MADRUGADORES DEL MUNDO: UNIOS...
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Los Estados Unidos del URKU: una ruta andina hacia una libertad cristiana, de cruz, que madruga unida en los Andes.
Por Roberto F. Salazar-Córdova
Economista
Santiago de Chile, septiembre de 2026

Es posible unirnos
Hace doscientos cincuenta años, trece colonias norteamericanas comenzaron un proceso bajo el "In God We TRUST" que pasó por la independencia de 1776, los Artículos de la Confederación de 1781 y la Constitución de 1787. Virginia siguió siendo Virginia, Massachusetts siguió siendo Massachusetts y Pennsylvania siguió siendo Pennsylvania. La unión creó instituciones comunes entre territorios que conservaron identidad, gobiernos e intereses propios.
George Washington, John Adams, Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, James Madison, Alexander Hamilton y Thomas Paine participaron desde funciones distintas. Washington vinculaba tierra, producción y organización política. Adams trabajaba sobre gobierno y representación. Jefferson relacionaba propiedad, agricultura y libertad. Franklin conectaba personas y territorios mediante redes comerciales, científicas y diplomáticas. Madison estudiaba las reglas necesarias para procesar intereses diferentes. Hamilton colocaba crédito, finanzas y capacidad económica dentro de la construcción institucional. Paine llevaba estas discusiones al público mediante textos que podían circular fuera de los espacios de decisión.
Ese proceso ofrece un símil para observar los Andes del siglo XXI. Ecuador, Chile, Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela, Argentina y Panamá poseen Estados, instituciones, culturas y trayectorias diferentes, mientras comparten recursos, mercados y problemas que funcionan a escala regional. El agua, los ecosistemas, el carbono, el comercio, el capital y la tecnología atraviesan fronteras. La integración puede comenzar precisamente allí: identificando aquello que los territorios pueden administrar conjuntamente mientras conservan sus identidades.
La tierra y la representación
La tierra ocupaba un lugar central en la economía de las trece colonias. Era producción, patrimonio, comercio y fuente de poder económico. También estaba detrás de buena parte de las discusiones sobre impuestos y representación que precedieron a la independencia.
Entre el Stamp Act de 1765 y el conflicto sobre el té de 1773 se consolidó la expresión “no taxation without representation”. Su contenido económico era concreto: una obligación impuesta sobre actividades y patrimonio requería una discusión sobre quién tenía capacidad para establecerla y cómo estaban representados quienes soportaban sus efectos.
En los Andes aparece una pregunta institucional comparable alrededor de otra clase de activos. Los páramos producen servicios hídricos; los bosques y suelos almacenan carbono; los ecosistemas contienen biodiversidad; las comunidades administran territorios; las empresas desarrollan actividades productivas; los inversionistas aportan capital y los Estados establecen regulación.
La reforma del Código Orgánico del Ambiente en Ecuador coloca nuevamente sobre la mesa la relación entre regulación, representación, derechos, titularidad económica y distribución del valor ambiental. La cuestión puede formularse de la misma manera que otros problemas de economía política: quién decide, sobre qué activo, mediante qué reglas y con qué representación.
El ABC y el regreso del factor tierra
La economía clásica organizó la producción alrededor de tierra, trabajo y capital. Durante buena parte de la economía contemporánea, la discusión se concentró en capital, trabajo, tecnología y productividad. Los mercados ambientales vuelven a incorporar explícitamente el territorio dentro del cálculo económico.
En los Andes hemos resumido esa realidad mediante el ABC: Agua, Biodiversidad y Carbono.
El agua constituye un flujo económico desde las fuentes hacia comunidades, agricultura, industria y ciudades. La biodiversidad sostiene ecosistemas y actividades productivas. El carbono almacenado o capturado puede medirse mediante metodologías, monitorearse, verificarse y, bajo estándares determinados, incorporarse a mercados.
El ABC permite mirar nuevamente la tierra como factor económico. Un páramo puede analizarse simultáneamente por su extensión, capacidad hídrica, biodiversidad, carbono, producción asociada y población. Los datos permiten convertir esas dimensiones en información susceptible de medición, seguimiento y valoración.
Así como la tierra formaba parte de la base material sobre la cual los fundadores norteamericanos discutían propiedad, representación y gobierno, el capital natural plantea hoy una discusión equivalente sobre derechos, inversión y gobernanza.
De 1994 a 2026
Para nosotros esta reflexión tiene también una trayectoria de treinta años.
Desde 1994, Chile se convirtió en un espacio de aprendizaje sobre instituciones, inversión, mercados y política pública. Ecuador atravesó posteriormente la crisis financiera y, en enero de 2000, adoptó el dólar como moneda. La dolarización modificó la unidad con la cual los ecuatorianos calculaban precios, ahorraban, contrataban y acumulaban patrimonio.
Ese proceso mostró una característica económica que trasciende el debate monetario: la importancia de una unidad reconocible para organizar expectativas y generar confianza.
Veintiséis años después, el problema que enfrentamos es distinto. El territorio posee activos ambientales, esos activos pueden medirse y los mercados internacionales demandan instrumentos capaces de representarlos. La pregunta pasa a ser cómo conectar el capital natural con inversión de largo plazo manteniendo trazabilidad desde el territorio hasta el activo económico.
Allí aparece URKU, palabra kichwa asociada a la montaña.
La URKU-ización puede entenderse como un proceso de representación económica del capital natural verificable. Su fundamento se encuentra en el territorio, los derechos asociados, los datos, las metodologías, el monitoreo, la verificación, el registro y finalmente la capacidad de conectar esos activos con capital.
La dolarización de 2000 y la URKU-ización que comienza en 2026 pertenecen a momentos diferentes de esta trayectoria. La primera organizó relaciones económicas mediante una unidad monetaria. La segunda busca organizar relaciones entre territorio, activos ambientales e inversión mediante unidades verificables. En ambos casos, el elemento económico que permite funcionar al sistema es la confianza en aquello que la unidad representa.
Del territorio al mercado
La construcción de esa confianza requiere una secuencia institucional.
El territorio proporciona el activo físico. Los derechos establecen quién participa en su administración y en sus beneficios. Los datos permiten construir líneas base. Las metodologías determinan cómo medir. Los Documentos de Diseño de Proyecto organizan técnicamente la intervención. El monitoreo, reporte y verificación permiten seguir sus resultados. Los registros proporcionan trazabilidad. La certificación permite conectar el resultado con mercados e inversionistas.
El Piloto Kayambi está trabajando precisamente sobre esta secuencia con un horizonte de cuarenta años.
Ese plazo cambia la escala del análisis. Una hectárea deja de evaluarse únicamente por aquello que produce durante una cosecha y comienza a observarse por los flujos económicos, ambientales y sociales que puede sostener durante una generación.
De allí surge una arquitectura en la que las comunidades participan en la gobernanza, la ciencia mide, la tecnología registra, las empresas producen, los inversionistas aportan capital y las instituciones proporcionan reglas.
El ABC de las PACES
La existencia de activos comunes conduce directamente al problema que enfrentaron las trece colonias: cómo procesar intereses diferentes.
Nuestro método organiza esas diferencias mediante cinco dimensiones: Política, Ambiental, Cultural, Económica y Social. PACES.
El ABC identifica el objeto económico: agua, biodiversidad y carbono. PACES permite observar las dimensiones desde las cuales las personas valoran esos activos, toman decisiones y enfrentan conflictos.
La combinación produce el ABC de las PACES.
El Diálogo Hexagonal proporciona el espacio para convertir esa arquitectura conceptual en información. Hexagon Toolkit permite registrar preferencias, ordenar prioridades, medir factibilidad e identificar los actores capaces de ejecutar acuerdos. La unanimidad funciona como señal de que, frente a una cuestión determinada, personas procedentes de intereses distintos han encontrado un espacio común.
El paralelo con los procesos constituyentes norteamericanos aparece en la búsqueda de mecanismos capaces de transformar diversidad en decisiones. Los instrumentos son diferentes porque corresponden a siglos y problemas diferentes. La cuestión institucional permanece: cómo lograr que varias unidades con intereses propios puedan actuar conjuntamente.
Quito como primer experimento
El 24 de agosto de 2026 realizamos en Quito el primero de cinco Diálogos Hexagonales de esta etapa.
El ejercicio incorporó 53 temas y permitió medir las preferencias de los participantes. La conservación de páramos alcanzó una priorización del 100%. La preservación del agua mediante la protección de sus fuentes alcanzó 98%. En el análisis posterior, la conservación de páramos y fuentes de agua obtuvo una factibilidad del 92%.
La medición de actores produjo otra señal. Familia y naturaleza e inversión y finanzas de impacto alcanzaron 99%; pueblos y comunidades, 98%; conocimiento, ciencia y tecnología, 96%.
Los números permiten observar dónde comienza el espacio de acuerdo. El páramo, el agua, la familia, las comunidades, el conocimiento y la inversión aparecen conectados dentro de una misma estructura de preferencias.
Esa información permite avanzar desde las opiniones hacia proyectos.
De Quito al Pacífico
El proceso iniciado en Quito continúa en Chile durante septiembre. La ruta contempla después Bogotá, Lima y Panamá, incorporando progresivamente la franja del Pacífico dentro de una arquitectura andina que también comprende a Bolivia, Venezuela y Argentina.
Cada territorio puede cumplir funciones distintas según sus capacidades. Ecuador aporta el piloto territorial y la experiencia de gobernanza con pueblos originarios. Chile proporciona una plataforma financiera, fiduciaria y de inversión. Colombia aporta capacidades vinculadas a estándares, validación, verificación y certificación. Los demás países incorporan dimensiones territoriales, políticas, ambientales, culturales, económicas y sociales conforme avance el proceso.
La lógica se parece a la especialización que fue apareciendo entre las colonias y posteriormente entre los estados norteamericanos. La integración aumenta cuando las capacidades diferentes pueden intercambiarse dentro de reglas conocidas.
Hamilton, el crédito y URKU
Hamilton comprendió que la capacidad de actuar conjuntamente dependía también de una arquitectura financiera. Crédito, deuda, recaudación y confianza formaban parte del problema institucional.
Los Andes enfrentan hoy una pregunta equivalente aplicada al capital natural: cómo financiar proyectos territoriales antes de que sus flujos futuros hayan sido realizados.
URKU se ubica precisamente en ese punto. Busca conectar activos ambientales verificables y flujos futuros con capital disponible hoy.
La cadena económica comienza en una hectárea y puede terminar en un inversionista situado a miles de kilómetros. Entre ambos deben existir derechos, datos, metodología, monitoreo, verificación, registro, contratos y mecanismos de distribución de beneficios.
La digitalización y el dMRV permiten observar el territorio. Los gemelos digitales permiten organizar información. Los PDD estructuran los proyectos. Los estándares establecen metodologías. Los registros aportan trazabilidad. URKU incorpora la dimensión financiera.
La arquitectura transforma territorio en información, información en proyecto y proyecto en capacidad de inversión.
Una integración desde los pueblos
Aquí aparece otra relación con la historia norteamericana.
Las trece colonias eran comunidades políticas antes de constituir una unión. Sus habitantes comerciaban, publicaban, intercambiaban correspondencia y construían redes antes de que existiera la Constitución de 1787.
Los Andes poseen también redes anteriores a muchas de nuestras fronteras republicanas. Los pueblos originarios, las familias, las rutas comerciales, las cuencas y los ecosistemas mantienen relaciones territoriales que atraviesan los límites administrativos contemporáneos.
La integración puede comenzar desde esas relaciones existentes.
Los pueblos pueden participar como titulares de derechos y beneficiarios económicos. Las familias pueden participar como unidades productivas. Las empresas pueden aportar cadenas comerciales. La academia puede proporcionar conocimiento. Los inversionistas pueden aportar capital. Los Estados pueden proporcionar seguridad jurídica y regulación.
La red surge de la coordinación de esas funciones.
Estados Unidos del URKU en los Andes
De allí proviene la expresión Estados Unidos del URKU en los Andes, EUUA.
La expresión describe una arquitectura de cooperación entre territorios, pueblos e instituciones de ocho países andinos y vinculados a la cuenca del Pacífico. Su unidad surge del ABC, mientras su gobernanza se construye mediante las PACES.
El precedente estadounidense permite visualizar el mecanismo. Las unidades conservan su identidad mientras establecen instituciones y reglas para aquello que realizan conjuntamente.
Ecuador conserva su Estado. Chile conserva el suyo. Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela, Argentina y Panamá mantienen sus respectivas instituciones. Los pueblos conservan su identidad y sus formas de organización. La integración aparece en los proyectos, los flujos de inversión, la información compartida y los acuerdos.
De Paine a una red de ideas
Thomas Paine utilizó Common Sense para llevar una discusión institucional fuera de los círculos de gobierno. Hamilton, Madison y Jay hicieron algo semejante mediante los 85 ensayos publicados entre 1787 y 1788 que posteriormente serían conocidos como The Federalist Papers.
Escribir era una forma de construir red.
Las cartas, periódicos y panfletos conectaban personas que vivían en ciudades diferentes y permitían discutir instituciones que todavía estaban en formación.
Hoy disponemos de otras tecnologías, pero la función permanece.
Publicamos para que una idea pueda salir de una reunión y encontrarse con otra persona. Esa persona puede discutirla, modificarla, conectarla con otra red y eventualmente transformarla en una acción.
ADN@+ cumple para nosotros parte de esa función: poner ideas en circulación.
La Red Santa Cruz y la Cruz de la Unidad
Dentro de este proceso existe una red construida durante años alrededor de relaciones personales, familiares, profesionales y comunitarias: la Red Santa Cruz.
El 6 de enero de 2027 está previsto que un grupo de Madrugadores de Chile viaje a Ecuador. La intención es encontrarse con Madrugadores ecuatorianos y posteriormente llegar a Cayambe, donde puede instalarse un primer monolito de la Cruz de la Unidad.
El acto contiene un símil con las redes que precedieron a las instituciones norteamericanas. Personas de territorios distintos se encuentran, construyen confianza, conocen el territorio y establecen relaciones que después pueden producir proyectos.
La Cruz registra ese encuentro.
La Red conecta a las personas.
El diálogo permite encontrar acuerdos.
La inversión permite convertirlos en acciones.
De 2026 a 2066
El horizonte que estamos utilizando para los proyectos territoriales es de cuarenta años. Eso lleva el proceso desde 2026 hasta 2066.
Cuarenta años permiten observar una generación completa.
Los fundadores estadounidenses tampoco podían conocer el resultado final de las instituciones que estaban creando. Sus decisiones establecieron reglas que continuaron funcionando después de su muerte. Allí existe otro símil para los Andes.
Una institución de largo plazo debe poder operar cuando sus fundadores ya no estén.
Por eso la discusión sobre agua, biodiversidad y carbono termina siendo también una discusión sobre gobernanza. El territorio permanece durante generaciones. Los activos ambientales producen flujos durante décadas. Las familias cambian. Los dirigentes cambian. Los gobiernos cambian. Los proyectos necesitan reglas capaces de atravesar esos cambios.
Treinta años, desde 1994 hasta 2026, permitieron acumular experiencias entre Chile y Ecuador. La dolarización de 2000 mostró el papel de la confianza en una arquitectura económica. El desarrollo de URKU en 2026 abre un nuevo ciclo alrededor del capital natural. Los proyectos a cuarenta años llevan esa trayectoria hasta 2066.
La libertad como proceso institucional
La palabra que conecta estos procesos es libertad.
En la experiencia norteamericana, la libertad condujo a discusiones sobre representación, propiedad, tributación, comercio, crédito y gobierno.
En los Andes contemporáneos esas mismas categorías aparecen alrededor de nuevos activos.
Quién posee. Quién representa. Quién regula. Quién invierte. Quién verifica. Quién recibe los beneficios. Quién decide.
Responder esas preguntas requiere instituciones.
Nuestra propuesta comienza por medir aquello que existe en el territorio y aquello que las personas acuerdan hacer con él. El ABC identifica los activos. PACES organiza las dimensiones de decisión. El Diálogo Hexagonal construye acuerdos. Hexagon Toolkit los mide. Los PDD transforman datos y acuerdos en proyectos. URKU conecta esos proyectos con capital. La Red Santa Cruz conecta a las personas capaces de ponerlos en movimiento.
Washington, Adams, Jefferson, Franklin, Madison, Hamilton y Paine enfrentaron una pregunta que continúa vigente: cómo pueden comunidades diferentes conservar su libertad y construir conjuntamente aquello que separadas no pueden realizar.
Dos siglos y medio después, esa pregunta puede formularse desde los Andes.
Nuestra respuesta puede comenzar con agua, biodiversidad y carbono, avanzar mediante diálogo e inversión y construirse durante los próximos cuarenta años desde los pueblos.
Ese es el sentido de hacer las PACES.
Roberto F. Salazar-Córdova
Economista
Santiago de Chile
Septiembre de 2026





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