes con espejitos y toallitas higiénicas, en lugar de topar a las grandes mafias que fijan precios y extraen excedentes que pasan a ser muy dolorosos en términos de eficiencia en tiempos de guerra. ¿Quizá sea porque trabajan como zipayos en favor de grandes corporaciones mineras, petroleras, energéticas, de armamentos, de drogas, y de otras industrias que podrán extraer mejor el excedente al no tener oposición de los economistas de verdad, y al no tener oposición de los jóvenes cabezones al estar distraidos en sus luchas de género, abortos, y otras cosas feas pero útiles para distraer?


Antes las canciones decían: "me gustan los estudiantes, jardín de nuestra alegría, son aves que no se asustan de animal ni policía, y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría, caramba y zamba la cosa, que viva la economía"... Aprendí a cantarla como la cantaban mis hermanos mayores y sus amigos: me las sé todas; las recuerdo a sus canciones con cariño, y con cierta nostalgia, pues las luchas antiguas eran por la distribución en tiempos de baja producción. Aprendí luego por mi lado, que era mejor no luchar sino amar, y aprendí después, en mis postgrados y vida laboral, que no bastaba con amar, sino con en todo amar y servir: lo mío jamás será ser cabezón, sino solo ser cristiano como economista, y pensar en que la vida está por sobre todo (TODO), y que la libertad es la mejor verdad para cuidar la vida y sí: si se quiere, distribuir toallitas higiénicas a las personas menstruantes, como un derecho, ok, pero que no sea a costa de la libertad, ni a costa de la eficiencia de los mercados, mientras otros se enriquecen a costa de la mayoría porque las instituciones de verdad importantes pasan a ser controladas por un tirano que facilita los negocios a sus mafias internacionales en medio de una tercera guerra mundial.


Que la ética de la vida y la economía de mercado nos guíe, y no Putin, el nuevo gran Cabezón...


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